Energía renovable desperdiciada: el costo de la inacción

En una columna publicada en Ex-Ante, el exministro de Medio Ambiente, Marcelo Mena, advierte que Chile desperdició en 2024 más de 5.900 GWh de energía solar y eólica por falta de transmisión, suficiente para abastecer a 2,2 millones de hogares. 

Chile se comprometió a alcanzar la carbono neutralidad al 2050, pero mientras el mundo acelera la transición hacia energías limpias, el país enfrenta una paradoja: pierde la energía renovable que ya produce. Según cifras recientes, en 2024 se desperdiciaron 5.908 GWh de energía solar y eólica debido a la insuficiente infraestructura de transmisión, equivalentes al 20% de toda la generación renovable nacional.

El exministro del Medio Ambiente, Marcelo Mena, advierte que este problema no es técnico sino político. “Cada MWh renovable que se pierde en el norte significa más centrales fósiles encendidas en el centro, más contaminación en ciudades saturadas y más tiempo perdido en la carrera global”, señala.

En ese escenario, la construcción de la línea HVDC Kimal–Lo Aguirre se ha convertido en el proyecto decisivo. Se trata de la primera línea en corriente continua de alta tensión del país, capaz de trasladar un 50% más de energía que la proyectada en HidroAysén, conectando el potencial solar del desierto con los centros de consumo y producción del centro del país.

Para Mena, esta iniciativa no es un proyecto más, sino “la arteria que conecta nuestro potencial renovable con la vida cotidiana de millones de personas y con la capacidad de acelerar nuestro crecimiento económico”. Asegura además que su impacto es mayor que cualquier ley destinada a obligar el cierre de termoeléctricas, pues su puesta en marcha permitirá disponer de energía más barata y competitiva, un factor clave para sectores intensivos como la minería, la agroindustria y la manufactura.

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El desafío no solo tiene una dimensión interna, sino también externa. Europa ya aplica el Mecanismo de Ajuste de Carbono en Frontera (CBAM), que exige trazabilidad de emisiones en los productos importados. Si Chile no logra demostrar que su cobre, litio y alimentos se producen con energía limpia, podría perder acceso a mercados de alto valor.

El exministro plantea que la fórmula para avanzar no es secreta —“proporcionalidad, eficiencia y urgencia”—, pero advierte que lo que falta es voluntad política. Recuerda que la última gran línea de transmisión se ejecutó en el segundo gobierno de Michelle Bachelet, cuando se priorizó la evaluación de impactos reales por sobre observaciones arbitrarias que hoy, asegura, dilatan los proyectos.

“El país debe elegir: o ser coherente con su promesa de carbono neutralidad y abrir mercados para su producción limpia, o seguir atrapado en la contradicción de perder energía renovable mientras declaramos que queremos un futuro verde”, concluye Mena.