Hormigón: sí o sí hay que reducir la ‘demanda’ de este ‘material contaminante’

Hormigón: sí o sí hay que reducir la ‘demanda’ de este ‘material contaminante’

 

El proceso de fabricación del hormigón implica calentar las materias primas, incluidos el cemento, el agua y los áridos, a altas temperaturas, lo que libera CO2 a la atmósfera. Según la Agencia Internacional de la Energía, la industria cementera es responsable de alrededor del 8% de las emisiones mundiales de CO2, ocupando el tercer lugar por debajo de la producción de energía y el transporte.

Además, la fabricación de hormigón también contribuye a la contaminación del agua. En su fabricación se emplean productos químicos, como óxido de calcio e hidróxido de calcio, que pueden ser perjudiciales para la vida acuática si se vierten en los cursos de agua.

Adicionalmente, la extracción de materias primas para el hormigón, como arena, grava y piedra caliza, puede provocar la destrucción del hábitat y el desplazamiento de la fauna. Por si fuera poco, el hormigón es un material no biodegradable, lo que significa que no se descompone de forma natural en el medio ambiente, y es el principal responsable del efecto isla de calor, que aumenta la temperatura en las ciudades.

Basta ya de hormigón

El hormigón ha vuelto a saltar a los medios recientemente debido a los elevados precios pagados por la Generalitat Valenciana a constructoras implicadas en casos de corrupción. Es un material que, al utilizarse principalmente en construcción, se ha asociado históricamente a escándalos políticos, la burbuja de la vivienda o proyectos urbanísticos fallidos.

Además de estas controversias, este material conlleva grandes impactos ecológicos y sociales. Un nuevo informe de Ecologistas en Acción analiza su producción y uso, sus consecuencias y las alternativas necesarias para transformar el sector.

Hormigón supercontaminante

La producción de cemento, uno de los principales componentes del hormigón, es responsable del 7 al 8% de emisiones de CO₂ a nivel mundial. Su descarbonización es compleja, según refleja el informe, ya que además de las emisiones de las fuentes energéticas utilizadas, se suman las de los procesos químicos de su fabricación, más difícilmente evitables.

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Además, la extracción de materias primas de las canteras causan pérdida de hábitats, y la elevada necesidad de agua para su producción lleva al estrés hídrico, llegando a alcanzar un 9% de extracciones de agua industrial en el mundo. En la península, la localización de las fábricas en zonas que ya cuentan con poca disponibilidad de agua, como el Levante o el sur, puede aumentar la escasez de este recurso.

Provoca todo tipo de problemas

En el Estado español el consumo de hormigón se reparte en un 44% para obra pública y en un 56% para edificación residencial y no residencial. Su uso desmedido ha alimentado la especulación y el urbanismo insostenible. En zonas como las urbanas, donde hay mucha concentración de hormigón, el material causa islas de calor al retenerlo por el día y liberarlo por la noche, acrecentando los efectos del calentamiento global.

También impermeabiliza el suelo, impidiendo la absorción de agua en el terreno y los acuíferos y agravando las inundaciones causadas por fenómenos como la DANA, que serán cada vez más frecuentes por el cambio climático.

Menos demanda para que el cambio sea real

Frente a los problemas del sector, el informe concluye que hay que repensar los usos y apostar por un nuevo modelo, donde es necesario no solo realizar modificaciones a los procesos productivos para lograr la descarbonización, sino una disminución de la demanda.

Entre las alternativas propuestas se encuentran la rehabilitación de edificios existentes, el uso de materiales ecológicos y una planificación urbana enfocada en la regeneración de espacios en lugar de la expansión descontrolada.

El informe advierte que, sin una reducción de la demanda de hormigón, será imposible alcanzar los objetivos climáticos ni frenar los daños ambientales y sociales que provoca este sector. Y defiende que, en definitiva, es necesario un cambio de modelo desde otros ámbitos: social, laboral y económico que ponga la vida en el centro.

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