En el marco de la reciente conmemoración del Día Internacional del Aire Limpio, Greenpeace advierte sobre la urgencia de avanzar y de no retroceder, en la protección ambiental.
Pese a los avances informados recientemente por el Ministerio de Medio Ambiente, respirar aire limpio sigue siendo un desafío para Chile, según advirtieron desde la organización ambiental Greenpeace.
Según el último Informe Mundial de Calidad del Aire de IQAir, en 2025 Chile registró una concentración promedio anual de material particulado fino (MP2,5) de 17,2 µg/m³, 3,4 veces el valor recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El país se ubicó en el puesto 54 entre 143 países y territorios analizados, mientras que Coyhaique, Nacimiento, Cochrane, Pitrufquén y Loncoche figuraron entre las ciudades más contaminadas de la región.
Estas cifras cobraron especial relevancia este 7 de septiembre, cuando Naciones Unidas conmemoró el Día Internacional del Aire Limpio por un cielo azul, una fecha que busca poner atención sobre uno de los principales riesgos ambientales para la salud humana.

El MP2,5 está compuesto por partículas tan pequeñas que pueden penetrar profundamente en los pulmones e ingresar al torrente sanguíneo. De hecho, la OMS ha documentado que la exposición a este contaminante está asociada a efectos cardiovasculares, cerebrovasculares y respiratorios, y que la exposición prolongada también se vincula al cáncer de pulmón.
La doctora en Salud Pública y magíster en Ciencias Biológicas con mención en Ciencias Ambientales, Sandra Cortés, explica que el problema no está únicamente en los episodios puntuales de alta contaminación, sino también en la exposición repetida a lo largo del tiempo.
“Desde la epidemiología, esto implica que aumenta la carga de enfermedad atribuible a la contaminación del aire, ya que no estamos frente a exposiciones aisladas, sino a una exposición repetida y acumulativa que incrementa progresivamente el riesgo de enfermar y morir prematuramente”, señala.
Según la especialista, los efectos pueden acompañar a las personas durante todo su ciclo vital. Niños y niñas, mujeres embarazadas, personas mayores y quienes viven con enfermedades respiratorias o cardiovasculares se encuentran entre los grupos más vulnerables, a los que se suman quienes trabajan durante gran parte del día al aire libre.
Dos normas que siguen pendientes
En este escenario, dos de los 43 decretos ambientales retirados de Contraloría por el Ejecutivo en marzo pasado adquieren especial relevancia. Por un lado esta el decreto que revisa la Norma Primaria de Calidad del Aire para MP2,5, y por otra parte, la que actualiza la norma de emisión para centrales termoeléctricas.
Ambos instrumentos apuntan a fortalecer las herramientas con que cuenta el país para enfrentar la contaminación atmosférica: uno elevando el estándar de calidad del aire para el contaminante fino que respira directamente la población y el otro actualizando las exigencias aplicables a las emisiones provenientes de centrales termoeléctricas.
Por esta razón, Greenpeace advierte que mantener estas normas pendientes de tramitación significa postergar avances necesarios para proteger la salud de las personas.
La experta en Clima y Ecosistemas de Greenpeace, Silvana Espinosa, llamó a no retroceder y agilizar la aprobación de estas iniciativas.
“Cuando hablamos de contaminación del aire, hablamos de algo tan básico como respirar sin que eso nos enferme. Chile conoce hace años los efectos del MP2,5 y sabe que necesitamos avanzar hacia estándares más protectores. Por eso resulta incomprensible que normas destinadas justamente a reducir esa exposición sigan esperando”, señala.
Desde una perspectiva sanitaria, la doctora en Salud Pública, Sandra Cortés, es enfática sobre las consecuencias de retrasar la actualización de la norma de MP2,5.
“Mantener estándares menos exigentes significa aceptar niveles más altos de contaminación y, por lo tanto, una mayor carga de enfermedad atribuible a esta exposición. Esto se traduce en más consultas de urgencia, hospitalizaciones y muertes prematuras por enfermedades respiratorias, cardiovasculares y otras condiciones crónicas asociadas a la contaminación del aire”, explica.
Una preocupación que comparte Yuri Carvajal, presidente del Departamento Nacional de Medio Ambiente del Colegio Médico de Chile.
“Es una medida que lamentamos y así lo hemos manifestado a las autoridades. Es realmente paradójico que se retire una norma de material particulado que es cancerígeno y a la vez, se decrete alerta sanitaria por cáncer”, señala.
Los expertos explican que las consecuencias de una mala calidad del aire tampoco terminan en la salud individual. Los episodios de contaminación generan una mayor demanda sobre el sistema sanitario, con más consultas de urgencia, hospitalizaciones, uso de medicamentos y atención especializada.
A ello se suman efectos económicos indirectos como el ausentismo laboral y escolar, la discapacidad asociada a enfermedades crónicas y los años de vida perdidos por mortalidad prematura.
Para Greenpeace, el Día Internacional del Aire Limpio es también un recordatorio de que la protección de la salud y del medio ambiente requiere políticas permanentes y estándares capaces de avanzar al ritmo de la evidencia científica.
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