En ‘Los Ángeles’ California el vecindario son los fuegos forestales

Cuando compramos una casa, evaluamos el vecindario. En ‘Los Ángeles’ (California) el vecindario son los fuegos forestales

 

Han sido días horribles para el sur de California, los voraces incendios han arrasado con todo a su paso, muertes, miles de evacuados y más de diez mil estructuras destruidas. Los investigadores estan considerando una serie de posibles fuentes de ignición para los enormes incendios forestales.

En las exclusivas colinas de Pacific Palisades, hogar de estrellas de Hollywood como Jamie Lee Curtis y Billy Crystal — quienes perdieron casas a causa del fuego —, los funcionarios han situado el origen de las llamas que fueron avivadas por los fuertes vientos detrás de una casa en Piedra Morada Drive, sobre un arroyo con una gran densidad de árboles.

3 aspectos determinantes:

Los vientos de Santa Ana

Tal vez la principal razón por las que los bomberos no han podido contener el fuego en Los Ángeles tiene nombre de santa: los vientos de Santa Ana, que de acuerdo con las autoridades han alcanzado hasta 161 kilómetros por hora en las zonas de los incendios forestales.

Por su parte, una publicación del Servicio Nacional de Meteorología (SNM) estadounidense anota que estas regiones son generalmente secas y desérticas, lo que significa que allí se generan vientos secos que fluyen de este a oeste y llegan a California carentes de humedad.

Falta de agua

Uno de los problemas que han señalado los bomberos que luchan contra las llamas ha sido el sistema de suministro de agua. Debido a que no hay apoyo aéreo por los vientos y el humo, los bomberos se han visto obligados a servirse únicamente del sistema de hidrantes o bocas de incendios urbanos para controlar el avance de las llamas.

Los bomberos se quedaron sin agua debido a que la demanda era mucho mayor que la velocidad con la que se podía reabastecer el tanque. Y el fuego seguía imparable.

Las decisiones estatales sobre la distribución del agua no fueron la causa de los fallos en los hidrantes, dijeron, ni tampoco la falta de suministro general en la región.

Los tanques de agua en Los Ángeles están diseñados para combatir incendios localizados en casas, no en espacios abiertos.

El problema no es que no hay suficiente agua en el sur de California, el problema es que no hay suficiente agua en esa zona particular del sur de California en las pocas horas que se necesita para combatir los incendios.

El apoyo aéreo es crítico para combatir el fuego y, lamentablemente, el viento y la visibilidad del aire lo impiden.

Sequía y cambio climático

Una de las razones detrás de la ferocidad de los incendios en Los Ángeles está relacionada con lo que los científicos denominan «latigazo meteorológico«.

Si bien los poderosos vientos de Santa Ana son el componente clave en el impulso de los incendios forestales, las condiciones extremadamente secas han hecho que la vegetación local sea muy vulnerable a los fuegos forestales.

La vegetación creció rápidamente en los años húmedos, pero ahora esta vegetación abundante está seca y es más proclive a quemarse.

El cambio climático ha aumentado este tipo de condiciones de «latigazo» a nivel mundial entre un 31% y un 66% desde mediados del siglo XX.

Con el planeta calentándose, esto significa que el ritmo de aumento de este ‘latigazo’ se está acelerando en muchas regiones del mundo, no solo en California.

Pacific Palisades

Las llamas se propagaron a una velocidad aterradora. Cuando los residentes del barrio Pacific Palisades, al oeste de Los Ángeles, comenzaron a ver humo elevándose desde las colinas frente a sus casas en la mañana del 7 de enero, el incendio ya tenía una extensión de alrededor de 4 hectáreas.

En 25 minutos había crecido hasta cubrir un área de más de 80 hectáreas, y en las horas siguientes, el incendio se extendió, envolviendo casas, teatros, restaurantes, tiendas, escuelas y comunidades enteras.

A primera hora de la mañana del 9 de enero, el incendio de Palisades ya cubría un área de 6.800 hectáreas y, junto con los otros incendios que se generaron en el área de Los Ángeles, se convirtió en uno de los peores incendios en la historia de la ciudad, de acuerdo con el meteorólogo jefe de AccuWeather, Jonathan Porter.

Se están desestacionalizando los ‘grandes incendios’ más a menudo

El fuego forma parte de la vida de los californianos desde hace décadas, pero en los últimos años los incendios han aumentado en probabilidad y extensión quemada. El episodio actual ha sorprendido además por el momento del año en el que ha tenido lugar, tan lejos de la temporada alta de verano.

«No es habitual que haya incendios así de catastróficos en enero«, explica Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería Forestal de la Universitat de Lleida y experto en estos fenómenos. «Los incendios se están desestacionalizando cada vez más», señala, un efecto del cambio climático.

El calentamiento global no prende la llama, pero sí que crea las condiciones idóneas para que el fuego se extienda, al generar un clima más seco y cálido. Si a eso se suman otras características naturales, como el viento o un ecosistema mediterráneo proclive a las llamas y otras humanas, como la ordenación del territorio, la tormenta perfecta está servida.

Incendios forestales: la regla del 30: vientos de 30 km/hora, 30% humedad y 30 °C

«En California, específicamente la zona de Los Ángeles, se viven unas condiciones geográficas y en esta ocasión también atmosféricas, que han favorecido el desastre que se está produciendo», ha explicado el geógrafo y director del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante, Jorge Olcina. Se ha dado, señala, «un cóctel bastante completo de hechos que magnifican el desastre, junto con la ocupación humana».

