La iniciativa reunió a personas de distintos puntos del país e incluso de Argentina, en el Parque Nacional Alerce Costero.
Entre el 25 y el 30 de enero, se desarrolló con éxito una nueva edición del voluntariado Manos a la Pala, que reunió a participantes de Chile y Argentina para ejecutar labores de conservación y mejoramiento del sendero Mirador del Alerce Milenario, en el Parque Nacional Alerce Costero, en la Región de Los Ríos.
La iniciativa desarrollada en uno de los ecosistemas más relevantes del sur de Chile y hogar de uno de los árboles más antiguos del planeta, es impulsada por la ONG Entre Lengas y la Corporación Nacional Forestal (Conaf) Los Ríos.
Conexión en el territorio
El voluntariado se inició el 25 de enero, con un punto de encuentro previo en Conaf Los Ríos, desde donde el grupo se trasladó al parque para instalar el campamento base.
Durante esta primera jornada se realizó una inducción general, abordando los objetivos del voluntariado, normas de convivencia, lineamientos de trabajo y protocolos de seguridad.

Como actividad inicial en el territorio, las y los voluntarios participaron en una experiencia de baño de bosque, facilitada por Kimlen, instancia que permitió generar una conexión consciente con el entorno natural, fortalecer la cohesión del grupo y preparar al equipo para las labores técnicas que se desarrollarían durante los días siguientes.
Posteriormente, se realizó un recorrido por las estaciones de trabajo, distribuidas a lo largo del sendero hacia el Mirador del Alerce Milenario. Estas estaciones incluyeron sectores de recambio de infraestructura, construcción de peldaños y estabilización del terreno, intervenciones fundamentales para proteger el sistema radicular del alerce y mejorar la seguridad del tránsito de visitantes.
La metodología consideró que todos los grupos pasaran por cada estación, permitiendo un aprendizaje integral de las distintas técnicas aplicadas en la mantención y construcción de senderos.

El equipo estuvo conformado por 15 voluntarias y voluntarios, provenientes de distintas regiones del país, además de participantes de Mendoza, Argentina, lo que dio un carácter diverso e intercultural al voluntariado.
Durante la mayor parte de los días se registraron altas temperaturas, lo que implicó ajustes en los ritmos de trabajo, reforzando medidas de hidratación y autocuidado, sin afectar el cumplimiento de las tareas planificadas.
En una de las jornadas se presentaron precipitaciones, lo que permitió evaluar el comportamiento del sendero bajo condiciones húmedas, manteniéndose igualmente el desarrollo de las labores programadas.
Capacitación técnica y aprendizaje en terreno
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El cuarto día se desarrolló una capacitación técnica en diseño de senderos sustentables, a cargo de Patricio Contreras, profesional de Conaf Los Ríos, instancia que permitió contextualizar el trabajo práctico dentro de criterios de planificación, conservación y uso público responsable.
En este contexto la voluntaria, Fernanda Bruna Thiele, estudiante de Gestión Turística de Inacap, valoró especialmente el aprendizaje en terreno.
“Trabajar junto a los guardaparques y comprender la fragilidad de este ecosistema cambió completamente mi mirada sobre el turismo y el rol que tenemos en su protección”, comentó.
Por su parte, Catalina Morris Caputo, encargada de Gestión de Proyectos, destacó el impacto transformador de la experiencia.
“Pasamos de observar los efectos del cambio climático desde la distancia a involucrarnos en acciones concretas. Eso nos empoderó y nos recordó que la conservación es una responsabilidad compartida”, señaló.
Principales hitos de conservación

Entre los principales resultados del voluntariado destacan: la implementación de más de 30 peldaños y trabajos de mantención y ensanche del sendero, la conservación de suelos y la relocalización del Mirador del Alerce Milenario, para liberar presión sobre el sistema radicular del alerce, permitiendo una mejor exposición de las raíces a la luz solar y al agua de lluvia.
Modelo de conservación colaborativa
Desde la organización, Erwin Martínez, director de la ONG Entre Lengas, destacó el carácter fundacional de la experiencia.
“Este voluntariado comenzó como un sueño y hoy se concreta gracias al trabajo colaborativo y la confianza construida con Conaf Los Ríos. Nos vamos cansados, pero profundamente reconfortados, con la certeza de que este es solo el comienzo de nuevas acciones de conservación en áreas protegidas del país”, destacó.
La experiencia contó con el apoyo de Conaf Los Ríos, Alerce Capacitaciones, Specialized, Colun, Gnomo y EnRutaAlSur, y se proyecta como un modelo de conservación participativa, que no solo deja mejoras concretas en el sendero del Alerce Milenario, sino también una comunidad activa y comprometida con el cuidado del patrimonio natural y el valor de los Parques Nacionales.
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