Paul Sciuto, ingeniero estadounidense, invitado como expositor principal a un seminario organizado por la Sociedad del Canal de Maipo sobre resiliencia hídrica, es uno de los pioneros de las tecnologías de reutilización de aguas residuales.
Hablar de escasez hídrica puede parecer un contrasentido en momentos en que buena parte del país —y especialmente Santiago— esta enfrentando una peculiar primavera, marcada por grandes e intempestivas tormentas, desbordes en calles e inusitados y destructores aluviones, en su mayoría vinculados a la presencia del fenómeno de El Niño.
Sin embargo, este escenario parece ser más la excepción en una realidad más permanente que ha venido sufriendo el mundo durante los últimos años: una creciente carestía de agua, tanto para el consumo humano como para las actividades productivas, a consecuencia del calentamiento global.
Aunque parezca increíble, hay quienes están conscientes de ello desde prácticamente la formación de la república. Uno de esos actores es la Sociedad del Canal de Maipo que el próximo año cumplirá 200 años de existencia, lo que la convierte en la organización sin fines de lucro más antigua del país.
Para conmemorar su segundo centenario y la permanente labor en el abastecimiento de agua a la Región Metropolitana, la sociedad organizó para hoy un seminario junto al Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI) para analizar el desafío de la resiliencia hídrica. Uno de los principales expositores es el estadounidense Paul Sciuto, director general de Monterey One Water, una de las empresas de servicios hídricos y reutilización de aguas residuales más avanzadas de la costa central de California (Estados Unidos), y que hace casi tres décadas creó un modelo único en el mundo para reciclar agua.
Según Sciuto —ingeniero civil de la Universidad de California en Davis (UC Davis) y magíster en Gestión Tecnológica de la Universidad de Pepperdine— hubo dos factores que posibilitaron esta iniciativa hace 29 años: “La primera es que la zona en cuestión está ubicada en la costa y siempre hubo muchos problemas con el agua de mar. En ese lugar hay un río llamado Carmel cuya agua se empezó a sobreutilizar para el regadío agrícola, lo que generó diversos problemas de abastecimiento para la población. En ese momento el estado de California tomó una decisión drástica y dijo: ‘es demasiado, no más’”.
Según Sciuto esto derivó en la necesidad de buscar otro sistema para lograr asegurar el abastecimiento hídrico. “Ahí surge la necesidad de crear este proyecto, que no está asociado ni al estado ni al gobierno federal, porque es una colaboración entre agencias públicas y empresas privadas que abastece actualmente a una comunidad que geográficamente abarca 5.000 hectáreas”, explica.
“La comunicación es muy importante”
—En ese tiempo me imagino que disponían de menos tecnología que la que existe ahora. ¿Cómo lo lograron?—
Hace tres décadas este proyecto fue el único en el mundo en su tipo y lo que fue tan novedoso e innovador es que se consiguió a través de un tratamiento de aguas que sirvieran para el regadío de productos agrícolas como las hortalizas, que es una de las principales actividades económicas de la zona. Esto fue a fines de los años 80 y principios de los 90, y para lograr este objetivo se reunió a científicos, especialistas en salud y otros actores relevantes que hicieron una investigación muy extensa. Hasta hoy ese trabajo se sigue presentando como uno de los casos importantes con respeto a aguas servidas en hortalizas. Hay que señalar que el proyecto fue una decisión deliberada, basada más en investigación que en la intuición. La empresa se basó en los grupos focales de la “Asociación Water Reuse” para crear palabras que transmitieran confianza a la gente como “agua pura”, que son expresiones normales, no una jerga técnica. En ese entonces hubo un tratamiento primario y secundario y después una planta de filtración terciaria. Y esos procesos permitieron que esas aguas pudieran ser usadas para la agricultura.
—Pero ustedes no solo reciclan agua para la agricultura, sino para el consumo humano.—
Sobre el agua potable que reciclamos hay cinco procesos para que la comunidad se convenciera de tomarla, porque obviamente había mucho miedo. La divulgación y la información pública fue y sigue siendo un factor fundamental. Nosotros partimos haciendo eso y persistimos en ello mediante giras con políticos, presentaciones para la ciudadanía y diversas organizaciones. El mensaje es muy claro: el 60% del agua potable de la península de Monterey (Monterrey en castellano) viene de estas aguas recicladas y es la tasa más alta del mundo.
—Tanto en Chile como otros países del mundo la agricultura usa fertilizantes que tienen distintos componentes químicos, algunos de los cuales pueden ser tóxicos, lo que muchas veces genera temor en la población. ¿Cómo enfrentaron esa situación?—
Lo que ejecutamos fueron pruebas piloto, a pequeña escala, que mostramos a la comunidad científica local para garantizarles que esta agua no tenía nada de fertilizantes químicos. Y la clave acá es la llamada “osmosis inversa”, que en términos simples es un proceso de purificación que aplica presión al agua para obligarla a pasar por una membrana semipermeable separando las moléculas de agua pura de las sales, minerales y contaminantes. Para ello tuvimos consultores externos, como profesionales la UC Davis y hubo además otro tipo de expertos que revisaron el agua siempre para comprobar su nivel y calidad.
