Evitar la dependencia humana y reducir el estrés post-liberación son los objetivos principales del tratamiento que reciben los pichones.
Este 1 de febrero tres nuevos pichones de lechuza ingresaron al Centro de Rehabilitación de Aves Rapaces (CRAR) ubicado en la cercanías de la ciudad de Talagante . El centro cada año recibe una importante cantidad de crías que, por distintas razones, requieren apoyo para regresar a su entorno natural.
Proceso de reintegración blanda:
En el CRAR, los pichones son dispuestos en grupo en cajas-nido instaladas sobre torres o grandes árboles simulando un nido. Allí son alimentados evitando el contacto visual con seres humanos, con el objetivo de prevenir la dependencia.
Según los especialistas de CRAR el proceso avanza una vez que los pichones desarrollan completamente su plumaje, la caja se abre para permitirles salir de manera voluntaria, manteniendo la posibilidad de regresar a alimentarse.
De forma progresiva, la provisión de alimento se reduce a medida que los ejemplares adquieren mayor habilidad para el vuelo y la caza, hasta que logran alimentarse por sí mismos. Esta técnica de liberación controlada, conocida como “hacking”, facilita una transición paulatina y aumenta las probabilidades de supervivencia en estado silvestre.
Este proceso evita un abandono brusco, disminuye la dependencia humana mediante un suministro de alimento cada vez menor y favorece una adaptación gradual al territorio. Asimismo, contribuye a reducir el estrés posterior a la liberación, promoviendo una integración más exitosa al medio natural.
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