El proyecto inmerso en la estrategia Biociudad, que la compañía de servicios medioambientales viene implementando desde 2023, permitirá garantizar el consumo de la ciudad en momentos de extrema sequía y va en línea con un mayor aprovechamiento de fuentes subterráneas.Las perforaciones consideran una batería de 8 pozos de 160 metros de profundidad cada uno y aportarán un caudal de 500 litros por segundo, que mediante una impulsión será entregado en el canal administrado por ACM.
El acto oficial que da el vamos a los trabajos fue liderado por José Sáez, gerente general de Aguas Andinas; Ignacio Valdés, presidente de la Asociación de Canales del Maipo; y Luis Baertl, presidente de la Junta de Vigilancia de la Primera Sección de río Maipo.
La obra que considera una batería de pozos de 160 metros de profundidad cada uno aportará un caudal de 500 litros por segundo, mediante una impulsión de más de un kilómetro hacia el canal que administra ACM. Así, permitirá intercambiar agua subterránea por agua superficial durante la vigencia de decretos de escasez hídrica, reforzando la disponibilidad de recursos para los más de 7 millones de habitantes de la Región Metropolitana en escenarios de sequía extrema y dando sostenibilidad a la actividad agrícola del sector.
“El acuerdo firmado hoy es una nueva muestra de cómo mediante un trabajo conjunto podemos seguir avanzando con una mirada integral de la cuenca, buscando potenciar la resiliencia y seguridad hídrica de la ciudad ante los efectos de la vulnerabilidad climática que estamos viviendo. La construcción de estos ocho pozos no solo permitirá restituir agua extraída a la asociación, sino que seguirá garantizando la disponibilidad del recurso para consumo humano, sobre todo en momentos en que la sequía nos vuelva a exigir al máximo”, explicó José Sáez, Gerente General de Aguas Andinas.
El proyecto se enmarca en Biociudad, la estrategia de Aguas Andinas frente al cambio climático hacia 2035, que busca, entre otros desafíos y pilares, aumentar la autonomía del sistema de abastecimiento mediante fuentes subterráneas y reducir la dependencia de fuentes superficiales, más expuestas a periodos de escasez y episodios de turbiedad extrema.
Ignacio Valdés, presidente de la Asociación de Canales del Maipo, enfatizó: “Este es un primer paso de muchas cosas que vamos a tener que hacer a medida que avance el cambio climático y aumente la escasez de agua. Hay formas más eficientes de manejar el Embalse El Yeso y los canales, pero son obras que requieren tiempo, recursos y, sobre todo, colaboración. En materia de agua, proyectos de esta magnitud no los puede enfrentar una sola institución: necesitan acuerdos y trabajo conjunto”
El inicio de la construcción de esta batería de pozos es resultado de las líneas de trabajo derivadas del convenio suscrito entre Aguas Andinas y las asociaciones de regantes de la Primera Sección del río Maipo en 2021, acuerdo que fue clave para evitar racionamientos del suministro durante los momentos más complejos de la sequía que vive el país hace más de 15 años. “Hace cinco años nos planteamos no solamente este convenio, que nos permite regular y asegurar la sustentabilidad y resiliencia de la ciudad de Santiago a través de procesos y protocolos, sino también desarrollar una cartera de proyectos que pudiéramos ir concretando en el tiempo. Este trabajo persistente nos ha permitido avanzar en iniciativas específicas y darle a la sanitaria cada vez mayor resiliencia y sustentabilidad para abastecer a una ciudad que ha crecido explosivamente, en una realidad donde, en tiempos de escasez, no hay agua para todos”, afirmó Luis Baertl, presidente de la Junta de Vigilancia de la Primera Sección al cierre del evento que incluyó un recorrido por la bocatoma El Clarillo, infraestructura construida hace más de cien años y que ayuda a la gestión integral de los recursos hídricos de la ciudad.
El proyecto de Fajas de Canales es parte de la construcción que ejecuta Aguas Andinas mediante la estrategia Biociudad de 36 pozos dentro de la Región Metropolitana, iniciativas que permitirán elevar la producción desde fuentes subterráneas desde un 25 a un 40% en 2030 permitiendo asegurar el abastecimiento pese a menor disponibilidad de aguas superficiales, las más afectadas tanto a nivel de disminución de caudales, como también con los fenómenos de turbiedad extrema en los cauces.
