Expertos apuntan a la certificación como palanca diferenciadora del hidrógeno verde en Chile

  • Empresa y autoridades convocados en la más reciente versión del encuentro “Hyvolution” en Chile, enfatizaron la necesidad de avanzar hacia esquemas reconocidos globalmente.

 

La certificación del hidrógeno verde se ha convertido en una pieza clave en la industria que puede determinar qué países y empresas logran convertirse en exportadores relevantes en la próxima década, coinciden expertos del sector público y privado. Al tratarse de una industria relativamente nueva, se vuelve esencial homologar conceptos y evitar una torre de Babel  que frene el despegue del mercado.

En el marco del tercer Congreso Internacional del Hidrógeno Verde “Hyvolution”, la jefa de la división de Planificación y Desarrollo del Ministerio de Energía, María Helena Lee, dijo que Chile lleva camino avanzado puesto que el tema de la certificación ha sido abordado desde el inicio de la estrategia nacional en 2020. 

“El Estado debe garantizar un marco regulatorio robusto y fijar parámetros de certificación, apuntando a cumplir los estándares más altos de sustentabilidad. En Chile lo estamos abordando a través de un análisis de los requerimientos de otros países y jurisdicciones, teniendo a la vista qué es necesario para avanzar y permitir la apertura de los mercados, no limitarlos”, señaló Lee.

Los mercados de destino de esta molécula, especialmente en la Unión Europea, Japón y Corea del Sur, exigen pruebas verificables de que la producción se basa efectivamente en energías renovables. Sin certificación, un exportador puede quedar fuera de contratos o enfrentar precios más bajos.

En Chile, según los datos más recientes, existen 75 proyectos de hidrógeno verde en desarrollo, según información de la Asociación Chilena del Hidrógeno y la Universidad Adolfo Ibáñez. Entre ellos destaca el proyecto INNA de AES Andes, que busca producir hidrógeno y amoníaco verde mediante energía solar y eólica en Taltal, Antofagasta, con una inversión de 10 mil millones de dólares.

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Paulo Emilio Valado, chairman de IPHE -una alianza intergubernamental cuyo objetivo es facilitar y acelerar la transición hacia sistemas energéticos limpios- dijo que uno de los principales obstáculos que enfrenta la industria es armonizar los términos y palabras que se utilizan para los procesos.

“Hay un obstáculo bastante claro que es la terminología. Los diferentes países tratan el tema del hidrógeno con términos diferentes. A veces la misma palabra es usada con un significado diferente, entonces se vuelve fundamental hacer una armonización. (…) El  IPHE tiene un documento con definiciones claras para diferentes procesos que son utilizados en la industria”, señaló.

Para Karin Eggers, Jefa de ESG de KPMG en Chile, la certificación debe ser entendida como una palanca que de confianza e impulse las exportaciones, añadiendo valor local y atributos diferenciadores.

“La certificación no se trata solo de atributos verdes, sino también de los sociales, éticos, de la transparencia, del concepto de producir sin causar daño. Todo eso genera valor y permite que el hidrógeno verde sea una palanca también para un desarrollo inclusivo en los territorios”, refirió.

En algunos mercados, como la UE, sólo el hidrógeno que cumpla con criterios estrictos de emisiones puede, por ejemplo, beneficiarse de incentivos. Nuria Hartmann, Manager Strategy de la firma de consultoría técnica y estratégica HINICIO, el punto de partida de cualquier proyecto debería ser definir a qué mercado estará destinada la  molécula de hidrógeno.

“La certificación es una herramienta clave para esta molécula en mercados regulados.(…) Países como Chile deberían buscar atributos diferenciadores que enriquezcan la performance sostenible”, enfatizó.