Los ochos mandamientos para dejar de fumar y de vapear

Los 8 mandamientos para dejar de fumar y de vapear

 

La principal razón por la que una persona puede generar dependencia al vapeo es la nicotina, el mismo ingrediente detrás de la adicción a los cigarrillos. Por esta capacidad adictiva no se recomienda su uso a las personas que no fuman. La nicotina crea nuevos receptores en el cerebro cuando entra en el cuerpo y quien lo usa puede rapidamente experimentar una sensación de bienestar asociada al vapear.

De ese modo, cuando una persona deja de vapear y, por ende, de recibir esos estímulos, el cuerpo comienza a tener deseo de más nicotina. Una sensación que tiende a ser más aguda en los primeros tres o cuatro días después del último consumo. De acuerdo a varios organismos de salud, también se presentan otros síntomas de abstinencia como cambios de humor. Tener clara la motivación, romper rutinas y realizar ejercicio físico son algunas de las claves para alcanzar este objetivo

El auge del vapeo

El inicio de un nuevo año siempre marca un antes y un después, también psicológico, que mucha gente utiliza como impulso para hacer cambios en su vida. Algunos optan por empezar a hacer deporte o comer mejor, otros escogen alguna actividad lúdica o formativa a la que dedicar más tiempo, y hay muchas personas que deciden dejar de fumar. El auge del vapeo, una alternativa al tabaco que no está exenta de riesgos, también obliga a pensar en dejar este hábito.

La idea de que vapear es menos nocivo que fumar es un mito

No existe base científica para decir que el cigarrillo electrónico es menos lesivo, por diferentes motivos. El primero es que hay muy pocos estudios específicos que valoren el daño de vapear; menos aún estudios a largo plazo, porque es un fenómeno relativamente reciente comparado con el consumo de tabaco.

En cambio, la ciencia explica sus riesgos. Los principales componentes del cigarrillo electrónico son la nicotina, una sustancia altamente adictiva; sustancias facilitadoras de la vaporización, como el polietilenglicol y el glicerol o el propilenglicol; aditivos alimentarios (E-1520, E-422 y E-1520) de los que se desconocen los valores seguros tras ser calentados e inhalados, lo que produce formaldehídos, acetaldehídos y acroleínas, reconocidos cancerígenos y tóxicos pulmonares; más de 15.500 saborizantes que, al descomponerse térmicamente, generan aldehídos cancerígenos, y mentol, que, además de saborizante, suprime el reflejo de la tos», enumera el experto. Una colección de ingredientes que no solo convierten en tóxico el vapor para quienes lo inhalan directamente, sino para quienes se encuentren a su alrededor: los vapeadores pasivos.

Leyes antitabaco

Desde 2005, en España se han sucedido dos grandes leyes antitabaco que lograron reducir sensiblemente la cifra de fumadores. En el caso de los hombres, se pasó de un 31,6 % de fumadores en 2006, año de la entrada en vigor de la primera ley antitabaco, a un 19,4 % en 2020.

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Cifras que, desde hace algunos años, conviven con las de consumidores de cigarrillos electrónicos. Hay diferentes encuestas que se hacen periódicamente y que recogen el consumo de varias sustancias, entre ellas, las de los cigarrillos electrónicos entre los jóvenes, principalmente, como el informe Estudes (2023), Edades (2022) y algún que otro estudio en el que participa el grupo de investigación Epi4health.

En resumen, indican que, entre los estudiantes de entre 14 y 18 años, un 54,6 % lo han consumido alguna vez. Entre los adultos, en Europa hay una prevalencia de uso diario del 2,4 %, siendo el 52,6 % un uso dual con el tabaco», explica el experto. En 2014, la cifra de jóvenes de entre 14 y 18 años que habían probado el cigarrillo electrónico era del 17 %, según el primer informe citado.

De hecho, se suele considerar al cigarrillo electrónico como una puerta de entrada al tabaquismo tradicional, sobre todo entre los jóvenes. El tabaquismo es la primera causa evitable de muerte en los países desarrollados, y los vapeadores, su puerta de entrada, además de ser dañinos y retrasar el abandono del hábito.

Los 8 mandamientos para dejar de fumar y de vapear

Con este panorama, las razones para dejar de fumar o vapear se acumulan. Y, al contrario de lo que se piensa, para dejar el tabaco no hay atajos ni remedios mágicos. Para dejar de consumir, ya sea tabaco o vapeadores, hay que ceñirse a los métodos demostrados científicamente como más eficaces.

  • Tener clara la motivación y el objetivo de dejarlo: mejorar la salud y evitar una adicción.
  • Fijar una fecha para empezar y tirar todo lo que se tenga para vapear.
  • Identificar los momentos, emociones y situaciones que favorecían el vapeo e, inicialmente, evitarlos hasta tenerlos controlados.
  • Buscar ayuda profesional, principalmente, o de familiares y amigos.
  • Consultar con un profesional de la salud sobre el uso de tratamientos de primera línea para el abandono del tabaco (farmacológicos y psicológicos).
  • Romper rutinas y mantenerse ocupado y distraído.
  • Hacer deporte para percatarse de las mejoras físicas que dejar de vapear o de fumar aportan a la salud.
  • Felicitarse por el esfuerzo.

Vapear tiene un impacto directo, rápido y claro sobre la salud

Si se tuviesen que escoger solo cinco razones para dejar de vapear, la primera sería que vapear tiene un impacto directo, rápido y claro sobre la salud. La segunda es que muchos líquidos contienen nicotina, aunque no lo indiquen, ya que no siguen una regulación y control estrictos, con lo que claramente provocan adicción. La tercera razón es que se desconoce el impacto a largo plazo del uso de vapeadores, por lo que, cuanto antes se abandone, mejor. La cuarta razón es el impacto ecológico de los cigarrillos electrónicos, que es cada vez mayor, especialmente en el momento en el que han aparecido los desechables, productos que ya están siendo prohibidos en muchos países. Por último, no ayudan a dejar de fumar, solo favorecen el consumo dual.

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