Costes agrarios: Greenpeace pide reducir la dependencia del gasóleo y los fertilizantes para aliviar al campo

Costes agrarios: Greenpeace pide reducir la dependencia del gasóleo y los fertilizantes para aliviar al campo

De cara a la manifestación del 28 de octubre, Greenpeace reclama que se tomen medidas frente a los costes agrarios que prioricen las energías renovables, la agricultura familiar y la adaptación climática.

Los costes agrarios vuelven a situar al campo ante una vulnerabilidad que Greenpeace pide abordar desde su origen: la dependencia del gasóleo y de los fertilizantes nitrogenados producidos con gas fósil.

El miércoles 28 de octubre se ha convocado una manifestación ante la que la ONG les reclama a los partidos políticos que ejerzan una defensa del sector que se traduzca en medidas reales contra la crisis climática, el encarecimiento de la energía y que se apoye el trabajo de los productores familiares.

La propuesta de Greenpeace combina un apoyo decidido a la agricultura familiar, con cambios en el reparto de las ayudas de la PAC y una transición hacia prácticas más simples y menos dependientes, lo que permitiría un alivio real de la presión económica que pesa sobre las explotaciones y mermaría su impacto medioambiental.

Entre las medidas que ha propuesto están la de crear un Fondo de Transición Agroecológica, realizar un reparto del agua que se ajuste a la disponibilidad que tienen las cuencas, ampliar la plantación de ciertos cultivos que reducen la necesidad de usar fertilizantes sintéticos e impulsar la energía solar en el campo, para bajar los costes agrarios.

Los costes agrarios deben bajarse urgentemente

Ante la manifestación convocada para este próximo miércoles, 28 de octubre, por el aumento de los costes de producción agraria, Greenpeace demanda a los partidos políticos que defienden al sector agrario mayores medidas contra la vulnerabilidad del modelo alimentario actual, marcado por la dependencia de los combustibles fósiles y la falta de adaptación a la crisis climática.

La organización ecologista señala que la actual crisis geopolítica vuelve a poner de manifiesto la exposición del sector, que debe asumir unos costes agrarios enormes por el encarecimiento de los insumos, especialmente del gasóleo agrícola y de los fertilizantes nitrogenados, cuya producción actualmente depende del gas fósil.

Greenpeace defiende la necesidad de avanzar hacia un modelo agrario menos dependiente de insumos externos y de energía fósil, que optimice el uso de los recursos y reduzca los costes de producción. Esta transformación permitiría disminuir el impacto ambiental de la actividad agraria y, al mismo tiempo, aliviar la presión económica sobre los productores y productoras de alimentos y bajaría los costes agrarios.

Para la organización, adaptar urgentemente el sistema de producción de alimentos a la crisis climática y reducir su dependencia de los combustibles fósiles son pasos fundamentales para reforzar la resiliencia del sector agrario y garantizar su viabilidad futura.

“Con el modelo alimentario actual no ganan ni los productores, ni los consumidores, ni el planeta. Necesitamos un cambio de paradigma en el modelo agroalimentario. La situación actual evidencia nuestra dependencia de insumos externos, especialmente de los combustibles fósiles, cuya quema agrava la crisis climática que ya está afectando directamente a los agricultores. Es urgente avanzar hacia una transición justa que reduzca esta dependencia y sitúe la soberanía alimentaria, los productores familiares y la adaptación al cambio climático en el centro de las políticas agrarias”, remarca Helena Moreno, responsable de agricultura de Greenpeace.

Medidas propuestas por Greenpeace

Por ello, frente a la ya remarcable subida del precio de los alimentos, así como a la subida de los costes del sector primario, Greenpeace propone a los partidos políticos, para la elaboración de sus programas electorales, una serie de medidas a corto y a medio plazo para abordar esta crisis alimentaria y de costes agrarios que afecta al sector primario y a los consumidores:

  • Exclusión de los fondos de inversión de las ayudas de la PAC: impedir que reciban ayudas de la PAC, que deberían destinarse a agricultoras y agricultores que realmente lo necesitan. Así como el reparto justo de las ayudas y condicionalidad social y ambiental: que la nueva PAC elimine progresivamente los pagos directos por hectárea, priorice el apoyo a la renta de las explotaciones con mayor valor ecológico y social, aplique escalas decrecientes y límites máximos a las subvenciones de la PAC.
  • Redirigir la actual política comercial de la UE porque nos aleja de la justicia climática y de los estándares europeos en materia de salud y seguridad alimentaria. El acuerdo UE-Mercosur está poniendo en riesgo la competitividad de algunos sectores del campo español al tiempo que rebaja los requerimientos ambientales y ataca los derechos de las personas consumidoras que quieren llevar a su plato productos sanos y libres de deforestación.
  • Reparto de agua justo y sostenible: avanzar hacia una reasignación y adaptación de recursos hídricos a la disponibilidad real de las cuencas hidrográficas. Garantizar el desarrollo de una agricultura social, resiliente y arraigada al territorio en el contexto actual de escasez hídrica, así como la preservación de la calidad de las aguas, cumpliendo tanto la Directiva Marco del Agua, la Directiva de contaminación por Nitratos u otras legislaciones aplicables. Y se necesita el cierre de pozos ilegales.
  • Implementación de prácticas más sostenibles que mejoren la eficiencia y reduzcan gastos, como es el caso de la reducción del laboreo (mayor eficiencia en las prácticas agrarias) para optimizar el consumo de energía y mejorar la estructura y fertilidad del suelo, o la recircularización de desechos orgánicos. Greenpeace defiende el incremento de un 18% de la superficie dedicada a los cultivos de leguminosas para 2050 con el objetivo de fijar nitrógeno atmosférico, regenerar la fertilidad del suelo y reducir el gasto y la dependencia de fertilizantes sintéticos. 
  • Impulsar un Fondo de Transición Agroecológica y el acceso a la compra pública: que apoye a los agricultores familiares en su transición hacia la agroecología mediante asesoramiento y acompañamiento técnico, acceso a mercados diferenciados, a la compra pública y mejorar sus condiciones económicas.
  • Uso de energías renovables frente a combustibles fósiles: alcanzar la implantación del 100% de energía solar en regadío y ganadería para el año 2030, empleada en la actividad agraria para iluminación, calefacción y motores estacionarios. Promover biocombustibles no alimentarios para el uso de maquinaria agrícola.
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“Necesitamos políticas valientes que apoyen el proyecto de vida de las personas que viven y trabajan en nuestras zonas rurales. Si no, la crisis alimentaria se agravará. El siguiente gobierno debe poner la agricultura familiar, la adaptación climática y la biodiversidad en el centro“, zanja Moreno hablando de los costes agrarios.

Conexiones básicas

La conexión entre el precio del gas y la factura de los fertilizantes tiene una dimensión industrial concreta en los costes agrarios: algo más del 70 % de la producción mundial de amoníaco se obtenía mediante procesos basados en gas natural, según la hoja de ruta publicada por la Agencia Internacional de la Energía en 2021.

El amoníaco es la materia de partida de los fertilizantes nitrogenados minerales y su fabricación representaba alrededor del 2 % del consumo final de energía mundial. Esa dependencia ayuda a explicar por qué una crisis energética puede trasladarse al campo incluso antes de que arranque un tractor.

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