Cuenca del Maipo: la crisis hídrica redefine la seguridad del agua en la Región Metropolitana

Tras años de menor disponibilidad de lluvias y una demanda urbana en aumento, la principal cuenca hídrica de la zona central enfrenta el desafío de avanzar hacia un modelo de gestión que articule infraestructura, uso eficiente del recurso y cuidado de los ecosistemas, de cara a asegurar el abastecimiento de agua en los próximos años.

La cuenca del río Maipo es el principal sistema hidrográfico de la Región Metropolitana. Abastece a más de 7 millones de personas y aporta cerca del 80% del agua potable que consume el Gran Santiago, además de proveer cerca del 90% del riego agrícola del valle central. Se trata de un territorio estratégico para el desarrollo del país, que abarca prácticamente toda la región metropolitana y parte de Valparaíso y O’Higgins, con una superficie cercana a los 15.304 kilómetros cuadrados.

Sin embargo, una década marcada por sequías asociadas al cambio climático ha reducido de forma sostenida la disponibilidad del recurso. La disminución de las precipitaciones, el retroceso de los glaciares y una creciente variabilidad hidrológica están modificando su funcionamiento, tensionando la capacidad del sistema para abastecer simultáneamente a ciudades, agricultura, industria y ecosistemas.

Carolina Rojas, directora alterna de Cedeus y académica de la Universidad Católica, plantea que “primero es fundamental fortalecer una gobernanza integrada de cuenca”, ya que el agua no reconoce límites comunales ni administrativos.

Fabrice Lambert, investigador del Centro de la Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), advierte que desde 2010 ha habido una megasequía con un déficit de lluvia de entre 25 y 30% respecto al clima del siglo XX.

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Según la iniciativa Escenarios Hídricos 2030, impulsada por Fundación Chile, este territorio es uno de los que más estrés hídrico registra en América Latina. Ulrike Broschek, subgerenta de Sustentabilidad de la institución y directora de Escenarios Hídricos 2030, sostiene que existen un 35% más de derechos de aprovechamiento de aguas subterráneas que los otorgados por la capacidad de recarga natural del acuífero.

Luis Baerti, de la Junta de Vigilancia del Río Maipo, señala que la institucionalidad sigue siendo una barrera, ya que la complejidad del marco legislativo dificulta significativamente su gestión.

En este escenario, el desafío no es sólo enfrentar la escasez, sino avanzar hacia una seguridad hídrica basada en gestión integrada, eficiencia en el uso del agua, infraestructura adecuada y conservación de los ecosistemas. Existe además una creciente presión sobre las aguas subterráneas, con una pérdida sistemática de reservas que pone en riesgo la disponibilidad futura del recurso. Por eso resulta clave avanzar hacia una gestión territorial con visión de largo plazo y una política de Estado, que incorpore infraestructura verde y soluciones basadas en la naturaleza.