Sembrar en tiempos inciertos: el desafío y orgullo de ser agricultor en Chile hoy

Sembrar en tiempos inciertos: el desafío y orgullo de ser agricultor en Chile hoy

En el Día del Campesino, rendimos homenaje a quienes cultivan la tierra enfrentando sequía, dilemas presupuestarios y transformación. Desafiando acceso a tecnología e inclemencias climáticas el agro chileno siembra futuro. Columna de Andrea Bustos, editora de Diario Frutícola.

Por Andrea Bustos, editora general de Diario Frutícola.-

Cada 28 de julio, Chile conmemora el Día del Campesino, una fecha que más que un acto simbólico, debería ser un grito de reconocimiento. No es fácil trabajar la tierra en estos tiempos. No lo ha sido nunca. Pero hoy en día se requiere coraje, visión y un profundo amor por lo que se hace. Porque ser agricultor en Chile no es simplemente una ocupación. Es un acto de resistencia. Es sembrar esperanza cuando el clima aprieta, cuando el agua escasea, cuando la mano de obra falta y cuando los mercados son cada vez más exigentes y volátiles. 

Andrea Bustos

Los campos de nuestro país han sido moldeados por generaciones de hombres y mujeres que aprendieron del sol, del viento y de la luna. Que se levantan antes que todos, muchas veces sin certezas de cómo será la cosecha, pero con la convicción de que vale la pena sembrar. Ellos, los campesinos, los agricultores, los productores, siguen siendo el alma de la seguridad alimentaria de Chile. Y con mi equipo del diario no lo decimos por romanticismo, sino por datos: más del 70% de lo que consumimos viene de su esfuerzo silencioso… pero ya es momento de divulgarlo, “cacarearlo” como dirían en el campo.

Ahora ser agricultor en Chile es más complejo que nunca. No solo la agricultura familiar campesina enfrenta desafíos estructurales: escasez hídrica, baja asociatividad, dificultades para acceder a financiamiento, falta de relevo generacional. En paralelo, los productores a gran escala y el sector exportador, especialmente el frutícola, navegan entre exigentes estándares internacionales, la presión de los costos, y un escenario climático cambiante.

Pero también es cierto que nunca antes hubo tantas herramientas para transformar esa realidad. La tecnología agrícola, desde la inteligencia artificial aplicada al riego, drones que monitorean cultivos, sensores que anticipan enfermedades, hasta plataformas de trazabilidad, todo está cambiando la forma en que cultivamos. Hoy ya no hablamos solo de sembrar y cosechar. Hablamos de agricultura de precisión, de digitalización rural, de datos que guían decisiones, de economía circular, de bioinsumos, de valor agregado, de sustentabilidad, de trazabilidad, de inocuidad como motor de la competitividad.

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Eso sí, ninguna tecnología reemplaza al agricultor. Lo potencia. Porque la tecnología no reemplaza la experiencia, el criterio ni la conexión con la tierra. Pero sí puede aliviar cargas, anticipar riesgos, mejorar márgenes y facilitar el trabajo, especialmente en contextos donde la mano de obra escasea y la competencia internacional es feroz.

Hoy, el campo necesita no solo recursos, necesita personas. Necesita jóvenes. Hijos e hijas de agricultores que muchas veces ven más futuro en la ciudad, y que debemos reencantar. No para que repitan el modelo de sus padres, sino para que lo transformen, para que lo modernicen, para que se hagan cargo del tremendo potencial que tiene Chile como potencia agroalimentaria sostenible.

El futuro del agro chileno dependerá de nuestra capacidad de atraer talento, de profesionalizar la gestión agrícola, de fortalecer redes, de colaborar entre lo público y lo privado, de creer en el campo como una opción de vida digna y próspera. Ser agricultor no debe ser sinónimo de precariedad. Debe ser sinónimo de innovación, de resiliencia, de liderazgo territorial. Porque eso son: líderes de la tierra.

En este Día del Campesino, no basta con dar las gracias. Hay que mirar con responsabilidad y urgencia lo que significa garantizar la dignidad del trabajo agrícola. Desde el acceso al agua, a la conectividad, al crédito, a la capacitación, al relevo. Y sobre todo, al reconocimiento social que merecen quienes nos alimentan.

Chile no tiene futuro sin agricultores. No hay soberanía alimentaria sin quienes la hacen posible. Por eso, desde este espacio, mi respeto, mi gratitud profunda y mi compromiso como periodista agroalimentaria de seguir visibilizando sus historias, sus dolores y sus sueños.

Feliz Día del Campesino. Que la tierra les siga dando frutos, y que la gente de nuestro país y el mundo les dé, al fin, el valor que merecen.

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