Hito en la biología: liberan más de 800 ranas de colores que estuvieron al borde de la desaparición por un hongo mortal que desató el caos

Hito en la biología: liberan más de 800 ranas de colores que estuvieron al borde de la desaparición por un hongo mortal que desató el caos

Más de 800 ranas corroboree del norte han sido liberadas en el Parque Nacional Brindabella, en el sur de Nueva Gales del Sur, dentro de un esfuerzo para reforzar una de las poblaciones de anfibios más frágiles de Australia. La cifra difundida por ABC News es de 842 ejemplares, nacidos y criados en el zoológico Taronga de Sídney, en instalaciones pensadas para mantenerlas lejos de un hongo mortal.

A simple vista, la noticia parece casi imposible de creer. Cada rana pesa solo entre 2 y 3 gramos y tiene un tamaño parecido al de un clip, pero para una especie con menos de 2000 individuos maduros estimados en libertad, cada ejemplar cuenta. Y mucho.

Una liberación récord

La suelta ha sido presentada como la mayor liberación de ranas corroboree del norte criadas por Taronga. El operativo se realizó con el programa Saving Our Species del Gobierno de Nueva Gales del Sur y el Servicio de Parques Nacionales y Vida Silvestre de NSW.

No fue solo abrir una caja y dejar que saltaran, aunque estas ranas, curiosamente, apenas saltan. Los ejemplares viajaron en recipientes ventilados hasta zonas protegidas del parque, donde el lugar exacto se mantiene en secreto para evitar molestias. En conservación, a veces la discreción también salva vidas.

Taronga mantiene además una población de reserva de 370 adultos en Sídney. Es una especie de arca de Noé pequeña, húmeda y muy vigilada, creada para que la especie no dependa únicamente de lo que ocurra en el monte.

El enemigo está en la piel

El gran problema tiene nombre difícil, pero una consecuencia muy clara. El hongo quítrido de los anfibios provoca quitridiomicosis y aparece señalado por las autoridades de NSW como una de las principales amenazas para la especie, junto al daño causado por cerdos y ciervos ferales, las malas hierbas, el cambio climático y los incendios intensos.

¿Por qué es tan peligroso para ellas? Las ranas dependen mucho de su piel para vivir, y estas especies alpinas habitan lugares fríos y húmedos. Justo el tipo de ambiente en el que ese patógeno puede encontrar una oportunidad.

La paradoja es dura. El mismo paisaje que durante miles de años les dio refugio, con turberas, charcas y vegetación empapada, se ha convertido en un escenario mucho más difícil. Y eso se nota.

Un anfibio único

La rana corroboree del norte no es una rana cualquiera. Tiene rayas amarillas, verdosas o lima sobre fondo negro, mide entre 2,5 y 3 centímetros en edad adulta y solo vive en zonas muy concretas de las cordilleras Brindabella y Fiery, entre Nueva Gales del Sur y el Territorio de la Capital Australiana.

También tiene una llamada corta, descrita por las fichas oficiales como un sonido tipo «squelch». Puede parecer un detalle menor, pero ese sonido es clave en la época de reproducción. Sin machos cantando, no hay coro; sin coro, hay menos opciones de atraer hembras.

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Además, estos pequeños anfibios funcionan como indicadores ambientales. Si desaparecen de una zona, no solo se pierde una especie llamativa. También se enciende una alarma sobre la salud de los humedales subalpinos.

Criadas como una reserva de vida

Las ranas liberadas nacieron en cautividad, pero no como animales de exhibición. Se criaron en un entorno controlado para reducir riesgos sanitarios y aumentar sus opciones cuando lleguen al medio natural. En la práctica, esto significa temperatura vigilada, alimentación controlada y protocolos estrictos.

Michael McFadden, responsable de conservación de Taronga, explicó que liberar grupos más grandes ayuda porque «más ranas sobreviven a los primeros desafíos». Entre esos desafíos están el tiempo variable, la enfermedad y los primeros días fuera de la seguridad del centro.

Antes de soltarlas, los equipos fotografiaron sus patrones. Esas marcas son como huellas dactilares, porque cada rana tiene dibujos propios en el lomo o en el vientre. Si años después aparece una de ellas, una foto puede contar una historia completa.

Cómo sabrán si ha funcionado

La respuesta no llegará mañana. Según la información técnica de NSW, la mayoría de los machos de esta especie se reproduce unos cuatro años después de la metamorfosis. Así que los científicos tendrán que esperar, volver al terreno y escuchar.

Y aquí llega uno de esos detalles que hacen que la ciencia parezca más cercana. Durante los censos, los equipos pueden usar sonidos fuertes para provocar la respuesta de los machos. Si hay ranas, contestan. Si contestan, se pueden contar.

Después toca mirar los nidos y estimar cuántas hembras se están reproduciendo. No es perfecto, pero sí es una herramienta valiosa cuando se trabaja con animales diminutos, escondidos entre musgos, agua fría y vegetación densa.

Lo que viene ahora

La liberación de más de 800 ejemplares no resuelve por sí sola el futuro de la especie. Es un empujón, importante, pero no una garantía. La supervivencia dependerá también de controlar especies invasoras, proteger las charcas de cría y seguir vigilando el avance del hongo.

Dave Hunter, alto responsable de especies amenazadas del programa Saving Our Species, resumió la situación con una frase directa. «Tenemos las herramientas y el conocimiento para evitar que esta especie desaparezca para siempre». No es poca cosa.

Ahora el reloj de la conservación avanza a ritmo de rana. Lento, paciente y silencioso, hasta que llegue la época de apareamiento y los machos vuelvan a responder desde los humedales de Brindabella.

El comunicado oficial sobre esta liberación ha sido publicado por Taronga Conservation Society Australia.

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