Durante siglos los vecinos utilizaron una tradición medieval para cuidar el bosque; hoy es el mayor pinar de España con más de 100.000 hectáreas y lleva décadas sin arder

Durante siglos los vecinos utilizaron una tradición medieval para cuidar el bosque; hoy es el mayor pinar de España con más de 100.000 hectáreas y lleva décadas sin arder

Entre Burgos y Soria existe un enorme mar de pinos que, verano tras verano, mira de cerca el mismo peligro que tantos montes españoles. Calor, sequía, tormentas secas, viento y mucha vegetación acumulada. La receta perfecta para que una chispa se convierta en un incendio difícil de parar.

Pero la comarca de Pinares ha conservado durante siglos una relación muy distinta con el bosque. Allí, el monte no ha sido solo paisaje. Ha sido trabajo, leña, madera, identidad y una forma de vivir. Y esa diferencia, aunque no lo explica todo, ayuda a entender por qué esta zona se ha citado como un ejemplo de resistencia frente a los grandes incendios forestales.

Un bosque enorme entre Burgos y Soria

La comarca de Pinares cubre unas 100 000 hectáreas de masas forestales naturales autóctonas, según recoge el acuerdo oficial de Castilla y León. En sus montes dominan el pino silvestre o albar y el pino negral o resinero, aunque también aparecen hayas, robles, sabinas, quejigos y otras especies.

No se trata de un bosque cualquiera. Es una gran continuidad forestal repartida entre municipios de Soria y Burgos, con pueblos como Covaleda, Duruelo de la Sierra, Vinuesa, Navaleno, San Leonardo de Yagüe, Quintanar de la Sierra o Regumiel de la Sierra. En muchos puntos, además, la altitud y el clima de montaña rebajan algo la presión del calor extremo.

Aun así, confiar solo en la naturaleza sería quedarse a medias. Un bosque puede ser húmedo, alto y fresco durante buena parte del año, pero si acumula combustible durante décadas, el riesgo sigue ahí. Y ahí entra la parte más interesante de esta historia.

Qué es la Suerte de Pinos

La clave tiene nombre propio. Se llama «Suerte de Pinos» y es un sistema tradicional de reparto vecinal de aprovechamientos forestales de madera y leña. En la práctica, los vecinos con derecho a participar recibían una parte del aprovechamiento de los montes públicos propiedad de sus ayuntamientos.

La Junta de Castilla y León explica que esta costumbre se realiza mediante lotes o «suertes», y que los beneficiarios deben cumplir requisitos de arraigo o permanencia según las reglas de cada localidad. No era solo cortar madera. Era una forma de mantener un vínculo directo con el monte, de saber qué pasaba en él y de aprovecharlo sin romperlo.

Sus primeras referencias documentales datan del siglo XVI, aunque el privilegio de aprovechar estos montes se remonta a la Edad Media, durante la repoblación de estos territorios. Dicho de otra manera, hablamos de una tradición muy antigua que nació por necesidad, pero que acabó dejando una huella ambiental muy clara.

Menos combustible para las llamas

¿Por qué esto ayuda frente a los incendios? Porque un monte trabajado de forma ordenada acumula menos material seco, menos ramas caídas y menos continuidad entre el suelo y las copas. Y eso, en un incendio, puede marcar la diferencia entre un fuego que avanza con fuerza y otro que encuentra obstáculos.

La propia Junta de Castilla y León señala que los tratamientos selvícolas como podas, clareos y desbroces permiten mejorar el estado de las masas arboladas y reducir el riesgo de incendios forestales. También ayudan a llevar una gestión adecuada de los recursos del monte.

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En la Suerte de Pinos, ese trabajo no nacía como una campaña moderna de prevención. Nacía de la vida diaria. Las familias retiraban madera, se abrían pasos, se conocían los caminos y el monte tenía ojos cerca. Puede parecer sencillo, pero en prevención forestal muchas veces lo sencillo es lo que más se echa de menos.

El bosque no es inmune

Conviene no confundirse. La comarca de Pinares no es un lugar mágico donde el fuego no pueda entrar. Ningún bosque lo es. Si coinciden altas temperaturas, viento fuerte, baja humedad y una ignición en mal sitio, el riesgo existe.

Castilla y León mantiene una época de peligro alto de incendios que cubre, al menos, del 12 de junio al 12 de octubre. Durante ese periodo se limitan actividades peligrosas en el monte y en la franja de 400 metros que lo rodea, como ciertos usos de maquinaria, fuego o elementos que puedan generar chispas.

La diferencia está en cómo llega el paisaje a ese momento crítico. Un monte más accesible, con menos carga vegetal y con aprovechamientos regulados puede ofrecer mejores condiciones para la prevención y para la extinción. No apaga los incendios por sí solo, pero se lo pone más difícil a las llamas.

La tradición se debilita

El problema es que esta fórmula no depende solo de leyes antiguas o de documentos oficiales. Depende de gente viviendo en los pueblos, trabajando en el monte y viendo el bosque como algo propio. Y eso, en la España rural, cada vez es más complicado.

El acuerdo oficial reconoce que la Suerte de Pinos ha funcionado también como instrumento contra la despoblación, porque beneficia a quienes residen de manera efectiva en esas localidades. Pero si hay menos población, menos manos y menos actividad forestal, mantener ese equilibrio se vuelve mucho más difícil.

En el fondo, el monte abandonado no es un monte más natural en todos los casos. A veces es un monte más cargado, más cerrado y más vulnerable. Basta caminar por algunas zonas rurales para verlo. Matorral alto, caminos que se pierden, ramas secas y silencio donde antes había cuadrillas.

Una lección para otros montes

La Suerte de Pinos fue declarada Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial por la Junta de Castilla y León en diciembre de 2024. La declaración no solo reconoce una costumbre curiosa. Reconoce una forma de organización social, jurídica y económica que ha ayudado a conservar un paisaje forestal durante generaciones.

La lección no es copiar el modelo tal cual en cualquier sitio. Cada bosque tiene su clima, sus especies, su historia y sus pueblos. Pero sí hay una idea que sirve para casi todos. El monte necesita gestión, presencia humana y aprovechamientos compatibles con su conservación.

España habla mucho de apagar incendios, y debe hacerlo. Pero el caso de Pinares recuerda algo incómodo y muy práctico. El fuego se combate también en invierno, cuando se limpia, se poda, se clarean masas demasiado densas y se mantiene viva la economía forestal.

El acuerdo oficial sobre la declaración de la «Suerte de Pinos» como Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial ha sido publicado por la Junta de Castilla y León y recogido en el Boletín Oficial del Estado.

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