Investigadores pintaron de negro una sola pala de cuatro aerogeneradores en la isla noruega de Smøla y la mortalidad de aves bajó un 71,9 %, pero un ensayo posterior en Países Bajos no logró repetir el resultado

Investigadores pintaron de negro una sola pala de cuatro aerogeneradores en la isla noruega de Smøla y la mortalidad de aves bajó un 71,9 %, pero un ensayo posterior en Países Bajos no logró repetir el resultado

Pintar de negro una sola pala de un aerogenerador puede parecer un cambio pequeño. Sin embargo, un experimento en la isla noruega de Smøla registró una reducción del 71,9 % en la tasa anual de mortalidad de aves respecto a las turbinas de control. El resultado abrió una vía para intentar compatibilizar la energía eólica con la protección de la fauna.

Pero hay un matiz que cambia la historia. El estudio se publicó en 2020 y las pruebas posteriores no han dado siempre el mismo resultado, como demuestra un ensayo en Países Bajos. La pintura sigue siendo una opción prometedora, aunque su eficacia depende de cuestiones que todavía se investigan.

Cuatro turbinas bajo vigilancia

En agosto de 2013, los investigadores pintaron una de las tres palas de cuatro turbinas del parque de Smøla, operado por Statkraft. Otras cuatro cercanas conservaron su aspecto habitual y sirvieron como comparación.

El equipo, encabezado por Roel May, del Instituto Noruego de Investigación de la Naturaleza (NINA), reunió siete años y medio de datos anteriores y tres años y medio posteriores. Las búsquedas incluían perros entrenados para localizar restos de aves, una tarea menos vistosa que pintar una pala, pero fundamental para comprobar qué ocurría.

Qué pasó con las águilas

En las turbinas intervenidas, los cadáveres de aves contabilizados pasaron de 11 antes de pintar a seis después. En las de control aumentaron de siete a 18, excluyendo en ambos grupos al lagópodo común, asociado a choques contra las torres. El 71,9 % procede del análisis comparativo, que tuvo en cuenta el esfuerzo de búsqueda.

Los pigargos europeos, también llamados águilas de cola blanca, merecen una aclaración. En las cuatro turbinas pintadas se encontraron seis ejemplares muertos antes y ninguno después, pero tampoco aparecieron águilas muertas en las de control durante el periodo posterior. Las cifras de siete y 18 corresponden al conjunto de aves analizadas.

El seguimiento aportó después otra señal favorable. Un informe de NINA publicado en enero de 2024 no registró águilas muertas en las cuatro turbinas pintadas durante 2020–2023, mientras que se encontraron 23 en el conjunto del parque. Es un dato alentador, aunque no demuestra que el riesgo haya desaparecido.

Una pala más visible

La explicación propuesta está relacionada con la forma en que las aves perciben el movimiento. Algo parecido ocurre cuando miramos un ventilador encendido y cuesta distinguir sus aspas. Una pala negra rompe la uniformidad del rotor y podría facilitar que el animal detectase el obstáculo.

Esa era la hipótesis del ensayo noruego, que midió mortalidad y no demostró directamente cómo veían las aves las palas. Los propios autores pidieron prudencia por haber trabajado con solo cuatro parejas de turbinas. “Debemos tener cuidado con lo que deducimos del experimento”, escribieron.

Países Bajos no repitió el resultado

En Eemshaven, otro equipo estudió 14 turbinas, siete de ellas con una pala negra. El informe de abril de 2025 recogió tres años de seguimiento y 436 aves consideradas víctimas de colisión. No encontró una reducción estadísticamente significativa, ni para el conjunto de especies ni para los grupos analizados por separado.

Aerogenerador con una pala pintada de negro en el ensayo de Eemshaven, Países Bajos
Aerogenerador con una pala pintada de negro en el ensayo de RWE en Eemshaven (Países Bajos). Foto: RWE

¿Por qué cambió el resultado? Los investigadores plantean que el fondo visual del entorno podría reducir el contraste y que el desenfoque importa menos en grandes rotores que giran más despacio. Son posibles explicaciones, no causas demostradas, y refuerzan la necesidad de probar cada diseño en condiciones diferentes.

Aplicarlo también tiene costes

La idea parece sencilla desde el suelo, pero ejecutarla en una turbina ya instalada exige recursos. El trabajo noruego advirtió de las dificultades de pintar las palas en su posición y señaló que hacerlo antes de construir el parque reduciría el coste.

Además, RWE explica que el ensayo neerlandés vigiló posibles aumentos de temperatura en las palas negras y evaluó aspectos técnicos, paisajísticos y de seguridad aérea. Por eso, presentar la medida como un simple bote de pintura deja fuera una parte del trabajo. Hacer más visible una turbina requiere comprobar también cómo responde la máquina.

Ahora se prueban franjas rojas

La investigación más reciente aporta otra variante. Un trabajo difundido en mayo de 2026 estudió cuatro turbinas de Hopefield, en Sudáfrica, con dos franjas rojas en una sola pala. Sus autores estimaron una reducción del 83 % en la mortalidad respecto a los controles, aunque con amplios márgenes de incertidumbre.

El resultado es preliminar y se publicó sin revisión por pares. Además, corresponde a franjas rojas y a otro entorno, por lo que no confirma que una pala completamente negra funcione en cualquier parque. Lo que sí aporta es una razón para seguir comparando colores, patrones y especies.

En conjunto, estos trabajos sugieren que mejorar la visibilidad puede ayudar, pero todavía falta saber qué diseño funciona mejor en cada lugar. El estudio más reciente citado, sobre las franjas rojas en Sudáfrica, se publicó el 7 de mayo de 2026 como prepublicación científica en bioRxiv.

Imagen: May et al. / Ecology and Evolution

Referncia de contenido aquí