Chile y su oportunidad verde: del potencial energético a la acción política

Chile está viviendo una transformación energética profunda. Hace solo una década, unas pocas empresas concentraban más del 90% de la generación eléctrica. Hoy, más de 50 actores compiten en el mercado y el 70% de la energía proviene de fuentes renovables. Este cambio, como destaca Clemente Pérez, Abogado y Máster en Políticas Públicas en una reciente columna publicada en Diario Financiero, ha convertido al país en un referente regional y ha abierto paso a una nueva ola de industrias estratégicas: almacenamiento energético, desalinización, data centers e hidrógeno verde.

Estas cuatro industrias, —o los “cuatro fantásticos”, en palabras de Pérez— comparten una característica esencial: su desarrollo depende en gran medida del acceso a energía limpia, abundante y competitiva. Y en ese terreno, Chile cuenta con ventajas únicas.

El hidrógeno verde es quizá la más comentada, por su capacidad para ayudar a descarbonizar sectores intensivos en uso de energía como la minería o el transporte marítimo. Un ejemplo de esta apuesta es el proyecto INNA, en la comuna de Taltal, que contempla una inversión cercana a los US$10.000 millones, la generación de más de 5.000 empleos y la producción anual de 100 mil toneladas de hidrógeno verde y 650 mil de amoníaco verde, todo con energía 100% renovable. Su impacto climático es significativo: permitirá evitar la emisión de más de 1,5 millones de toneladas de CO₂ por año, el equivalente a sacar 350.000 autos de circulación.

Pero no es la única industria con proyección. El almacenamiento energético, clave para estabilizar la intermitencia de las energías renovables, también avanza con fuerza, gracias a actores como AES Andes y otras empresas que ya operan sistemas de baterías a gran escala y proyectan nuevas instalaciones en distintas regiones. En paralelo, la desalinización comienza a posicionarse como una solución crítica para el suministro hídrico, especialmente en zonas afectadas por la sequía, y los data centers se proyectan como un polo de inversión digital, aprovechando la competitividad energética y la estabilidad institucional del país.

Ver también:  Realizarán taller educativo gratuito por Día Mundial de la Eficiencia Energética

Aun así, el desarrollo de estas industrias enfrenta un escollo común: la tramitación de permisos. “La permisología es como un monstruo de mil cabezas que se resiste a morir”, advierte Pérez. La lentitud en las evaluaciones, la falta de certeza jurídica y recientes instructivos del Servicio de Evaluación Ambiental que podrían judicializar aún más los proyectos, generan preocupación transversal entre inversionistas y expertos.

Chile tiene todo para convertirse en una potencia regional en energía limpia y tecnologías habilitantes. Pero, como señala Pérez, se requiere un rol más activo del Estado, que facilite y no frene el desarrollo de estas industrias. La modernización del sistema de permisos, la ampliación de las redes de transmisión y la promoción de la demanda para tecnologías emergentes son pasos urgentes para no dejar pasar esta oportunidad.

Porque si una parte de estos proyectos se concreta, el país no solo avanzará en sus compromisos climáticos, sino también en empleo, inversión y cohesión social. El momento es ahora, y el desafío es compartido.