“Sin agua no hay ciudad”: el panel que llevó la seguridad hídrica de Santiago a las montañas y a la planificación territorial

En la VI ExpoAgua Santiago, Sara Larraín (Fundación Chile Sustentable), José Sáez Albornoz (Aguas Andinas) y Raúl Escárate (Gobierno Regional del Biobío) coincidieron en que la escasez hídrica debe trabajarse en alianzas público privadas y con planificación.

En el contexto del  panel del XIX Foro de la Economía del Agua, realizado en el marco de la VI ExpoAgua Santiago, la directora de Chile Programa Chile Sustentable, Sara Larraín, el gerente general de Aguas Andinas, José Sáez Albornoz  y Raúl Escárate, ,jefe de la división de Planificación y Desarrollo Regional del Biobío coincidieron en un diagnóstico común: la seguridad hídrica de las ciudades chilenas no se resuelve dentro del límite urbano, sino protegiendo glaciares, cuencas y humedales, y planificando con una mirada de décadas.

El panel, que profundizó en la discusión sobre gobernanza y planificación territorial abierta en paneles previos del Foro, reunió tres miradas complementarias: la de una organización ambientalista con más de 25 años de trabajo en política pública del agua, la de la principal sanitaria de la Región Metropolitana y la de un gobierno regional que hoy tramita un nuevo instrumento de planificación urbana para el Gran Concepción.

Aguas Andinas: de limpiar el Mapocho a la resiliencia del s.XXI

El gerente general de Aguas Andinas repasó la historia reciente del saneamiento en Santiago: a inicios de los años 90, el país decidió resolver una cobertura de tratamiento de aguas servidas que , como en otros países de la región golpeados entonces por el cólera y otras enfermedades hídricas, era crítica. Con una inversión que superó los US$1.200 millones y un plazo de poco más de 12 años, Santiago pasó de tratar apenas un 3% de sus aguas residuales a un 100%, un hito que Sáez calificó como motivo de orgullo país, no solo de una industria.

Ese logro, planteó, permitió recuperar el río Mapocho como espacio público, mencionó el proyecto en curso para hacerlo «pedaleable y caminable» y consolidó un modelo de asociación público-privada que hoy ubica a Chile, según los datos que citó, entre los países con mejores estándares de cobertura y calidad de agua potable y saneamiento a nivel mundial.

Río Mapocho volvió a ser escenario ciudadano: más de mil personas en corrida de Aguas Andinas

Pero el desafío actual, insistió, es otro: garantizar un servicio de agua constante frente a fenómenos climáticos extremos, en un país que, recordó, ocupa el puesto 16 entre las naciones más expuestas a los impactos negativos del cambio climático. Sáez fue enfático en que, pese a las lluvias registradas en julio, la Región Metropolitana mantiene un déficit hídrico del orden del 20%, y que episodios de sequía y episodios de lluvias extremas, con el consiguiente riesgo de colapso de infraestructura,  llegaron para quedarse.

Su planteamiento central fue que Chile debe elevar los estándares de construcción de toda su infraestructura urbana, no solo la sanitaria, del mismo modo en que lo hizo con la norma sismorresistente, y que esa inversión, aunque tiene un costo, resulta más barata en el largo plazo que la secuencia de emergencia y reconstrucción.

En esa línea, habló del plan Biociudad de Aguas Andinas, con proyectos como el proyecto Rieles en la Isla de Maipo, según mencionó, como la respuesta de la compañía a ese desafío, y planteó que la discusión sobre soluciones ya no puede limitarse al territorio concesionado de cada sanitaria, sino que debe incorporar a toda la cuenca y a todos los actores que la usan, incluyendo al sector agrícola, en una misma mesa de conversación.

Raúl Escárate Peters (GORE Biobío): planificar sin dar la espalda al agua

En representación del gobernador regional del Biobío, Raúl Escárate, jefe de la División de Planificación y Desarrollo Regional (Diplade) del Gobierno Regional del Biobío, presentó el trabajo en curso para el nuevo Plan Regulador Metropolitano de Concepción, que abarca 12 comunas y se encuentra en etapa de definición de imagen objetivo.

