Viver convierte sus campos agrícolas en cortafuegos contra incendios cuatro años después del fuego de Bejís – ECOticias.com

Viver convierte sus campos agrícolas en cortafuegos contra incendios cuatro años después del fuego de Bejís – ECOticias.com

Viver convierte sus campos agrícolas en cortafuegos contra incendios: tras el devastador siniestro de Bejís en 2022, el municipio castellonense de Viver reorganiza su estrategia preventiva. La localidad aprovecha sus campos agrícolas para crear barreras naturales frente a los incendios.

El proyecto GO Viver analiza exhaustivamente cada parcela para frenar las llamas. Mediante los mapas estratégicos, identifican las tierras clave capaces de romper la continuidad de la masa forestal ante las emergencias térmicas.

Esta iniciativa cruza los datos de la vegetación, las pendientes y el riesgo erosivo. Así, determina qué bancales abandonados deben recuperarse prioritariamente y cuáles actuarán como eficaces franjas cortafuegos en caso de incendio.

Viver convierte sus campos agrícolas en cortafuegos contra incendios

Viver convierte sus campos agrícolas en cortafuegos contra incendios: cuatro años después del incendio de Bejís, iniciado el 15 de agosto de 2022, y a las puertas del Día Mundial de la Prevención de Incendios Forestales del 18 de agosto, el municipio de Viver apuesta por la prevención desde sus propios campos de cultivo.

Un campo de almendros, un olivar activo o un bancal bien mantenido pueden hacer algo más que producir alimentos. En un territorio donde el monte avanza sobre antiguas tierras de cultivo, estos espacios agrarios pueden abrir interrupciones útiles  y ayudar a frenar el avance del fuego.

Sobre esa idea trabaja GO Viver, el proyecto impulsado por la Fundación Global Nature y la Cooperativa de Viver, que acaba de completar su primera fase con un análisis parcela a parcela para identificar las zonas agrarias más estratégicas del municipio.

La agricultura puede ser la gran aliada contra el fuego

Viver convierte sus campos agrícolas en cortafuegos contra incendios: el trabajo parte de una realidad especialmente visible en los paisajes mediterráneos. Cuando la vegetación forestal forma una masa continua y existe una elevada carga de combustible (cantidad de materia vegetal disponible para arder), el fuego encuentra mayor facilidad para propagarse.

En cambio, los cultivos activos, los bancales mantenidos y los mosaicos agroforestales pueden dificultar esa propagación al actuar como elementos que generan discontinuidades espaciales en la carga y continuidad del combustible. En Viver, esta cuestión adquirió una relevancia especial tras el incendio de Bejís de 2022, que afectó a más de 19.000 hectáreas en total, de ellas más de 1.500 en el término municipal de Viver.

La novedad del análisis es que no se limita a señalar dónde hay mayor riesgo de incendio.

También ayuda a decidir dónde una intervención tendría más sentido, teniendo en cuenta qué parcelas ocupan una posición estratégica, cuáles están en contacto directo con zonas forestales, dónde existe más presión de vegetación alrededor y  qué áreas presentan una mayor concentración de recintos agrarios, donde una actuación preventiva coordinada podría maximizar su eficacia.

Rocío Lalanda, coordinadora del proyecto en la Fundación Global Nature, explica la utilidad de esta primera fase. “Antes de proponer medidas a los agricultores, necesitábamos saber dónde tenía más sentido actuar. Este mapa nos permite trabajar con datos y localizar las parcelas que, bien gestionadas, pueden marcar una diferencia frente al fuego y aportar beneficios ambientales al territorio”.

¿Qué metodología se utiliza para saber dónde actuar?

Viver convierte sus campos agrícolas en cortafuegos contra incendios: para elaborar esta cartografía, el equipo técnico ha desarrollado un análisis multicriterio que combina información sobre usos del suelo, riesgo de incendio, modelos de combustible, contacto entre cultivos y monte, y variables como la pendiente, orientación o el riesgo de erosión. El resultado es un mapa que otorga una puntuación para cada parcela, en función del nivel de prioridad de actuación: bajo, medio, alto o muy alto.

Miriam Pajares, técnica de la Fundación Global Nature y responsable de diseñar la metodología, subraya que el objetivo no era elaborar un mapa de riesgo convencional.

“No buscábamos solo saber dónde puede arder. Queríamos construir una herramienta útil para decidir por dónde empezar, teniendo en cuenta tanto la prevención de incendios como la capacidad de cada zona para mejorar el territorio. Por eso el modelo cruza variables relacionadas con el fuego, la posición estratégica de las parcelas en el territorio y la estructura del mosaico agroforestal”.

Con este diagnóstico, GO Viver inicia ahora una nueva fase centrada en las parcelas de los socios de la Cooperativa de Viver, donde las medidas podrán ponerse en marcha de forma más directa. El trabajo se desarrollará con los agricultores y agricultoras a través de comunidades de aprendizaje, espacios de colaboración en los que Global Nature, personas expertas en distintas materias y la cooperativa ajustarán conjuntamente las actuaciones sobre el terreno.

Entre las medidas potenciales a poner en marcha se encuentran la recuperación de tierras agrícolas abandonadas, la transformación de cultivos en franjas cortafuegos productivas, la restauración de bancales y terrazas, la utilización del pastoreo, el manejo de cubiertas vegetales y el ensayo de barreras térmicas. El objetivo es que las soluciones no se diseñen de forma aislada, sino adaptadas a la realidad agronómica, ambiental y social de Viver.

Un proyecto a largo plazo que no deja indiferente a nadie

Viver convierte sus campos agrícolas en cortafuegos contra incendios: esta primera fase constituye la base sobre la que se apoyará el resto del proyecto, desde el acompañamiento técnico a agricultores hasta la selección de parcelas piloto, el diseño de medidas de adaptación y la transferencia de resultados a otros municipios con retos similares.

GO Viver tiene como objetivo desarrollar un plan de adaptación agroforestal al cambio climático que contribuya a reducir la vulnerabilidad del territorio frente a los incendios forestales y, al mismo tiempo, fomente la biodiversidad en ecosistemas agrarios.

El proyecto combina una escala de paisaje, centrada en la planificación territorial y la prevención de incendios, con una escala de parcela, orientada a la aplicación de prácticas agrarias de adaptación junto a los agricultores.

Las medidas se implantarán junto a los agricultores mediante el pastoreo y las cubiertas vegetales. Con esta planificación a largo plazo, el territorio busca adaptarse al cambio climático protegiendo más de 1.500 hectáreas locales.

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