Santiago frente al cambio climático: Retorno Maipo, la apuesta de Aguas Andinas por una ciudad más resiliente

Calles anegadas, alcantarillados exigidos al límite y autopistas cerradas por acumulación de agua. Esa fue la imagen que dejó el temporal de julio en Santiago, cuando más de 100 milímetros de lluvia cayeron en pocos días sobre una ciudad que enfrenta un desafío doble: prepararse para lluvias cada vez más intensas y, al mismo tiempo, para una sequía que en la Región Metropolitana ya supera los catorce años.

En ese escenario, Aguas Andinas avanza en Retorno Maipo, un proyecto de reúso de aguas tratadas que busca aportar equilibrio a la cuenca del río frente a los escenarios de sequía extrema, y que forma parte de Biociudad, la hoja de ruta de la compañía hacia 2035 que contempla inversiones cercanas a US$1.000 millones para reforzar la resiliencia hídrica de Santiago.

 

Una ciudad que ya no parte de cero

Santiago no llega a este desafío sin infraestructura previa. Desde 2004 desarrolla un plan maestro de obras hidráulicas que aprovechó la construcción de autopistas concesionadas, como el anillo Américo Vespucio, para incorporar colectores interceptores en los sectores norte y sur, además de las piscinas de mitigación de aluviones en la quebrada de Macul, los parques inundables Víctor Jara y Hondonada, y las piscinas de reserva de Pirque.

Pablo Allard, decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad del Desarrollo, resume el resultado de esas inversiones: “Han permitido no solo evitar el daño de inundaciones o aluviones, sino además entregar áreas verdes que durante el resto del año mejoran la calidad de vida y ambiental de los cauces urbanos”.

El dato duro lo aporta Juan Eduardo Saldivia, abogado y ex superintendente de Servicios Sanitarios: Santiago cuenta hoy con infraestructura para resistir 37 horas sin producir agua potable frente a eventos de turbiedad extrema en el río Maipo, muy por sobre las 8 o 9 horas que alcanza la mayoría de las ciudades del país. Ese estándar aumentó progresivamente con la entrada en operación de los Megaestanques de Pirque en 2020 y de los pozos de Cerro Negro-Lo Mena en 2022. Para Saldivia, ese margen no es azar: “Santiago decidió, alguien lo hizo, que el umbral eran 37 horas, y aquello tiene un correlato tarifario”.

 

Retorno Maipo: la siguiente ampliación de la autonomía hídrica

Para Cristián Schwerter, director de Planificación, Ingeniería y Construcción de Aguas Andinas, el desafío actual va más allá de responder a una sola amenaza: «No basta con prepararse para un solo escenario, debemos trabajar con mirada de futuro, desarrollando e implementando soluciones que potencien la adaptación y resiliencia de una ciudad que sigue creciendo».

Ahí es donde entra Retorno Maipo. Según explica Schwerter, la autonomía actual de 37 horas podría ampliarse hasta 96 horas con el proyecto de Captación y Conducción Alternativa del Maipo, incluido dentro de Biociudad. El proyecto busca devolver a la cuenca del Maipo aguas ya tratadas, aportando equilibrio hídrico en los momentos de mayor estrés por sequía y reforzando la capacidad de la ciudad para sostener el abastecimiento ante eventos extremos.

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“No existe una bala de plata para enfrentar la vulnerabilidad climática”, plantea Schwerter. «Es necesario desarrollar una batería de obras y proyectos de distinta naturaleza para asegurar el abastecimiento de agua de cara a las próximas décadas».

 

El otro lado del desafío: las aguas lluvias

El sistema de alcantarillado sanitario que administra Aguas Andinas, con más de 11 mil kilómetros de red, está diseñado para transportar aguas servidas, no aguas lluvias. La recolección y conducción de estas últimas corresponde a la gestión del Ministerio de Obras Públicas y el SERVIU, en el marco de la Ley de Aguas Lluvias de 1996, que exige a las ciudades de más de 50.000 habitantes contar con planes maestros de evacuación y drenaje.

Schwerter explica que, “cuando esa red de aguas lluvias no existe o resulta insuficiente frente a eventos extremos, el agua termina buscando salida por el alcantarillado sanitario, generando rebases”. Durante los temporales de julio, algunos sectores de la red de aguas servidas recibieron caudales para los cuales no fueron diseñados, un fenómeno que se repite en distintas comunas de la Región Metropolitana a medida que las lluvias se concentran en periodos más cortos.

Para Schwerter, la resiliencia climática de Santiago “no depende de un solo actor”, sino de la capacidad de coordinar soluciones entre instituciones públicas y privadas, con una mirada de largo plazo que convoque a todos los actores posibles. Alberto Texido, arquitecto y consejero del Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI), coincide en que «cambio climático, agua, energía, transporte, ciudades y logística están cada vez más interrelacionados, y la resiliencia obliga precisamente a superar esa fragmentación» entre los distintos actores del sistema.

Texido añade una mirada económica al desafío: “Planificar e invertir preventivamente puede resultar del orden de siete veces menos costoso que enfrentar la reconstrucción posterior a un desastre”, una lógica que respalda el enfoque de inversión anticipada que guía proyectos como Retorno Maipo.

 

Hacia la ciudad esponja

La discusión sobre resiliencia hídrica ya no se centra únicamente en cuánto llueve, sino en cómo una ciudad se prepara simultáneamente para las inundaciones y la escasez. Contener el exceso de agua cuando llega de forma abrupta y asegurar disponibilidad cuando vuelve la sequía son parte de un mismo desafío.

Texido propone avanzar hacia parques inundables, humedales urbanos y corredores verdes que trabajen con los ciclos naturales, en línea con soluciones basadas en la naturaleza como las que integra Biociudad. Allard plantea, en la misma dirección, una lógica de “ciudad esponja”: “Mientras más agua absorbamos donde cae, menos agua corre por las calles contaminándose, colmatando sumideros y saturando los sistemas aguas abajo”.

En ese contexto, Retorno Maipo se perfila como una de las piezas concretas de esa batería de soluciones: un proyecto que no solo busca ampliar la autonomía hídrica de Santiago, sino que también ilustra cómo el reúso de agua tratada puede convertirse en una herramienta central para enfrentar la sequía estructural que vive la Región Metropolitana.

 

Fuente ESGHOY