—¿Este modelo ha sido replicado en otras partes del mundo, partiendo de la base de que el agua es cada vez más escasa por lo acelerado del calentamiento global?—
No sólo se puede aplicar en diversas partes del mundo, sino que se debe hacer. Esto es lo que quiero ocurra porque esta es mi pasión. Lo que tiene esta empresa y que la hace única es tratar agua para la agricultura y también potable. Esa combinación se encuentra en muy pocos lugares del mundo. Actualmente está en El Paso (Texas) cerca de la frontera con México. También se está trabajando con ella en España para la agricultura de Murcia; así como en Israel. La planta de agua reciclada más grande del mundo está en el sur de California donde hoy se pueden reutilizar 130 millones de galones al día (unos 400 mil litros). Me gustaría traer este modelo donde sea culturalmente aceptado, porque hay algunos lugares que lo rechazan. Por eso la comunicación es tan importante. Pero la tecnología sí está disponible para que llegue un nivel de agua pura a todas partes.
“Hay que tener en cuenta el interés del usuario”
—Ustedes utilizan distintas fuentes de agua que pueden ser reutilizables, a diferencia de solo las aguas servidas que es lo más habitual.—
Lo que hace tan único a este proyecto es justamente que haya distintas fuentes de agua que puedan ser tratadas y reutilizadas. No solamente aguas servidas de casas o empresas. También está lo que sale de la agricultura a través de su drenaje. Otro tipo es el que proviene del proceso de lavado de las verduras que se hace para que luego sean empacadas y enviadas a distintas partes. Ahí se recuperan cuatro millones de galones al día. Y el cuarto tipo, es el agua lluvia.
—En el norte de Chile tenemos el desierto más árido del mundo. Allí se encuentra el grueso de la industria minera que representa un alto porcentaje del PIB nacional. Esta requiere de mucha agua y varias compañías han optado por la desalinización. ¿Esa es la mejor opción?—
Considerando solo los aspectos económicos reciclar el agua es mucho más conveniente, debido a que la desalinización es bastante más cara. El beneficio que aporta es que provee un flujo constante de agua. Sin embargo, otra alternativa es desalinizar no el agua del mar sino la que está debajo de la tierra, en capas subterráneas que sí tienen un porcentaje de sal muy inferior. Pero cuando uno toma la opción de cómo tratar el agua, hay que tener en cuenta no solo la parte económica, sino además el impacto ambiental y el interés del usuario de esa agua. No se si en Chile existen, pero puede haber normas que incentiven a las empresas mineras a reutilizar esas aguas después haberlas usado en las piscinas decantadoras que emplean en sus procesos. Las regulaciones son muy específicas dependiendo del lugar donde se apliquen. La Unión Europea está trabajando en una normativa especial para sus estados. Si se puede convencer a los políticos de impulsar estas iniciativas, aunque sea más cara en un principio, reciclar agua desde un punto de vista medioambiental está claro que es la mejor opción.
—No siempre es fácil convencer a los políticos para que se involucren en estos temas. El actual Gobierno es más proclive a la desregulación en distintos ámbitos, incluyendo el ambiental, porque considera que son procesos muy burocráticos que desincentivan la inversión privada.—
Es muy difícil dependiendo de quién esté en el poder. En Estados Unidos hoy tenemos a Donald Trump. A veces es más importante centrarse en lo que ocurre a nivel local. Durante toda mi carrera he estado en distintas asociaciones tratando de hacer proyectos con políticos y he intentado trabajar en conjunto con ellos. Tal vez hay ocasiones en que se necesitan lobbistas profesionales. Pero finalmente todo depende de quién está en el poder y hay que ir cambiando y adaptándose a eso. Yo fui presidente de una organización llamada “Reutilización de Aguas de California” y trabajé con políticos en ese entonces y actualmente estoy presente en el directorio de esa entidad.
—En sus presentaciones sobre el modelo diseñado por Monterey One Water, usted hace una vinculación importante con la utilización de energías limpias. ¿Por qué es tan relevante esa unión?—
El vínculo entre la utilización de energías limpias y la reutilización de aguas es muy estrecho, principalmente por la sustentabilidad, pero también debido a que tratar el agua requiere de mucha energía. Por ejemplo, cuando se agregó el tratamiento de “osmosis inversa” para la reutilización indirecta de agua potable, la demanda en energía aumentó un 136%. Actualmente se está construyendo una línea de conexión directa. Una vez finalizada, la planta de tratamiento y el bombeo de agua residual que impulsan el sistema de reutilización funcionaran directamente con energía renovable, a partir de gas del vertedero, mientras que el resto del sitio ya cuenta con aproximadamente un 90% de energía renovable solar y cogeneración. Adicionalmente hemos iniciado un proyecto para crear biogases destinados a proveer a la comunidad y también para el proceso del tratamiento del agua.
—La Antártica es la gran reserva de agua a nivel mundial. Pero vemos cada vez con mayor frecuencia, producto probablemente del cambio climático, como se desprenden enormes bloques de hielo que caen al mar. ¿Cómo podemos enfrentar eso o no hay ninguna opción?—
Para mitigar el cambio climático, mi misión es reutilizar una gota a la vez. Eso obviamente no soluciona el problema de la Antártica porque son fenómenos prácticamente impredecibles. Pero se puede enfrentar el calentamiento global centrándose en pequeños focos. Lo que podemos hacer es replicar el modelo que nosotros construimos y centrarnos en las miles o millones de personas que no tienen acceso al agua. Tenemos un corto tiempo para tratar de que llegue agua potable a más gente en el mundo. Hay muchas maneras de reutilizar agua. Por ejemplo, en Brasil hay un sistema que solo es para la industria, pero es vital tener una visión más global y esto es solo una parte de la solución.

