Yacouba Sawadogo volvió a su aldea de Burkina Faso cuando otros huían de la sequía, cavó hoyos llenos de abono que atraían a las termitas y convirtió un terreno yermo en un bosque de 40 hectáreas con más de 60 especies de árboles

Yacouba Sawadogo volvió a su aldea de Burkina Faso cuando otros huían de la sequía, cavó hoyos llenos de abono que atraían a las termitas y convirtió un terreno yermo en un bosque de 40 hectáreas con más de 60 especies de árboles

Yacouba Sawadogo consiguió devolver la vegetación a un terreno degradado de Burkina Faso, en el Sahel, mejorando una técnica agrícola tradicional. Su trabajo combinó hoyos, abono orgánico y conservación del agua hasta crear un bosque de unas 40 hectáreas con más de 60 especies de árboles y arbustos, según documentó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en 2020.

Parte de la transformación ocurrió bajo sus pies, donde las termitas abrían galerías que facilitaban la entrada del agua. La experiencia muestra cómo recuperar la vida del suelo puede ayudar a aprovechar mejor unas lluvias escasas, aunque el proceso exige tiempo, trabajo y unas condiciones adecuadas.

Recuperar un saber antiguo

A comienzos de los años ochenta, las sequías y el hambre empujaban a muchas familias a abandonar las zonas rurales. Sawadogo tomó el camino contrario y regresó a su aldea, en la región de Yatenga, decidido a cultivar tierras que otros habían dejado atrás.

Su punto de partida fue el zaï, una práctica local basada en cavar hoyos para concentrar agua y materia orgánica. Amplió y profundizó las cavidades y empezó a preparar el terreno antes de la temporada de lluvias, según recoge el PNUMA.

Dentro colocaba abono o compost y, cuando llegaba la lluvia, sembraba. También levantó barreras de piedra para frenar el agua que corría por la superficie y darle más tiempo para penetrar en el terreno.

Las termitas hacen su parte

La materia orgánica atraía a las termitas, que excavaban galerías en el suelo. Esos pequeños conductos favorecían la infiltración y la aireación, mientras los hoyos reunían humedad y nutrientes cerca de las raíces.

Un estudio publicado en 2017 en la revista Agriculture, Ecosystems & Environment examinó parcelas del norte de Burkina Faso en distintas fases de recuperación mediante zaï. Los investigadores observaron que los túneles de las termitas multiplicaban por entre dos y cuatro la velocidad de infiltración del agua.

¿Qué significa esto en la práctica? Que el agua encontraba más vías para entrar en la tierra, algo decisivo para las plantas en un ambiente seco. Los autores también advirtieron de que los beneficios dependían de las especies de termitas y que hacían falta estudios en otras zonas para generalizar los resultados.

Las cifras necesitan contexto

El PNUMA recoge estudios sobre el zaï que apuntan a aumentos del rendimiento agrícola de entre el 100 y el 500 %. Son resultados del método en determinadas condiciones, no una medición exclusiva de los campos de Sawadogo ni una promesa para cualquier cosecha.

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La diferencia importa para quien depende de lo que produce su parcela para comer y pagar los gastos de casa. Conservar mejor el agua puede reducir la vulnerabilidad de los cultivos durante los intervalos secos de la estación lluviosa, como explica la FAO, pero la respuesta depende del terreno y del manejo.

De una finca a otras aldeas

Sawadogo también dedicó tiempo a compartir lo aprendido. En 1984 comenzó a organizar encuentros conocidos como mercados de zaï, donde los agricultores intercambiaban semillas y conocían la técnica sobre el terreno.

Según Right Livelihood, estos encuentros llegaron a reunir a representantes de más de cien aldeas. En 1989, trece agricultores de la región de Tahoua, en Níger, visitaron sus campos y después aplicaron el método en sus propias tierras.

La difusión permitió que la experiencia fuera mucho más allá de una sola finca. La fundación señaló que, para 2016, el zaï había ayudado a recuperar la capacidad productiva de decenas de miles de hectáreas en las provincias burkinesas de Yatenga y Gourcy.

Una solución con límites

Cavar durante la estación seca supone un esfuerzo considerable, especialmente cuando la superficie está endurecida. La FAO identifica el trabajo necesario y la escasez de estiércol entre las principales dificultades para extender el sistema.

Además, su funcionamiento depende de recoger lluvia y escorrentía, por lo que sigue necesitando que llegue agua al terreno. De ahí que deba entenderse como una herramienta para aprovecharla mejor y adaptarse a periodos secos, con resultados que hay que comprobar en cada lugar.

Un legado documentado

Sawadogo recibió el premio Right Livelihood en 2018 y falleció el 3 de diciembre de 2023. Su trayectoria dejó una demostración práctica de cómo el conocimiento local, mejorado mediante la experimentación, puede devolver productividad a tierras abandonadas.

“No quiero comer hoy y dejar a las generaciones futuras sin nada que comer”, explicó, según recoge Right Livelihood. Esa preocupación da sentido tanto a los árboles que plantó como al esfuerzo por enseñar a otros agricultores.

Su experiencia combina la recuperación del suelo con la transmisión de conocimientos entre agricultores.

El comunicado oficial sobre su fallecimiento y su legado fue publicado el 4 de diciembre de 2023 por Right Livelihood.

Imagen: PNUMA

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