Parece un espectáculo natural pero es una trampa: un satélite capta un extraño anillo luminoso en el océano vinculado a una meseta submarina mortal

Parece un espectáculo natural pero es una trampa: un satélite capta un extraño anillo luminoso en el océano vinculado a una meseta submarina mortal

En enero de 2026, un satélite captó una imagen que parecía imposible. Un anillo verde y azul rodeaba las islas Chatham, en el Pacífico Sur, como si el océano se hubiera iluminado de repente.

La escena es bonita, sí, pero también tiene un mensaje incómodo. La misma plataforma submarina que favorece estas floraciones de fitoplancton y atrae vida marina convierte la zona en un punto caliente de varamientos de cetáceos. ¿Cómo puede un lugar ser a la vez despensa y trampa?

Un anillo visto desde el espacio

El 10 de enero de 2026, el sensor VIIRS del satélite NOAA‑20 registró un gran anillo de fitoplancton alrededor de las islas Chatham. La NASA explica que estas microalgas se vuelven visibles desde el espacio cuando su población se dispara y las corrientes de superficie las estiran en remolinos.

Las islas están a unos 800 kilómetros al este de la Isla Sur de Nueva Zelanda y suelen pasar desapercibidas en el mapa. Ese día no, porque el mar alrededor se llenó de vetas verdes y azules que dibujaban una corona alrededor del archipiélago.

Live Science añade un detalle técnico que ayuda a entender el «brillo». El uso de filtros como el infrarrojo cercano puede intensificar los tonos del florecimiento, aunque el fenómeno habría sido visible desde satélite incluso sin ese extra de contraste.

La rampa submarina Chatham Rise

Para entender el anillo hay que mirar hacia abajo. Las Chatham se asientan sobre el Chatham Rise, una gran meseta submarina que se extiende hacia el este desde la Isla Sur y separa zonas de aguas más profundas al norte y al sur.

La enciclopedia Te Ara lo resume con cifras muy visuales. El Chatham Rise se alarga unos 1.400 kilómetros, se eleva desde un fondo marino de unos 3.000 metros y su cresta queda relativamente cerca de la superficie, a unos 350 o 400 metros de profundidad.

Ese relieve condiciona el «batido» del océano. Según la NASA, por ahí convergen corrientes frías y ricas en nutrientes del entorno antártico con aguas más cálidas y pobres en nutrientes del subtropical, y esa mezcla, junto con las largas horas de luz del verano austral, impulsa la explosión de fitoplancton.

Coccolitóforos y el brillo

El fitoplancton es un mundo diminuto, pero manda en grande. Son organismos microscópicos que hacen fotosíntesis y, como las plantas en tierra, sostienen la base de buena parte de la vida marina.

En este episodio destacaron los coccolitóforos, un tipo de fitoplancton que se cubre con placas de carbonato cálcico. La NASA explica que, cuando aparecen en grandes cantidades, esas placas reflejan la luz y pueden transformar aguas oscuras en un azul brillante o en un turquesa lechoso.

Conviene no meter todas las floraciones en el mismo saco. Algunas proliferaciones de algas pueden ser tóxicas, pero otras forman parte de la dinámica natural de zonas muy productivas y, de hecho, alimentan ecosistemas enteros. Por eso el seguimiento con satélites importa tanto.

Un buffet para la vida marina

Con el fitoplancton en la base de la cadena alimentaria, el anillo no es solo un dibujo bonito. La NASA señala que las aguas alrededor de las islas Chatham sostienen pesquerías productivas, con especies valiosas como el pāua, la langosta de roca o el «blue cod».

También es un punto de encuentro para fauna que vive de esa abundancia. El Departamento de Conservación de Nueva Zelanda (DOC) indica que alrededor del archipiélago se han registrado cinco especies de focas y 25 especies de ballenas y delfines.

Aquí está el matiz que cambia la lectura de la foto. Lo que atrae comida también atrae cetáceos a una zona con fondos relativamente someros y costas complejas. Es como llegar a una playa con marea bajando rápido, si te despistas te quedas atrapado.

Cuando la costa se convierte en trampa

El DOC describe las islas Chatham como un «stranding hot spot», uno de los tres lugares con más varamientos en Nueva Zelanda. Y una parte importante de los episodios está relacionada con las ballenas piloto, que tienden a moverse en grupos muy cohesionados.

Según el DOC, desde 1901 se han reportado más de 4.000 varamientos de ballena piloto de aleta larga en las Chatham. El organismo también recuerda que el mayor varamiento masivo registrado en el país ocurrió allí en 1918, con una estimación de alrededor de 1.000 ballenas piloto.

El caso que mostró la dureza del problema fue el de octubre de 2022. En una nota oficial, el DOC informó de dos varamientos masivos en una semana, con un primer grupo de unas 240 ballenas y un segundo de casi otras 240, y explicó que no se intentó reflotarlas por el riesgo de ataques de tiburón. Su asesor técnico marino, Dave Lundquist, lo resumió así, «we do not actively refloat whales on the Chatham Islands due to the risk of shark attack», y añadió que la eutanasia fue «the kindest option» para minimizar el sufrimiento.

Por qué ocurre y qué tiene que ver con el CO2

La pregunta inevitable es si el anillo de plancton «provoca» los varamientos. Y aquí conviene ir con cuidado, porque el propio DOC advierte de que los varamientos no se entienden del todo y suelen tener más de una causa.

Entre las explicaciones posibles, el DOC menciona enfermedades o desorientación de un individuo, la fuerza de los lazos sociales que lleva a un grupo a seguirle, y el efecto de costas con pendiente suave que pueden interferir con la ecolocalización. También se citan episodios de mal tiempo o errores al perseguir presas en aguas someras.

Lo que sí sabemos es por qué el plancton importa para el CO2. La NASA recuerda que los coccolitóforos, como otros tipos de fitoplancton, usan la luz solar y el dióxido de carbono para producir azúcares y oxígeno, y que además juegan un papel importante (aunque no completamente comprendido) en el ciclo global del carbono al retirar CO2 de la atmósfera y acabar hundiéndolo en el océano con el tiempo. Y eso se nota.

La imagen y la explicación oficial de este episodio han sido publicadas en el Observatorio de la Tierra de la NASA.

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