El Guadalquivir tiene problemas que no salen en los análisis normales del agua. Un equipo de la Universidad de Córdoba miró las bacterias del río y vio que en la parte alta están descompensadas, aunque la química decía que el agua estaba bien.
El trabajo se ha publicado en Journal of Contaminant Hydrology. La idea es usar estas bacterias como un chivato antes de que la contaminación vaya a más, pero de momento no se sabe qué está pasando ahí.
Raro cerca de la cabecera
Los investigadores cogieron muestras en 20 puntos desde que nace el río hasta la desembocadura y miraron 25 parámetros químicos.
Lo raro estuvo arriba. En los primeros tramos cayó la variedad de bacterias y aparecieron microbios que aguantan en sitios sucios, como la familia Comamonadaceae. El Índice de Calidad del Agua no marcaba nada raro. Parece que las bacterias notan pequeñas porquerías o problemas acumulados mucho antes de que los análisis de siempre den la alarma.
El olivar de momento no se toca
Esta bajada de bacterias cae en una zona con mucho olivar alrededor. Es normal pensar si los sulfatos o productos que se echan al campo tienen algo que ver.
Pero es solo una idea. El estudio no demuestra que el olivar ni ningún producto sean los culpables. El Guadalquivir junta de todo en sus 657 kilómetros: pesticidas, agua de las ciudades, tierra que se arrastra y vertidos de todo tipo.
Una foto de finales de 2021
Hay que coger los datos con pinzas por la fecha. Las muestras son de entre el 20 de noviembre y el 1 de diciembre de 2021, justo cuando terminaba un periodo seco.
Es lo que había en ese momento exacto, no lo que pasa hoy. Habría que volver a medir con lluvia y en otras estaciones del año. Más abajo, en la parte media y baja del río, sí salieron datos feos de contaminación y falta de oxígeno.
Usar las bacterias de chivato
La novedad ha sido usar análisis genéticos para ponerle nombre a las bacterias del agua y ver qué hacen. No es para quitar los análisis que hace la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, sino para tener un dato más.
No se trata de decir que el río está destrozado ni de echar la culpa a los agricultores. La cosa es que un río puede dar bien en la analítica de toda la vida mientras por dentro sus microbios ya están sufriendo. Para saber si fue algo de esos días o viene de largo habrá que seguir sacando muestras.
Los resultados los ha publicado la Universidad de Córdoba en la revista Journal of Contaminant Hydrology.
