- Con condiciones únicas de radiación solar y vientos, Chile avanza en su meta de convertirse en hub global de hidrógeno verde, apoyado por grandes proyectos como INNA, en la región de Antofagasta, y un nuevo marco regulatorio.
Chile está dando pasos firmes para consolidarse como uno de los líderes mundiales en la producción de hidrógeno verde. Gracias a su geografía privilegiada, con la mejor radiación solar del planeta en el norte y los vientos más intensos en el extremo sur, nuestro país tiene condiciones únicas para producir esta energía renovable y competitiva, clave en el camino hacia la descarbonización global.
Así lo señaló Luis Sarrás, vicepresidente de Desarrollo de Negocios e Hidrógeno Verde de AES Andes, en el programa Transformación Clave de Radio La Clave:
“Chile tiene una tremenda capacidad para producir hidrógeno verde, básicamente porque cuenta con la mejor radiación del mundo y los mejores vientos. Esa combinación hace mucho más eficiente la producción y nos convierte en un actor estratégico en esta nueva industria”.
El hidrógeno verde se genera a partir de energías renovables, y permite almacenar la energía en moléculas en lugar de electrones. Esto lo convierte en un vector energético versátil para industrias difíciles de descarbonizar, como la minería, el transporte marítimo y la producción de acero. Para hacerlo transportable, puede transformarse en amoníaco verde, una molécula estable que facilita su traslado a grandes distancias y que incluso puede utilizarse directamente como combustible en barcos.
En este contexto, AES Andes impulsa INNA, uno de los proyectos más ambiciosos en la materia. Con una inversión estimada de US$10.000 millones, INNA se emplazará en la zona de Taltal, donde confluyen el acceso al mar, líneas de transmisión eléctrica y recursos renovables de primera categoría.
“Este proyecto no solo contribuirá a descarbonizar la minería y el transporte marítimo, sino que también diversificará las exportaciones de Chile, aportará más de 5.000 empleos en su etapa de construcción y cerca de 600 empleos permanentes de calidad”, destacó Sarrás.
El dinamismo de esta industria también se refleja en el creciente despliegue de soluciones de almacenamiento energético. Según un nuevo informe de Fitch Ratings, las principales generadoras de energía del país están apostando fuerte por los sistemas BESS (Battery Energy Storage Systems). Entre 2025 y 2027, estas inversiones superarán los US$2.500 millones, sumando 2,4 GW de nueva capacidad, lo que permitirá una mayor flexibilidad y respaldo para el desarrollo del hidrógeno verde.
Además, el marco regulatorio comienza a adaptarse a este nuevo escenario. Hace unos días, el Ministerio de Hacienda ingresó a la Cámara de Diputados el Proyecto de Ley de Fomento a la Industria del Hidrógeno Verde (H2V). La iniciativa contempla un crédito tributario transitorio de hasta US$2.800 millones para empresas que adquieran hidrógeno verde o sus derivados a productores locales, fomentando la demanda y atrayendo nuevas inversiones.
El ejecutivo enfatizó que iniciativas como INNA están plenamente alineadas con las políticas públicas nacionales y con las metas globales de reducción de emisiones.
“El hidrógeno es una de las formas más efectivas de combatir el cambio climático. Lo que hoy parece ambicioso será en pocos años una realidad indispensable, tal como ocurrió con las energías renovables, que hace 15 años muchos consideraban una utopía”, agregó el vicepresidente.
Con proyectos de esta envergadura, Chile reafirma su vocación de ser un hub energético verde para el mundo, aprovechando al máximo sus ventajas naturales y aportando a un futuro sostenible para las próximas generaciones.
