En esta carta al director la periodista, conferencista y referente en sostenibilidad, reflexiona sobre el rol que tienen la comunidad en la construcción de un futuro más sostenible.
Este 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, llega en un momento en que la conversación ya no puede quedarse solo en diagnósticos. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente ha puesto este año el foco en el cambio climático y en las señales que elegimos devolverle al planeta.
La evidencia también es clara: el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) señala que los cambios en infraestructura, tecnologías de uso final y hábitos pueden reducir entre un 40% y 70% las emisiones globales en sectores clave hacia 2050. Es decir, las decisiones humanas importan.
La sostenibilidad dejó de ser un tema de especialistas. Hoy vive en las empresas, en las salas de clases, en los hogares, en los emprendimientos y en cada persona que decide hacer las cosas de una manera distinta.
El mayor desafío no es solo cuidar el medio ambiente. Es fortalecer el poder transformador de las personas. Porque cuando una persona cambia, puede inspirar a una familia; cuando cambia una familia, puede cambiar una comunidad; y cuando cambia una comunidad, también cambia un país.
En tiempos de inteligencia artificial y crisis climática, la mejor tecnología sigue siendo el ser humano.
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