Los incendios arrasan los bosques del Líbano. Las autoridades municipales del este libanés acusaron a Israel de utilizar aviones no tripulados para propagar químicos inflamables sobre áreas boscosas. Los recientes fuegos calcinaron extensos parajes naturales y terrenos agrícolas dentro del Valle de la Bekaa.
Las organizaciones ecologistas locales señalan un patrón sistemático, que está destinado a erosionar los recursos forestales mediante acciones incendiarias. Varios informes independientes revelan la destrucción de miles de hectáreas forestales desde el reinicio de las hostilidades bélicas.
El cuerpo de bomberos afronta graves peligros operativos durante los trabajos de extinción debido a restos de proyectiles sin detonar que se encuentran entre las masas forestales que arden. Adicionalmente, el terreno montañoso y el calor estival dificultan el acceso de los equipos de rescate.
Los incendios arrasan los bosques del Líbano como parte de la ‘estrategia de guerra’ sionista
Para Hasan Hashem, representante de la municipalidad de Ain al Tineh, en el este del Líbano, el último de los incendios forestales en la zona no ha sido uno más y asegura que drones israelíes lanzaron materiales inflamables sobre los bosques como parte de sus acciones de guerra.
«Los drones sionistas (…) tiraron materiales inflamables sobre los bosques y los montes«, afirma Hashem y, según su relato, los primeros incendios arrasaron amplias extensiones entre Kafr Huna, Yezin, Ain al Tineh y Maydun, hasta dañar «casi todos los bosques» del Valle de la Bekaa.
Los incendios arrasan los bosques del Líbano, Hashem habla de uno de los numerosos incendios que devastaron esta semana las laderas de Ain al Tineh y Maydun en la Bekaa occidental.
Las autoridades locales acusaron a Israel de provocar los fuegos mediante su actividad militar como parte de sus operaciones para desplazar a la población y hacer del terreno un lugar inhabitable.
Las llamas calcinaron árboles centenarios, afectaron a cultivos y ganado y obligaron a los bomberos a combatir el fuego entre municiones sin explotar, mientras datos oficiales documentan miles de hectáreas calcinadas en el sur del Líbano durante los últimos años de conflicto y desplazamientos.
Una huella que está perfectamente documentada
Los datos del Consejo Nacional de Investigación Científica del Líbano (CNRS-L) dibujan una dimensión mucho mayor.
Un mapa elaborado por su Centro Nacional de Peligros Naturales y Alerta Temprana calcula que unas 8.556 hectáreas ardieron en el sur del Líbano durante la guerra de 2023-2024; otras 160 durante el periodo de violaciones del alto el fuego entre 2024 y 2026, y unas 1.914 desde el comienzo de la nueva guerra, el 2 de marzo de 2026.
Sin embargo, el fundador y presidente de la organización ecologista libanesa Green Southerners, Hisham Younes, dice que la superficie afectada ha superado la última estimación publicada por el CNRS-L dado que «esa cifra es anterior al alto el fuego del 17 de junio y no incluye los incendios producidos posteriormente».
Green Southerners sigue y documenta los incendios relacionados con las actividades militares de las fuerzas israelíes desde que estas comenzaron los ataques y la ocupación del sur del Líbano.
«Hemos documentado incendios provocados por el uso de munición incendiaria y de fósforo, bengalas, así como casos en los que se arrojaron materiales incendiarios, incluidos productos como gasolina», detalla Younes, quien remarca que las pruebas muestran un «patrón repetido en diferentes zonas» para provocar incendios en áreas forestales y agrícolas.
El Ejército libanés ya había denunciado en enero de 2024 la existencia de cinco mangueras para bombear materiales inflamables extendidas desde Israel hacia el Líbano. Tres de esas mangueras fueron localizadas cerca de Labbouneh y otras dos en Aita al Shaab, procedentes del puesto de Tel al Rahib, bajo control israelí, según el comunicado militar.
Ante esto, el Ejército israelí asegura que «operan para proteger a los ciudadanos de Israel y son conscientes del posible impacto ambiental de sus operaciones en la región», sin dar más detalles.
Increíble pero cierto: hay bomberos entre las bombas
Wael al Mays, jefe regional de la Defensa Civil en la Bekaa occidental, explica que su equipo acude cuando recibe el aviso a sofocar las llamas; las causas se determinan posteriormente mediante informes.
No obstante, describe un escenario que dificulta cualquier operación: montañas escarpadas, ausencia de caminos y municiones sin explotar en medio de un verano caluroso.
Durante una extinción, indica, restos de munición de mortero salieron de la tierra y dañaron uno de los vehículos, por lo que los equipos tuvieron que subir a pie y combatir las llamas con mochilas de agua y herramientas manuales.
Los efectos medioambientales son nefastos
Las consecuencias de estos incendios repercuten a corto, medio y largo plazo en la flora y la fauna, pero también en las personas que habitan estos parajes naturales y dependen de su agricultura, de ahí que Green Southerners acuse a Israel de cometer un ecocidio contra el Líbano.
El impacto no se limita a la pérdida de cubierta forestal o agrícola, sino que sigue un patrón para afectar al ecosistema y su capacidad para regenerarse, dice Younes, quien resalta la dificultad de recuperación por la suma de contaminantes derivados del «uso de fósforo blanco (…) además de la contaminación de restos de munición».
El alcalde de Saghbine, Elias Zeidan, contabiliza al menos 20 grandes incendios en la Bekaa occidental en lo que va de verano y lamenta los efectos sobre la «riqueza forestal» del Líbano, conocido popularmente como el país de los cedros.
«¿Sabe cuánto purifica el aire un árbol? «Cuando se quema el árbol, el aire se empieza a contaminar, pero también afecta a los residentes que sufren de asma o problemas pulmonares», esto lo dice Hashem, mientras recuerda la pérdida de árboles centenarios y de animales.
Necesitan medios que les permitan resistir y sobrevivir
Los responsables locales reclaman más camiones de bomberos, vehículos y centros de Defensa Civil, ya que un incendio grande puede obligar a movilizar simultáneamente tres o cuatro centros, detalla Zeidan.
Para Hashem, la respuesta no es solo medioambiental porque considera que los incendios forman parte de una presión que, en su opinión, busca también provocar desplazamientos: «La gente es consciente, se mantiene firme en su tierra», sostiene.
Los representantes de las comunidades damnificadas advierten sobre la contaminación ambiental persistente causada por el fósforo blanco. Pero, a pesar del daño ecológico y de los riesgos respiratorios, la población civil rechaza abandonar el territorio.
