La energía del futuro, descubierta al fondo del mar: tiene vida y produce luz propia

La energía del futuro, descubierta al fondo del mar: tiene vida y produce luz propia

 

Hallan la energía del futuro bajo el mar, tiene vida y produce luz propia. Un descubrimiento a la altura de la nueva fuente de energía que flota cuando llueve. Mientras el mundo sigue enfrentándose a los efectos del cambio climático, 2024 se ha desenvuelto como un año clave de avances significativos en tecnologías verdes que pretenden mitigar el incremento de emisiones y aminorar los efectos ocasionados por el calentamiento global.

Pese a que la humanidad todavía transita un contexto en el que las emisiones de efecto invernadero siguen registrando niveles récord, el desarrollo de energías renovables y tecnologías innovadores en sectores industriales complejos de descarbonizar brindan importantes señales de esperanza.

Pero los compromisos globales de neutralidad de emisiones tomados para mediados de siglo no son suficientes para poner fin al difícil escenario del planeta. Las acciones concretas no llegan a cubrir lo necesario. No obstante, los avances tecnológicos, junto con el despliegue acelerado de energías limpias, están comenzando a dirigir la balanza hacia un futuro más sostenible.

Uno de los crecimientos más alentadores fue el récord de la producción de energía renovable. En 2023, los países agregaron 510 gigavatios (GW) de capacidad combinada de solar y eólica. Para este año pronto a culminar, se estima que el salto suba a 666 GW adicionales, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

En este contexto, están apareciendo nuevas formas de energía que podrían cambiar rotundamente la esfera energética tal y como la conocemos. Una de ella está ubicada en el fondo del mar, irradia luz propia y hasta tiene vida.

El mar alberga la energía del futuro: genera luz propia

Las medusas “Aequorea victoria” bioluminiscentes podrían convertirse en el combustible del futuro. Es decir, pasarían a ser una de las fuentes energéticas más relevantes, además de renovables. Esta medusa alberga la capacidad de brillar gracias al GFP, una proteína verde fluorescente donde reside su secreto como potencial combustible limpio.

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Para comprobar su potencial, un equipo de la Universidad Tecnológica de Chalmers, en Suecia, ubicó una gota de GFP en electrodos de aluminio. Al exponer la proteína a luz ultravioleta, esta liberó electrones, pasando un circuito generando electricidad.

Un hecho llamativo por sí solo, pero que no entraña la única aplicación de la GFP. Además, la proteína puede marcar y rastrear tumores, detectar el virus del VIH y hasta colorear la red neuronal para estudiar el Alzheimer. Así lo manifestó Edu Sáenz de Cabezón en “Órbita Laika: el mix energético”, el programa que presenta en La 2 de RTVE.

La energía del futuro estaba en el lugar menos pensado: el mar

Algunas algas y medusas producen luz fluorescente. Esto sucede por la proteína verde fluorescente (GFP), que podría ser un recurso óptimo para adquirir energía solar a través de ellas. Los estudios de la Universidad Tecnológica de Chalmers muestran el desarrollo de un dispositivo fotovoltaico de GFP con células solares de silicio, a partir de las células vivas de la medusa Aequorea victoria.

Este material fotovoltaico podría utilizarse para equipos de energía solar con el beneficio de que, al contrario de las células solares actuales, no necesita la adición de materiales altamente costosos como las partículas de dióxido de titanio que se usan en la tecnología solar actual.

Sin embargo, las medusas no son los únicos habitantes del mar capaces de convertirse en una fuente de energía renovable. También se estudian las habilidades de varios peces y la posibilidad de fabricar dispositivos flotantes biomecánicos que generen interacción con algas, además de la obtención de energía a partir de bacterias con capacidad fotosintética. Esta nueva biotecnología con bacterias puede crear energía incluso sin contar con una fuente de luz.

Así las cosas, la energía del futuro podría estar en el fondo del mar y no en ninguna fuente hasta ahora conocida. Mientras termina de definirse si esto es realmente así, Islandia aprende a dominar los volcanes con los que genera el 90% de la energía.

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