Escárate planteó que buena parte de las ciudades chilenas se han planificado históricamente de espaldas a sus ríos, tratando el agua como un problema que hay que encauzar o esconder, en lugar de reconocerla como infraestructura verde con un servicio ecosistémico propio, regulación de crecidas, ventilación urbana, mitigación de islas de calor, similar en su lógica al concepto internacional de «ciudad esponja». Puso como ejemplo a Valdivia, una de las pocas ciudades chilenas que integra el río como eje de su planificación urbana, en contraste con la relación histórica de Concepción con el Biobío.

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El representante del Biobío enmarcó ese trabajo dentro de instrumentos regionales más amplios, la Estrategia Regional de Desarrollo, la política regional de biodiversidad, el plan de acción regional de cambio climático y la estrategia Biobío 205—, y subrayó que ninguna iniciativa municipal que no se alinee con esa estrategia regional recibe financiamiento del gobierno regional.

Cerró su intervención con una idea que atribuyó a un editorial de prensa: que por cada peso invertido en planificación se ahorrarían del orden de seis pesos en costos de reconstrucción, en referencia directa a la emergencia por inundaciones que la región enfrentaba en los días del panel.

Sara Larraín: hay que considerar el sistema natural

Directora de la Fundación Chile Sustentable desde 1996, ex candidata presidencial en 1999 y cofundadora de la Red Nacional de Acción Ecológica, Sara Larraín centró su intervención en un punto de partida: la infraestructura urbana suele diseñarse «dentro de la cancha de cemento» de la ciudad, sin considerar el sistema natural del que depende. Esa desconexión, planteó, explica buena parte de los daños recientes por inundaciones en zonas que antes eran humedales o cauces de ríos.

Para la Región Metropolitana, Larraín propuso pensar la seguridad hídrica en tres capas, de arriba hacia abajo en la cuenca: los glaciares, los ríos y loshumedales de altura. Sobre los primeros, recordó que en la cuenca del río Maipo existen alrededor de 500 glaciares que actúan como reserva hídrica natural, hoy amenazados por el calentamiento global y, en su diagnóstico, por la actividad minera de altura en otras cuencas del país. Mencionó que Chile ha tramitado sin éxito varios proyectos de ley de protección de glaciares desde 2006, sin que ninguno haya llegado a convertirse en ley.

Sobre los ríos, Larraín citó la reforma al Código de Aguas,.tramitada durante más de una década en el Congreso, aprobada hacia el final del segundo gobierno de Sebastián Piñera y publicada en abril de 2022, ya bajo la administración de Gabriel Boric, como el marco que debería obligar a elaborar planes estratégicos de gestión por cuenca, ajustados a la capacidad real de cada una. Advirtió, sin embargo, que esa implementación sigue pendiente.

La dirigenta también fue crítica respecto del uso del recurso entre la agricultura y la ciudad en la cuenca del Maipo, y planteó que la solución de fondo pasa por soluciones basadas en la naturaleza, restauración de cauces y humedales, antes que por soluciones exclusivamente de infraestructura gris. Sobre el horizonte de una ciudad resiliente, proyectó su análisis al año 2100, en línea con los plazos que —dijo— maneja la ciencia climática internacional para alcanzar la carbono neutralidad y estabilizar el sistema climático, y llamó a incorporar en las tarifas de los servicios sanitarios un componente destinado a la restauración de las cuencas de las que depende cada concesión.

El punto de encuentro: gobernanza de largo plazo y una mesa sin ausentes

Más allá de los distintos focos,  ecosistemas de montaña, infraestructura sanitaria y planificación urbana, los tres expositores coincidieron en que la seguridad hídrica no se resuelve con decisiones de emergencia ni dentro de los límites de un período de gobierno. Sáez y Escárate coincidieron, además, en un mismo diagnóstico de gobernanza: las decisiones sobre el futuro hídrico de una cuenca no pueden tomarse sin sentar en la misma mesa a todos los actores que dependen de ella, sanitarias, agricultura, comunidades, gobiernos locales y regionales, incluso si la institucionalidad formal para hacerlo todavía está en construcción.

Fuente: ESG Hoy