Tras la desaparición del lobo, los biólogos celebran la vuelta del lince a la provincia de Lieja: esperan 75 ejemplares en las próximas décadas

Tras la desaparición del lobo, los biólogos celebran la vuelta del lince a la provincia de Lieja: esperan 75 ejemplares en las próximas décadas

El lince boreal podría estar más cerca que nunca de volver a instalarse en los bosques de Bélgica. No se trata de una fantasía naturalista ni de una imagen bonita para redes sociales. Los datos apuntan a que Valonia, y en especial la zona de Lieja y el entorno de Eifel, reúne condiciones reales para recibir de nuevo a este gran felino.

La noticia tiene algo de simbólico. Después del regreso del lobo, ahora todas las miradas se dirigen al «fantasma del bosque», un animal discreto, solitario y difícil de ver, pero muy importante para el equilibrio de los ecosistemas. Según WWF Bélgica, el país y sus regiones limítrofes podrían llegar a acoger una estimación media de 75 linces si se protegen y conectan bien sus hábitats.

Un regreso posible

«El lince está llamando a nuestra puerta, es un regalo de la naturaleza», ha explicado Bruno Delhaxhe, biólogo y voluntario del grupo de trabajo sobre grandes depredadores de Natagora. Su frase resume muy bien el momento actual. El animal todavía no se ha asentado de forma clara en Bélgica, pero ya hay señales suficientes como para tomar en serio su regreso.

En Valonia se han registrado observaciones puntuales desde hace años, con menciones en zonas como los Altos Pantanos, Fourons o Ferrières. El caso más importante llegó en el valle del Semois, donde un macho de lince boreal fue detectado en 2020 y seguido mediante cámaras trampa. En 2022 se registraron 28 observaciones, lo que confirmó su presencia continuada y su enorme discreción.

No estamos hablando de un animal que vaya a aparecer mañana en medio de una ciudad. El lince necesita bosques tranquilos, presas suficientes y corredores naturales para moverse. Justo por eso la provincia de Lieja aparece ahora en el mapa con tanto interés.

Por qué Lieja importa

La región de Eifel, junto a la frontera alemana, es una de las zonas señaladas como especialmente favorables. WWF Bélgica identifica dos grandes áreas con potencial para el lince, la parte occidental de las Ardenas y la región de Eifel. Ambas combinan masas forestales amplias, relieve accidentado y menos molestias humanas.

En la práctica, esto significa que el lince no solo necesita árboles. Necesita continuidad. Un bosque partido por carreteras, urbanizaciones o zonas muy transitadas puede parecer verde desde lejos, pero para un animal solitario puede convertirse en una trampa.

Ahí entra uno de los grandes retos. Si se quiere que el lince vuelva de verdad, no basta con alegrarse cuando aparece una foto en una cámara nocturna. Hay que mejorar la conectividad ecológica, crear pasos seguros para fauna y reducir el riesgo de atropellos. Lo mismo que tantas veces se pide para otros animales salvajes. Y eso se nota.

Un depredador discreto

A diferencia del lobo, el lince avanza despacio. No vive en manadas, no recorre el territorio de la misma manera y depende mucho de encontrar otro ejemplar con el que reproducirse. Por eso su regreso puede tardar más de lo que algunos imaginan.

El lince boreal es un cazador de emboscada. Se mueve en silencio, se esconde bien y rara vez se deja ver. Su presa principal en buena parte de Europa central es el corzo, aunque también puede capturar otros animales cuando las condiciones cambian. Su papel en el bosque es importante porque ayuda a regular poblaciones de herbívoros, lo que puede aliviar la presión sobre la vegetación joven.

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¿Qué significa esto para un bosque común? Que puede haber más regeneración natural, más sotobosque y más equilibrio. No es una solución mágica para todos los problemas ambientales, pero sí una pieza que encaja dentro de un ecosistema más sano.

Sin peligro para las personas

Una de las preguntas más repetidas es sencilla. ¿Es peligroso el lince para los humanos? Los expertos consultados por Natagora son tajantes. «El lince no representa ningún peligro para los humanos, es realmente cero», asegura Delhaxhe.

La preocupación es comprensible, sobre todo cuando se habla de grandes depredadores. Pero el lince no busca el contacto con las personas. Su estrategia es justo la contraria, evitar el ruido, esconderse y pasar inadvertido. Quien camine por un bosque con lince probablemente nunca lo verá.

El impacto sobre el ganado también se considera mucho menor que en otros carnívoros, aunque eso no significa que no haya que prepararse. La coexistencia se construye antes de que llegue el conflicto. Información clara, vigilancia, prevención y apoyo a los territorios rurales son claves para que el regreso no se convierta en una batalla social.

La naturaleza pide pasos seguros

El regreso del lince sería una buena noticia, pero también un examen. Un territorio capaz de recibir a este felino suele ser un territorio con bosques de calidad, menos fragmentación y una biodiversidad mejor conectada.

La Comisión Europea recuerda que los grandes carnívoros han sufrido una fuerte reducción histórica en Europa por la actividad humana, aunque varias especies han empezado a recuperarse gracias a la protección legal, la mejora de hábitats y una mayor aceptación social. El lince boreal forma parte de esas especies presentes en el continente.

Por eso el debate no debería centrarse solo en si el lince vuelve o no vuelve. La pregunta de fondo es otra. ¿Estamos dejando suficiente espacio a la vida salvaje en Europa occidental? El problema es que el reloj de la naturaleza no siempre espera a que la política termine de ponerse de acuerdo.

Una cita para preparar el terreno

Natagora ha organizado una jornada dedicada al lince el sábado 30 de mayo de 2026 en el Jardín Botánico de Lieja. Habrá actividades, juegos, cuentos, puestos informativos y una conferencia más científica por la tarde, centrada en las causas de su desaparición, su regreso, su impacto real sobre el ganado y la fauna salvaje, y las perspectivas para Bélgica.

El objetivo es claro. Explicar antes de que el animal llegue de forma estable. Porque la aceptación social puede ser tan importante como el bosque, las presas o los corredores ecológicos.

En el fondo, el lince está poniendo a prueba nuestra forma de mirar la naturaleza. No viene a ocupar un espacio extraño. Vuelve, poco a poco, a un territorio del que desapareció hace siglos.

El comunicado oficial ha sido publicado en Natagora.

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