En el Parque Natural de La Albufera, situado a tan sólo 10 kilómetros de la ciudad de Valencia, se encuentra el que es considerado mayor lago natural de España. Es también uno de los espacios protegidos que más riqueza ecológica alberga, gracias tanto a su hábitat marismeño plagado de arrozales, como a su situación como lugar de paso para multitud de especies de aves durante todo el año.
Surgida hace 1,8 millones de años durante el Pleistoceno, en épocas más recientes los romanos bautizaron a esta enorme laguna costera con el nombre de Nacarum Stagnum (Lago de Nácar), según se intuye por los reflejos irisados que desprende al atardecer. Sin embargo, serán los árabes de Al-Ándalus, muy presentes en la zona de Levante durante la Baja Edad Media, los que se encargarán de darle su nombre definitivo: al-buhayra – o pequeño mar, en castellano -.
Zona cero medioambiental
Ha pasado más de un mes desde la riada y cuatro personas aún no han sido encontradas. Mientras prosigan las labores de rastreo, todas las actividades que se desarrollaban en este espacio natural se encuentran suspendidas, una situación que afecta especialmente a la comunidad de pescadores de la zona, aunque también ha contribuido a ralentizar los trabajos de limpieza y recuperación.
La magnitud de la tragedia humana, la mayor que se recuerda en la historia reciente de España, ha dejado en segundo plano a la catástrofe medioambiental, cuya verdadera dimensión comienza ahora a descubrirse. La Albufera de Valencia, un ecosistema de incalculable valor ecológico, se ha convertido también en una de las grandes víctimas de la catástrofe provocada por la DANA.
La «zona cero medioambiental«, el lugar que recibió de lleno el impacto de la riada. El límite norte de la Albufera, es un espacio ocupado mayoritariamente por arrozales, y que está delimitado por la autovía V-31, conocida como Pista de Silla, que conecta la ciudad de Valencia con la comarca de L’Horta Sud. Esta carretera marca la frontera del parque natural, y junto a ella, en la margen urbana, se levantan numerosos centros comerciales y polígonos industriales, que han escupido miles de toneladas de residuos sobre los arrozales.
Las labores de limpieza del espacio natural comenzaron en los primeros días de noviembre, impulsadas sobre todo por acciones puntuales de voluntarios, pero el ritmo desde entonces ha sido muy lento, ya que los esfuerzos iniciales se han centrado en atender la emergencia más humana, la de las zonas urbanas arrasadas. Aunque las circunstancias parecen haber dado un ligero respiro, porque ahora un grupo de militares está retirando la basura más voluminosa de los arrozales.
Residuos potencialmente peligrosos
Sin embargo, lo que más preocupa no son este tipo de residuos, sino aquellos que apenas se pueden ver. Hay lubricantes, disolventes, hidrocarburos, productos de mecánica, productos de limpieza, componentes de actividades industriales que muchas veces no sabes ni qué son, pero tienen pictogramas de riesgo para el medio acuático, y luego, sobre todo, lo que destaca muchísimo son productos farmacéuticos, el agua está negra en muchos puntos, y según va evaporándose o filtrándose al terreno, vemos que el sedimento que deja es de un color muy oscuro, por lo que cabe pensar que se trata de productos de una afección muy seria. Estamos hablando en todo caso de residuos potencialmente peligrosos.
Además de estos vertidos más o menos líquidos, hay miles de pequeñas dosis de medicamentos que han quedado esparcidas a lo largo de kilómetros, y que se han integrado en el terreno. Su retirada se antoja ya prácticamente imposible, si no es con una limpieza profunda que requeriría de un ingente esfuerzo material y económico.
Esto no es un trabajo de gestión de un espacio natural como el que teníamos antes de la DANA. Esto ha sido una catástrofe medioambiental cuyo alcance no debe ser minimizado, y lo primero que requiere es juntarse todos porque es algo que se nos escapa si lo afrontamos por separado, las tres administraciones -Ayuntamiento de Valencia, Generalitat y Gobierno central se tienen que coordinar con universidades y colectivos como agricultores, pescadores y ambientalistas para consensuar unas medidas cautelares y de urgencia.
Después, en una segunda fase, es necesario emitir un diagnóstico único que diga dónde estamos y cómo proceder, con actuaciones a corto, medio y largo plazo. Además, tomando como base ese diagnóstico.
No se pueden hacer las cosas deprisa y corriendo, intentar quitar solo lo gordo, y asumir que la Albufera va a ser un parque basural en las próximas décadas donde vayan saliendo en el marjal norte de vez en cuando residuos o haya zonas donde no se pueda cultivar el arroz.
Uno de los tres grandes humedales de España
La Albufera de Valencia está considerada como uno de los tres grandes humedales de España, junto con Doñana y el Delta del Ebro; y abarca una superficie de aproximadamente 21.000 hectáreas, de las que la mayor parte —unas 15.000— están ocupadas por campos de arroz. Durante las últimas décadas, este espacio natural se ha enfrentado a una intensa presión humana debido a la urbanización, el turismo y la expansión agrícola e industrial en sus alrededores, lo que ha provocado una contaminación del agua, además de la degradación de sus ecosistemas, entre otros efectos negativos. La DANA del pasado 29 de octubre puede suponer el golpe de gracia ante esta situación crónica de debilidad.
Sin embargo, hay un factor importante que puede ayudar en el proceso de reparación: los humedales se caracterizan por su gran capacidad de resiliencia, lo que les permite amortiguar las presiones medioambientales que se ejercen sobre ellos, además de recuperarse con mayor rapidez.
