Científicos están recogiendo el esperma de más de 600 abejas en un intento por salvar la especie del ácaro varroa, un peligroso parásito que está acabando con estos insectos

Científicos están recogiendo el esperma de más de 600 abejas en un intento por salvar la especie del ácaro varroa, un peligroso parásito que está acabando con estos insectos

No es una escena habitual. En el lago Offensee, en la región austriaca del Salzkammergut, se está recogiendo semen de 600 zánganos para enviarlo a Australia, donde la apicultura busca nuevas armas frente a la varroa. La idea es sencilla de contar, pero compleja de hacer, usar genética de abejas mejor preparadas para criar colonias más resistentes.

Detrás de este movimiento hay un problema que ya no es lejano para los apicultores australianos. La varroa fue detectada en junio de 2022 en Nueva Gales del Sur y, tras 14 meses de respuesta de emergencia, las autoridades reconocieron en septiembre de 2023 que erradicarla ya no era posible. Ahora toca convivir con ella, controlarla y evitar que arrase colmenas. Y ahí entra en juego la genética.

La clave está en Offensee

Offensee no es un lugar cualquiera para criar abejas. La estación de cría está aislada y, según la información publicada, no hay otras colmenas alrededor en un radio mínimo de cuatro kilómetros. Eso reduce cruces no deseados y permite controlar mejor qué zánganos fecundan a las reinas jóvenes.

Herbert Vitzthum, presidente de la asociación regional de apicultores, lo resumió con una frase clara, «Así se puede criar allí de forma selectiva». No es un detalle menor, porque en la reproducción de las abejas la mezcla genética puede cambiar por completo el resultado de una línea de cría.

En total, se colocan 30 colonias de zánganos, cada una con entre 2000 y 3000 machos. Los apicultores llevan reinas jóvenes sin aparear y, para una reproducción adecuada, una reina necesita aproximadamente 15 zánganos. Cada dos semanas se retiran las reinas fecundadas y se introducen otras nuevas.

El enemigo se llama varroa

La varroa, cuyo nombre científico es Varroa destructor, es un parásito externo que ataca a la abeja melífera europea. En Australia está considerada una de las grandes amenazas para las abejas y para los sectores agrícolas que dependen de su polinización. No hablamos solo de miel. Hablamos también de comida en el supermercado.

El problema es que este ácaro no solo debilita a las abejas. También puede agravar la propagación de virus, entre ellos el virus de las alas deformadas, conocido como DWV. AgriFutures Australia advierte de que el semen de zángano importado puede ser una vía de riesgo si no está libre de virus, justo lo contrario de lo que se necesita en una emergencia sanitaria apícola.

Por eso la operación no va solo de enviar material genético de un continente a otro. Va de hacerlo con controles, con pruebas y con una selección muy fina. Una colmena fuerte puede parecer tranquila desde fuera, pero por dentro la varroa trabaja rápido. Y eso se nota.

Qué buscan los criadores

El objetivo de Offensee es criar abejas con rasgos de higiene sensible a la varroa, conocida como VSH por sus siglas en inglés. En la práctica, esto significa que las obreras son capaces de detectar cría infestada, abrir esas celdas y retirar las pupas afectadas antes de que el ácaro complete su ciclo.

No es una abeja invencible. Es más bien una abeja con mejores herramientas para defender la colmena desde dentro. El propio OÖ Landesverband für Bienenzucht explica que el proyecto de Offensee se centra en criar reinas cuyas descendientes puedan reconocer y eliminar cría afectada, además de trabajar con colonias paternas sometidas a pruebas de virus.

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Esto encaja con una tendencia que ya se ve en la apicultura moderna. Menos dependencia de tratamientos químicos, más selección genética y más vigilancia sanitaria. Suena técnico, pero para el apicultor de a pie se traduce en algo muy concreto, colmenas que aguanten mejor y menos pérdidas al final de la temporada.

Por qué Australia mira tan lejos

Australia tiene mucho en juego. Su propia administración agrícola calcula que la industria de la abeja melífera supera los 14 000 millones de dólares anuales y recuerda que alrededor del 35 % de sus cultivos necesitan abejas para la polinización. Hasta el 75 % de los cultivos se benefician de ellas.

Almendras, aguacates, arándanos, pepinos, mangos, manzanas o calabazas dependen en mayor o menor medida de ese trabajo silencioso. Es el típico servicio que no se ve hasta que empieza a fallar. Entonces el problema deja de ser de los apicultores y pasa a tocar a agricultores, consumidores y precios.

La investigadora australiana vinculada a esta vía es Jody Gerdts, fundadora y directora de Bee Scientifics, una empresa de Victoria especializada en cría de abejas. La presentación de Offensee señala que el plan pasa por incorporar los rasgos de resistencia desarrollados allí a su propio material de cría en Australia.

El punto delicado

Importar semen puede parecer más seguro que mover abejas vivas, pero no elimina todos los riesgos. AgriFutures Australia señala que existe un interés creciente por traer genética de abejas desde el extranjero para mejorar la resistencia a la varroa, aunque encontrar semen libre de virus sigue siendo uno de los grandes retos.

El DWV preocupa especialmente porque, según esa misma fuente, no se ha detectado en Australia. Por eso el CSIRO y otros socios trabajan en entender mejor cómo se transmite el virus a través del semen y qué umbrales podrían considerarse seguros. Aquí no basta con que la genética sea buena. También tiene que llegar limpia.

Ese equilibrio es la parte menos visible de la noticia. Por un lado, Australia necesita acelerar la adaptación de sus abejas. Por otro, no puede abrir una puerta a enfermedades que podrían empeorar todavía más el escenario. El reloj corre, pero la bioseguridad no admite atajos.

Lo que viene ahora

El envío de semen de zánganos desde el Salzkammergut no resolverá por sí solo la crisis de la varroa. La cría selectiva necesita generaciones, pruebas de campo y seguimiento constante. Aun así, puede ser una pieza importante dentro de una estrategia más amplia, junto con vigilancia, manejo de colmenas y tratamientos cuando sean necesarios.

Si estas líneas logran mantener buenas características de producción y, al mismo tiempo, mejorar la respuesta frente al ácaro, Australia ganaría margen. No sería una solución mágica, pero sí una herramienta más para que las colmenas no dependan únicamente de productos contra la varroa. En apicultura, como en tantas cosas del campo, sumar pequeñas ventajas puede marcar la diferencia.

La presentación oficial de la reapertura y del proyecto de cría VSH en la Belegstelle Offensee ha sido publicada por el OÖ Landesverband für Bienenzucht.

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