El sur de California lleva años inmerso en una sequía acuciante. En el centro de Los Ángeles apenas han caído cuatro milímetros de lluvia desde el pasado mayo, lo que ha hecho de este periodo el segundo más seco desde que hay registros, según el Servicio Nacional de Meteorología de EE. UU.

A esto se ha sumado la llegada de los vientos de Santa Ana, un viento procedente del desierto «muy fuerte y muy rápido», según Resco, que provoca la multiplicación de focos secundarios por el lanzamiento de brasas a grandes distancias. Estos vientos también aumentan la velocidad y hacen que el fuego sea muy difícil de extinguir, tanto por las condiciones del incendio, como por la propia seguridad de los equipos, detalla este experto.

En este caso, el viento ha alcanzado velocidades extremas, propias de un huracán, de hasta 159 kilómetros por hora. Se trata de algo así como un «secador atmosférico» para la vegetación.

En este vídeo Daniel Swain explica lo sucedido, es climatólogo de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA)

Una vez que salta la chispa, el fuego «se difunde a gran velocidad cuando se da la regla del 30», apunta Olcina. Esto es: vientos de más de 30 kilómetros por hora de velocidad, un porcentaje de humedad inferior al 30% y temperaturas por encima de 30 grados Celsius. En este caso, las dos primeras condiciones se han cumplido con creces, mientras que la temperatura ha estado por debajo al tratarse del invierno.

California, como la mayor parte de España, tiene un clima mediterráneo. «Y en estas zonas estamos viendo que las precipitaciones están siendo cada vez más irregulares, con eventos de sequía que son muy intensos y favorecen el desarrollo de potentes incendios forestales«, según el profesor de la Universidad de Alicante. Pone de ejemplo que para abastecer de agua el sur del Estado se tuvo que construir una desaladora en San Diego, a pesar de las grandes cantidades de agua que almacenan las Montañas Rocosas.

El problema de vivir ‘de construir horizontalmente’

Pero aunque el cambio climático te da ‘más números en la lotería’ de sufrir un incendio forestal, el hecho de que sea catastrófico lo provocan los «problemas con la ordenación del territorio», según Resco.

En Estados Unidos, así como en otros países castigados por el fuego como Canadá o Australia, la población vive por lo general «de una manera horizontal», es decir en casas, y no en pisos, como ocurre mayoritariamente en España.

Estas zonas con una densidad de población intermedia son «susceptibles a sufrir el frente» del incendio, al situarse cerca de zonas naturales donde se suele iniciar el fuego, y una vez este ya ha comenzado, además, se propaga fácilmente de casa en casa y de jardín en jardín. Al no tratarse de casas aisladas en el monte con poca población, ni de ciudades compactas más protegidas, el balance en destrucción humana es más trágico una vez que llega el fuego.

Un ejemplo claro de esto se vio en el trágico incendio de la región de Ática en Grecia en 2019, donde el fuego acabó con la vida de más de cien personas en una zona con este tipo de urbanismo.

Los indios norteamericanos ya hacían quemas controladas

Para prevenir estos fuegos tan difíciles de apagar, la solución a veces pasa por mirar a la sabiduría ancestral. En esta zona proclive a los incendios, los indios norteamericanos consiguieron «domesticar el fuego» y convertirlo en un aliado, con técnicas como quemas prescritas o controladas, en las que «recreaban» artificialmente un incendio natural, para así proteger sus poblados o cultivos, explica el especialista de la Universitat de Lleida.

Este saber «ha desaparecido», y aunque ahora hay iniciativas similares, «siguen sin ser de la escala que se necesita». «Nosotros no podemos elegir si va a haber fuego o no, pero podemos elegir el tipo de incendio«, recuerda.

A esto se suman las políticas urbanísticas y de ordenación del territorio. Resco recuerda que, en España, existe un mapa de zonas inundables, cuya importancia se ha evidenciado con la dana de Valencia, pero «a día de hoy seguimos sin disponer de un mapa de zonas inflamables», por lo que desconocemos el riesgo a la hora de comprar una casa o irnos de vacaciones.

¿Tiene sentido reconstruir, si va a volver a arder más pronto que tarde?

También pone el foco en la reconstrucción. «Si vamos a hacer las cosas como las hemos estado haciendo hasta ahora, vamos a seguir sufriendo los mismos problemas», señala, un ejemplo que vale para California, donde muchas zonas se queman año tras año, como para nuestro país.

Muchas aseguradoras ya han renunciado a seguir cubriendo los desastres en California, especialmente tras los destructivos fuegos de 2017 y 2018. Entre 2020 y 2022, las compañías de seguro declinaron renovar 2,8 millones de pólizas del hogar en este Estado, más de 500.000 en el condado de Los Ángeles, epicentro del fuego, según el Departamento de Seguros de California.

Una de las zonas donde más pólizas se han suspendido es en Pacific Palisades, uno de los lujosos suburbios arrasados por el fuego. Precisamente por el valor de las propiedades calcinadas, entre otros motivos, los primeros cálculos del coste de estos fuegos, como el de la empresa de meteorología Accuweather, ya lo sitúan entre 135.000 y 150.000 millones de dólares.

Cabe reflexionar acerca de si vale la pena reconstruir, en gran parte con dinero público, Malibú y otras zonas que se iban a volver a quemar. Cada expansión urbana en terrenos que ya antes de la llegada de los colonos europeos ardían frecuentemente solo añadía combustible a futuros fuegos, además de aumentar la segregación social, denunciaba.

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