Pero todo tiene un límite y esa recuperación no va a suceder sin un trabajo muy duro por parte de las administraciones, de la gente que vive allí, de las empresas y de todo el mundo. La Albufera de Valencia como humedal es capaz de rebotar, porque los humedales son ecosistemas muy agradecidos.
Lo que ha pasado no es simplemente una riada, porque ha tenido una fuerza extraordinaria de remoción de sedimentos, y ha cambiado la piel de la Albufera de Valencia, por decirlo así, removiéndolo todo tanto en la tierra como en el agua. La Albufera de Valencia es un lago que ya estaba contaminado, incluso por metales pesados de las industrias cercanas. Entonces, cualquier movimiento como el de la DANA, vuelve a poner de forma disponible esos residuos que estaban muy quietos en el fondo.
Además, a eso se le suma toda la contaminación que ha podido llegar no solo de los coches, que es la más escandalosa, sino de todo tipo de sustancias industriales, de las propias baterías de los coches, líquido de frenos y después, todos los productos químicos que había en las empresas.
El barranco del Poyo no desemboca en el mar, sino que lo hace en el lago de la Albufera de Valencia
Los residuos de la DANA más voluminosos han quedado diseminados en el cauce de esta rambla y en las proximidades de su desembocadura, especialmente en la zona de Catarroja y Massanassa. Aunque en menor medida, los restos arrastrados por la riada también han llegado a la laguna, pero la capacidad natural de laminación de este humedal ha amortiguado su impacto.
Además, hay otro nivel de contaminación, que son todos los residuos que han alcanzado el Mediterráneo por el cauce nuevo del Turia. Los de mayor peso han quedado en el cauce y en la desembocadura de este río, mientras que los elementos flotantes salieron a mar abierto, aunque las corrientes después los devolvieron a la costa. Las playas aparecen ahora cubiertas por millones de metros cúbicos de basura, especialmente residuos vegetales, a lo largo de unos 30 kilómetros, desde el sur de la ciudad de Valencia hasta Cullera, e incluso más allá.
Las playas de la Albufera de Valencia son hábitats esenciales para los sistemas de dunas que actúan como barreras naturales frente a la erosión costera. Estas formaciones de arena también proporcionan refugio para especies de flora y fauna autóctonas. Todo este sistema dunar está protegido, primero porque son hábitats representativos de alto valor de conservación, y segundo porque dan refugio a especies amenazadas, como el chorlitejo patinegro. Además, puntualmente, son lugares de nidificación de tortuga marina.
La cantidad de residuos plásticos que han llegado a la playa es mucho menor que en otros sitios, y que, al tratarse sobre todo de residuos vegetales, no se ha producido un gran daño sobre esos ecosistemas de alto valor.
Sobre el efecto global de la DANA en la Albufera de Valencia, ha causado un impacto tremendo a nivel de residuos y de contaminación; aunque aparentemente no va a haber un gran problema en ese sentido, porque el agua ha fluido mucho, ha entrado mucho contaminante pero muy disuelto.
El servicio ecosistémico que prestan los humedales, ya que nos aportan seguridad y reducen los daños de las catástrofes. Cuando la riada llega a la Albufera de Valencia, de repente se encuentra con miles de hectáreas sobre las que extender el agua, lo que reduce mucho la velocidad y también alivia el caudal circulante aguas arriba, como por ejemplo los pueblos del sur del parque, como El Saler, Pinedo o El Palmar, que prácticamente ni se han enterado.
Parón en la pesca
En uno de estos pueblos, El Palmar, se encuentra una de las cofradías de pescadores más antiguas de España, cuya fundación se remonta al siglo XIII. La pesca que practican es una actividad considerada como artesanal, y está integrada plenamente en el parque natural.
Los pescadores de El Palmar, especializados en la captura de especies como la anguila, el mújol o el cangrejo azul, llevan ya más de un mes sin poder desarrollar su actividad profesional, aunque en este caso el parón no se debe directamente al impacto medioambiental de la DANA, sino a las labores de búsqueda de desaparecidos que se están llevando a cabo en el lago.
La temporada de la anguila, una de las más esperadas del año, arrancaba el pasado el día 1 de noviembre, después del levantamiento de la veda, pero ellos aún no han podido comenzar a pescar este pez, por lo que de momento se han quedado sin una de sus principales fuentes de ingresos.
Sobre el impacto medioambiental que ha podido sufrir el lago y la fauna acuática, la secretaria de los pescadores de El Palmar asegura que no tenemos aún información de nada, aunque expone que por su cuenta sí que han hecho analíticas, y salen dentro de los parámetros aceptables para el consumo humano.
La Albufera de Valencia no se puede tratar como un vertedero más. Es un lago de máxima protección internacional, y antes de la riada ya estaba sufriendo con los vertidos, pero ahora esta situación se ha puesto imposible, sobre todo en la zona donde desemboca el barranco del Poyo.
Todo el lodo que ha bajado por el barranco se va a asentar en la Albufera de Valencia, ya no se va a ir, y hay que limpiarlo, hay voces que apoyan el dragado del lago y voces que se oponen,.
Arrozales amenazados
La crecida de las aguas originada por la riada, unida al temporal de viento que asoló la zona durante el fenómeno meteorológico, dañó gravemente las motas, que son las masas de tierra que en este caso separan el lago de los campos de cultivo, actuando como barrera protectora.
A finales de octubre, después de la cosecha, los agricultores inundan sus campos de arroz de agua , y permanecen así hasta que esta se desembalsa para volver a plantar el cereal, en febrero o marzo. Ahora, el agua del arrozal, cuyo nivel es muy superior al habitual debido a la DANA, contrarresta la presión ejercida por el lago.