Un parque eólico marino se convierte en arrecife: pulpos y otras 270 especies colonizan las plataformas frente a Portugal

Un parque eólico marino se convierte en arrecife: pulpos y otras 270 especies colonizan las plataformas frente a Portugal

 

A unos 18 kilómetros de Viana do Castelo, en el Atlántico portugués, un parque eólico flotante construido para generar electricidad ha terminado mostrando otra historia bajo el agua. Ocean Winds presentó en el WindEurope Annual Event 2026 un informe de biodiversidad que identifica más de 270 especies en el entorno de WindFloat Atlantic, desde pulpos y peces hasta mamíferos marinos, aves y murciélagos.

La conclusión principal es llamativa, pero necesita contexto. Las plataformas parecen estar funcionando como refugio local y como una especie de arrecife artificial, aunque eso no significa que cualquier parque eólico marino sea automáticamente bueno para la naturaleza. En el mar, como casi siempre, el detalle importa.

Qué se ha encontrado

WindFloat Atlantic es un parque eólico marino flotante de 25 MW, con tres turbinas instaladas sobre plataformas semisumergibles. Está en operación desde 2020, en aguas de unos 100 metros de profundidad, y según la web del proyecto puede suministrar electricidad a unos 25.000 hogares portugueses al año y evitar unas 33.000 toneladas de CO2 anuales.

El informe no se basa en una visita rápida ni en una sola campaña. Recoge ocho años de seguimiento ambiental y fue elaborado por Blue Grid, con la contribución de MARE (Facultad de Ciencias de la Universidad de Lisboa) y el Politécnico de Leiria. Se analizaron plancton, peces, invertebrados, mamíferos marinos, aves, murciélagos, ruido submarino y calidad del agua.

Por qué hay más pulpos

La clave no está solo en el metal de las plataformas. El informe apunta a dos factores, el efecto refugio por la exclusión de pesca y el efecto arrecife por las estructuras sumergidas. Dicho de forma sencilla, donde antes había presión pesquera, ahora hay una zona con menos molestias y más escondites.

En las campañas se capturaron 674 pulpos comunes, con una biomasa total aproximada de 640 kilos. Las capturas y la biomasa fueron mayores en el área de WindFloat Atlantic, mientras que en peces se registraron 4.971 ejemplares de 52 especies, con biomasa más alta dentro de la zona del parque que en las áreas de control. Y eso no es poca cosa.

Un arrecife de metal

Las plataformas han introducido superficies duras en un fondo que era mayoritariamente blando. Primero llegaron mejillones, después percebes y algas, y con ellos aparecieron más lugares donde alimentarse, esconderse o cazar. Para un pulpo, cualquier recoveco cuenta.

Pero el propio documento pide prudencia. También recuerda que las estructuras artificiales no deben interpretarse siempre como un beneficio ambiental, porque pueden generar desequilibrios o servir de paso a especies no nativas. De hecho, se detectaron siete especies no nativas y el alga wakame sigue bajo vigilancia.

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Delfines y aves en la zona

El seguimiento registró cinco especies de mamíferos marinos, entre ellas delfín común, delfín mular, marsopa común, orca y rorcual aliblanco. El delfín común fue el más observado y los registros acústicos apuntan a más actividad dentro del área del parque, aunque las marsopas tuvieron más presencia en zonas adyacentes.

También se documentaron 33 especies de aves, con 17 antes de la instalación y 31 durante la fase operativa. No se registró mortalidad por colisión en el área de impacto, aunque seis especies volaron a alturas consideradas de riesgo. En murciélagos, la actividad fue baja y ligada sobre todo a movimientos migratorios.

La pesca pide cautela

La lectura no convence a todos. La Plataforma en Defensa de la Pesca y de los Ecosistemas Marinos ha criticado el informe y lo ha calificado como “propaganda empresarial”, al considerar que no debe confundirse la atracción de fauna hacia una estructura con una mejora general del ecosistema.

Ese matiz es importante para las flotas locales, porque una zona cerrada a la pesca puede ser buena para ciertas especies dentro del perímetro, pero también puede significar perder caladeros tradicionales. Además, un artículo científico de 2025 publicado en Marine Pollution Bulletin advierte de que los parques eólicos marinos no deberían considerarse, como regla general, una herramienta de conservación ni un área marina protegida de facto.

Lo que cambia

El caso portugués aporta una imagen interesante para la transición energética. Una instalación pensada para producir electricidad renovable también puede modificar el hábitat marino y crear refugios locales, siempre que haya seguimiento y planificación. No basta con poner turbinas y esperar lo mejor.

Catarina Rei, directora de Permitting and Environment en Ocean Winds, afirmó que los resultados muestran que la eólica flotante “puede coexistir con la biodiversidad” y generar “efectos ecológicos positivos a nivel local”. La frase resume bien el fondo del asunto, pero no cierra el debate. El reloj de la transición energética corre, y el del océano también.

Informe oficial

Ahora el reto será comprobar si estos efectos se mantienen con el paso de los años y si pueden trasladarse a proyectos más grandes sin dañar zonas sensibles ni desplazar injustamente a la pesca. El seguimiento continuo será la parte menos vistosa, pero quizá la más importante.

El informe no técnico “Biodiversity at the WindFloat Atlantic, Viana do Castelo, Portugal” ha sido publicado en la web oficial de WindFloat Atlantic.

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