Nadie lo vio venir pero la ciencia ha descubierto por qué los gatos siempre caen de pie incluso desde más de 100 metros de altura

Nadie lo vio venir pero la ciencia ha descubierto por qué los gatos siempre caen de pie incluso desde más de 100 metros de altura

 

Si convives con un gato, seguro que lo has visto lanzarse del sofá o de la encimera sin pensarlo mucho y aterrizar sobre las cuatro patas como si nada. Parece un truco imposible, pero un nuevo estudio de anatomía felina acaba de ponerle números a ese viejo misterio felino y apunta a una zona muy concreta de la columna como responsable principal de esta habilidad.

Un equipo de investigadores ha demostrado que la parte media de la espalda del gato, la columna torácica que va desde las escápulas hasta el final de las costillas, es mucho más flexible en torsión que la zona lumbar, más cercana a la cadera. Esa diferencia permite que el animal gire primero la mitad delantera del cuerpo y después la trasera mientras cae, lo que hace posible que se coloque casi siempre de pie antes de tocar el suelo.

La clave del famoso reflejo de enderezamiento

El llamado reflejo de enderezamiento es innato en los gatos. Aparece en los cachorros hacia las tres o cuatro semanas de vida y se perfecciona antes de los dos meses. Se basa en una combinación de columna muy flexible, ausencia de clavícula rígida y un sistema del equilibrio en el oído interno que funciona como un giroscopio biológico.

Hasta ahora sabíamos que el gato “parte” su cuerpo en dos cuando cae, que recoge unas patas y estira otras para girar sin violar las leyes de la física. Lo que no estaba claro era qué podía hacer exactamente su columna para soportar ese giro sin lesionarse. El nuevo trabajo muestra que el tramo torácico tolera giros mayores, mientras que la zona lumbar se comporta como un bloque algo más rígido, perfecto para rematar el movimiento y estabilizar la parte posterior del cuerpo.

Cinco columnas felinas y muchas caídas a cámara lenta

Para llegar a estas conclusiones, los científicos analizaron las columnas de cinco gatos ya fallecidos y las sometieron a giros controlados en el laboratorio, registrando la relación entre el par de torsión aplicado y el ángulo alcanzado en cada región de la espalda. A partir de esas curvas obtuvieron parámetros como el rango de movimiento, la zona neutra y la rigidez de la columna torácica frente a la lumbar y comprobaron que las diferencias eran claras y estadísticamente significativas.

Después compararon esos datos con vídeos de gatos cayendo grabados a alta velocidad. Tal y como había resumido la revista Science, las imágenes muestran que el animal rota primero la columna torácica y solo después la lumbar. Esa secuencia encaja muy bien con el reparto de flexibilidad que describen las pruebas mecánicas, lo que refuerza la idea de que la arquitectura de la espalda del gato está optimizada para este reflejo tan llamativo.

Lo que esto significa para los gatos que viven en pisos

Más allá de la curiosidad científica, entender cómo funciona este reflejo ayuda a ponerlo en su sitio. Que un gato pueda girar en el aire no significa que sea invulnerable a las caídas. Clínicas veterinarias en España usan ya la expresión “síndrome del gato paracaidista” para describir los accidentes de gatos que se precipitan desde balcones o ventanas altas y llegan a urgencias con fracturas de patas, mandíbula, pelvis o con lesiones internas graves, a pesar de haber caído de pie.

En la práctica, esto se traduce en algo muy sencillo para quien comparte piso con un felino. El reflejo de enderezamiento puede reducir el daño en muchos casos, pero no sustituye a una red en el balcón o a una ventana protegida. Los expertos en medicina felina insisten en que, sobre todo en verano, cuando abrimos más las ventanas, conviene asegurar barandillas y huecos para evitar estas caídas. Que el gato tenga un “superpoder” no quiere decir que tengamos vía libre para dejar huecos peligrosos en casa.

De los tejados a los robots bioinspirados

El famoso problema del gato que cae lleva más de tres siglos intrigando a físicos y matemáticos. Hoy, esos datos detallados sobre cómo se retuerce la columna felina interesan también al mundo de la robótica. Algunos equipos ya han enseñado a robots cuadrúpedos a imitar el giro de los gatos para caer sobre sus patas mecánicas, combinando modelos físicos y algoritmos de aprendizaje automático.

En el fondo, este nuevo estudio añade una pieza clave a ese puzle. Confirma que la columna del gato no es solo flexible en general, sino que está “regionalizada” de una forma que favorece su famosa maniobra aérea. La mitad delantera actúa como timón muy móvil y la trasera como bloque de cierre más estable.

Para quienes convivimos con ellos, el mensaje es doble. Por un lado, la próxima vez que tu gato salte del respaldo de la silla y aterrice como si nada, sabrás que estás viendo trabajar a una columna vertebral muy especial. Por otro, si vives en altura, ese mismo conocimiento recuerda que una red en la ventana vale más que cualquier reflejo, por espectacular que sea.

El estudio científico completo se ha publicado en la revista The Anatomical Record.

Referncia de contenido aquí