En un contexto global marcado por la urgencia de reducir emisiones, el país busca consolidar su liderazgo en energías limpias y, especialmente, en el desarrollo del hidrógeno verde, una de las tecnologías más prometedoras para la descarbonización industrial.
De acuerdo con la comunidad científica internacional, la temperatura promedio del planeta ya aumentó 1,2 °C respecto a los niveles preindustriales. Si las tendencias actuales continúan, el siglo podría cerrar con un incremento superior a 2,5 °C, con efectos irreversibles sobre ecosistemas, economías y comunidades. En Chile, la crisis climática se manifiesta con una sequía prolongada, el retroceso de glaciares y una creciente escasez hídrica que impacta particularmente a la industria minera del norte.
Frente a este escenario, los sectores minero y energético han asumido un rol protagónico en la transformación. La minería chilena —motor económico del país— se ha visto desafiada a reducir su huella de carbono y a garantizar el suministro responsable de minerales esenciales para la transición energética global, como el cobre y el litio.
En paralelo, el sector energético ha logrado un cambio estructural: más del 60% de la generación eléctrica nacional proviene ya de fuentes renovables, y el país encabeza el desarrollo de más de 60 proyectos de hidrógeno verde en distintas etapas. Esta tecnología se proyecta como una herramienta clave para reemplazar combustibles
Una apuesta por la descarbonización desde el norte
Uno de los proyectos más emblemáticos de esta nueva etapa es INNA, desarrollado por AES Andes en la comuna de Taltal, Región de Antofagasta. Con una inversión estimada en US$10.000 millones, INNA producirá anualmente 100 mil toneladas de hidrógeno verde y 650 mil toneladas de amoníaco verde, ambos obtenidos a partir de energía 100% renovable.
Gracias a su ubicación estratégica en el corazón minero del país, el proyecto apunta a acelerar la descarbonización de la minería, ofreciendo una alternativa limpia y local al consumo de combustibles fósiles. Su operación permitirá evitar la emisión de alrededor de 1,5 millones de toneladas de CO₂ al año, equivalente a sacar 350 mil autos de circulación, consolidándose como una de las iniciativas de energía sostenible más relevantes de Sudamérica.
Durante la conmemoración del Día Mundial contra el Cambio Climático, volvió a ponerse sobre la mesa uno de los principales compromisos del país: la carbono neutralidad al año 2050, meta fijada en la Estrategia Climática de Largo Plazo impulsada por el Gobierno.
El desafío climático se ha convertido en una exigencia inmediata para todos los sectores productivos. En ese contexto, el hidrógeno verde aparece como una de las respuestas más concretas y prometedoras para avanzar hacia una economía baja en carbono.
Con su potencial para reemplazar combustibles fósiles y descarbonizar industrias intensivas, esta tecnología podría posicionar a Chile como un referente mundial en energía limpia y desarrollo sostenible, combinando crecimiento económico, innovación y compromiso ambiental.
.
