Si has estado últimamente en la playa, quizá te hayas fijado en algo raro entre conchas y piedrecitas. Pequeñas bolitas casi perfectas, como granos de arroz en miniatura, que no deberían estar en la orilla. La investigadora Amaia Mendoza (UPV/EHU) avisa de que los microplásticos y otros microplásticos industriales ya se ven «perfectamente» en la arena y que aparecen de forma constante en puntos como la Zurriola, Orio o Hendaia.
La conclusión no es agradable, pero conviene decirla pronto. Limpiar el mar de estas partículas es, en la práctica, una tarea imposible, así que el foco real está en prevenir que salgan de la industria y acaben en ríos y playas. En Euskadi, la universidad ya propone medidas simples para detectar y contener fugas, y en Europa hay una norma nueva que obliga a poner orden en toda la cadena de suministro.
Un rastro industrial en la arena
Los muestreos del grupo de Mendoza entre 2019 y 2021 apuntan a una idea repetida. «Junto al poliespán, los pellets de plástico destacan por su forma inequívoca», explica, y por eso se identifican incluso cuando la cantidad cambia según el día. El detalle importante es que no siempre hay un gran accidente detrás, muchas veces son «pérdidas cotidianas en el manejo industrial».
En el proyecto ItsasMikro, el Grupo Materiales + Tecnologías de la EHU también ha constatado durante dos años «una importante presencia de pellets de plástico en playas de Donostia y Orio». Hablan de gránulos de unos 2 o 3 milímetros, materia prima para fabricar productos plásticos, que por fugas o derrames puede terminar en el mar.
Del polígono al mar con la primera lluvia
El recorrido de estos gránulos suele ser más corto de lo que parece. Cuando un saco se rompe o el material cae al suelo durante el procesado, la lluvia puede arrastrarlo al sistema de aguas pluviales y de ahí a los ríos. Mendoza lo resume sin rodeos, el pellet queda en el suelo y es «arrastrado por la lluvia hacia los ríos» hasta llegar al litoral.
Esto ayuda a entender por qué es tan difícil «limpiar» después. Una vez que la granza entra en la red de pluviales, se dispersa, y cada temporal reparte lo que queda en la arena o lo empuja mar adentro. ¿Quién va a recoger miles de bolitas una por una?
La parte más preocupante no se ve
Mendoza distingue entre microplásticos más grandes, que el cuerpo puede excretar, y los «nanoplásticos», tan pequeños que, según advierte, tienen «la capacidad de entrar en los tejidos y en las propias células». Por eso insiste en que el problema no es solo estético, también afecta a ecosistemas y puede tener implicaciones en salud, aunque aún falte concretar el alcance real.
La evidencia científica sobre presencia en humanos está creciendo, con estudios que han detectado partículas plásticas en sangre, tejidos y placenta. A la vez, los propios trabajos suelen recordar que hacen falta métodos muy cuidadosos y más investigación para entender efectos y riesgos, porque detectar no es lo mismo que demostrar daño. El matiz es clave.
Medidas que se pueden aplicar ya
La propia investigadora lo dice claro, «la limpieza del mar es prácticamente imposible» y «la única vía efectiva es la prevención». Entre las propuestas está instalar sistemas de separación y contención en origen, similares a los que se usan para fugas de hidrocarburos, para atrapar pellets por flotación antes de que el agua salga de una instalación.
El equipo de la EHU añade una idea práctica para vigilar fugas sin inventar controles desde cero. Entre los parámetros estándar de vertido en aguas pluviales, han identificado dos que pueden dar una primera señal de alarma, los sólidos en suspensión y los sólidos en suspensión volátiles. Si esos valores suben por encima de referencias, el siguiente paso sería comprobar si hay pellets u otros microplásticos industriales.
Estas medidas se apoyan en algo muy de calle, actuar donde la contaminación nace. Si el pellet no entra en el desagüe, no llega al río, y si no llega al río, no termina en tu playa. Y eso se nota.
La norma europea que obliga a prevenir pérdidas
El Reglamento (UE) 2025/2365 establece obligaciones para prevenir pérdidas de granza de plástico en todas las etapas de la cadena de suministro, con la aspiración de avanzar hacia «cero pérdidas». Se aplica, entre otros, a operadores que hayan manipulado granza en cantidades iguales o superiores a cinco toneladas en el año anterior, e incluye requisitos sobre manipulación, transporte, almacenamiento, embalaje y limpieza de contenedores.
El Consejo de la UE subraya que las obligaciones se endurecen para quienes mueven más volumen. Los operadores que manipulen más de 1.500 toneladas al año deben obtener certificación de un tercero independiente, mientras que las microempresas cuentan con vías simplificadas. También se pide que transportistas de fuera de la UE designen un representante autorizado dentro de la Unión y se introducen exigencias específicas para el transporte marítimo
La urgencia se entiende con una cifra que impresiona. La UE estima que actualmente se liberan al medio ambiente entre 52.000 y 184.000 toneladas de granza al año por malas prácticas en la cadena de suministro, y recuerda que es la tercera mayor fuente de liberación no intencionada de microplásticos, tras pinturas y neumáticos. No es poca cosa.
Qué puede tener en cuenta quien pisa la arena
La mayor parte del trabajo debe ocurrir antes de que el pellet toque la orilla, en fábricas, almacenes, camiones y pluviales. Aun así, como consumidor ayuda reducir plásticos de un solo uso y evitar que residuos acaben en desagües, porque todo lo que se va por ahí acaba en el mismo sitio. Si ves gránulos en la playa, lo más útil suele ser no devolverlos al mar y avisar al ayuntamiento o a los servicios de limpieza.
La nota de prensa de la UPV/EHU sobre estas medidas para frenar el vertido de gránulos de plástico se ha publicado en Campusa.
