La anguila europea vive una paradoja difícil de explicar. La UICN la considera en «peligro crítico», el nivel más alto antes de la extinción en estado silvestre, pero en España todavía no cuenta con la protección estatal que muchos científicos llevan años reclamando. Y justo ahora llega otro problema muy sencillo de entender. Si los ríos se quedan sin agua, este pez se queda sin escapatoria.
La amenaza no es solo legal ni solo biológica. Es una suma de golpes. Menos caudal, más calor, barreras en los ríos, pesca, contaminación y una migración larguísima que depende de que el camino siga abierto. ¿Qué pasa cuando una poza aislada se recalienta en pleno verano? Que el refugio puede convertirse en una trampa. Y eso ya se está viendo.
Un pez sin refugio
Cuando un río deja de correr, no queda simplemente «menos agua». Quedan charcas cada vez más pequeñas, más calientes y con menos oxígeno. Para los peces, ese cambio puede ser mortal en pocos días, sobre todo si el calor aprieta y no hay conexión con otros tramos del cauce.
En el río Canyoles, a su paso por Xàtiva, Acció Ecologista-Agró ya había incluido este entorno dentro del seguimiento del Projecte Emys de 2024, una campaña de ciencia ciudadana que estudió 14 zonas húmedas y ríos valencianos. La información publicada sobre el episodio de mortandad apunta a la anguila y al barbo mediterráneo entre las especies afectadas cuando el río dejó de fluir.
El viaje de la anguila
La anguila europea no es un pez cualquiera. Nace en el mar de los Sargazos, llega a las costas europeas como angula y después remonta ríos, estuarios y lagunas para crecer durante años. Más tarde, cuando alcanza la fase adulta, vuelve al océano para reproducirse.
En la práctica, esto significa que necesita dos mundos conectados. El mar y el agua dulce. Una presa, una turbina, una compuerta mal gestionada o un tramo seco pueden romper ese viaje. Para una especie migratoria, cada obstáculo cuenta.
El bloqueo legal
El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico reactivó en enero de 2026 la propuesta para declarar la anguila como especie «En peligro de extinción» dentro del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial. El propio MITECO recordó que el Comité Científico había recomendado su inclusión por la tendencia regresiva de la especie desde las décadas de 1970 y 1980.
Pero la propuesta volvió a quedar frenada en febrero. Las comunidades autónomas no dieron el respaldo necesario para elevarla a la Comisión Estatal para el Patrimonio Natural y la Biodiversidad. «La situación de la anguila es preocupante y exige una respuesta coordinada y basada en la mejor evidencia científica disponible», apuntaron fuentes del ministerio.
Lo que pide la ciencia
El Consejo Internacional para la Exploración del Mar fue todavía más claro para 2026. Su recomendación, aplicando el enfoque de precaución, es que haya cero capturas en todos los hábitats. Eso incluye pesca recreativa, pesca comercial y capturas de angulas para repoblación o acuicultura.
No es poca cosa. La Comisión Europea también señala que la anguila se enfrenta a una situación crítica en todas las fases de su ciclo vital, con amenazas como la pesca, las barreras a la migración, la contaminación, el furtivismo y la exportación ilegal hacia Asia. El problema ya no se puede mirar solo desde una lonja o desde una carta de restaurante.
El calor aprieta
El verano añade otra capa de riesgo. La predicción estacional de AEMET para julio, agosto y septiembre de 2026 apunta a una probabilidad muy alta de que la temperatura media se sitúe en el tercil cálido en toda España. Dicho de forma sencilla, se espera un verano más cálido de lo normal.
Además, AEMET ya describió como histórica la ola de calor de junio de 2026, con los días 22 y 23 como los más cálidos de ese mes en España desde al menos 1950, según datos provisionales. En ríos pequeños, acequias y humedales someros, ese calor se nota rápido. El agua baja, se calienta y respira peor.
Ríos con agua
Proteger a la anguila no significa solo prohibir o permitir capturas. También significa asegurar caudales ecológicos reales, eliminar obstáculos obsoletos, mejorar la calidad del agua y mantener conectados los tramos interiores con el mar. Sin esa conexión, la especie pierde el mapa de su propia vida.
El Ministerio de Agricultura recuerda que la construcción de grandes presas desde los años 60 provocó la desaparición de la anguila en buena parte de las cuencas interiores de la Península Ibérica. Hoy sus poblaciones quedan más relegadas a las franjas costeras. Es decir, el problema viene de lejos, pero cada verano seco lo hace más visible.
Qué puede pasar ahora
El grupo de trabajo acordado entre el Gobierno y las comunidades autónomas tendrá que revisar las causas del descenso, los planes de gestión existentes y posibles medidas adicionales. Esa parte técnica importa, pero el calendario también. La anguila no espera a que las administraciones cierren todos los debates.
La clave será pasar de los informes al cauce. Agua circulando, pasos seguros, menos mortalidad humana y decisiones coherentes con el estado real de la especie. Porque una anguila puede cruzar miles de kilómetros para reproducirse, pero no puede sobrevivir en una charca caliente sin oxígeno.
La nota de prensa oficial se ha publicado por el MITECO (Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico).
