Los científicos desconcertados tras confirmar que la energía eólica flotante es capaz de regenerar los ecosistemas y favorecer la presencia de nuevas especies

Los científicos desconcertados tras confirmar que la energía eólica flotante es capaz de regenerar los ecosistemas y favorecer la presencia de nuevas especies

La energía eólica marina flotante acaba de recibir una señal importante desde el Atlántico portugués. Un estudio ambiental sobre WindFloat Atlantic, situado frente a Viana do Castelo, concluye que este parque no ha alterado el funcionamiento general del ecosistema marino y que, en algunos grupos, la vida parece haber aumentado dentro de la zona del proyecto.

No es poca cosa. Durante años, una de las grandes dudas sobre los aerogeneradores en el mar ha sido si podían convivir con peces, aves, cetáceos y otras especies sin causar un daño grave. Ahora, tras años de seguimiento, los datos apuntan a una respuesta con matices, pero bastante clara. La eólica flotante puede generar electricidad limpia y, bien controlada, también puede crear refugios locales para la biodiversidad.

Un parque pionero

WindFloat Atlantic es un parque eólico marino flotante de 25 MW que opera desde septiembre de 2020 a unos 18 kilómetros de la costa de Viana do Castelo, en aguas de entre 95 y 100 metros de profundidad. Según el resumen técnico, ya ha generado alrededor de 345 GWh de electricidad renovable.

El proyecto está desarrollado y operado por Ocean Winds, una empresa conjunta de EDP Renewables y ENGIE. La propia compañía presentó los resultados en el evento WindEurope Annual Event 2026, destacando que el seguimiento ambiental se ha extendido durante ocho años y que incluye estudios más allá de las obligaciones regulatorias.

Aquí está la clave. No se trata solo de colocar aerogeneradores en el mar y mirar hacia otro lado. El trabajo comparó la zona del parque con áreas de control cercanas, antes y después de la operación, para ver qué cambiaba realmente bajo el agua.

Qué encontraron

Los investigadores analizaron plancton, peces, pulpos, invertebrados, mamíferos marinos, aves marinas y murciélagos. También midieron calidad del agua y ruido submarino, porque el mar no se entiende mirando una sola pieza. Todo está conectado.

El resultado principal es llamativo. El plancton, que está en la base de la cadena alimentaria marina, no mostró diferencias significativas entre la zona del parque y las áreas de control. En la práctica, esto significa que la base del ecosistema no parece haberse visto alterada por la presencia de las turbinas.

La historia cambia cuando se mira a peces y pulpos. La abundancia y la biomasa de peces fueron más altas dentro del área de WindFloat Atlantic, y el pulpo también mostró valores superiores en la zona del parque. Para cualquiera que haya visto un puerto pesquero en plena actividad, esta parte del estudio tiene mucho peso.

El efecto refugio

¿Por qué ocurre esto? El informe apunta a dos ideas sencillas. La primera es la zona con restricciones de pesca. Al reducirse la presión pesquera, algunas especies encuentran un espacio más tranquilo para alimentarse, crecer y reproducirse.

La segunda es el llamado «efecto arrecife«. Las plataformas flotantes y sus estructuras añaden superficies duras en un entorno donde predominan fondos blandos. Ahí pueden instalarse mejillones, percebes, algas y otros organismos, que a su vez atraen a especies más grandes. Es como si una estructura artificial acabara funcionando, en parte, como un pequeño barrio submarino.

Eso sí, el informe no lo vende como una victoria automática. También advierte de que estas estructuras pueden facilitar la llegada de especies no nativas. En WindFloat Atlantic se detectaron siete especies de este tipo y el alga wakame aumentó en los dos últimos años de seguimiento, por lo que seguirá bajo vigilancia.

Delfines, aves y murciélagos

El seguimiento registró cinco especies de mamíferos marinos, con el delfín común como la especie observada con más frecuencia. Los datos acústicos indican una mayor actividad de algunos cetáceos dentro del área del parque, aunque las marsopas se detectaron más en zonas próximas fuera del área de influencia. Es un matiz importante.

En aves marinas, el estudio registró 33 especies. No se detectó mortalidad por colisión dentro de la zona de impacto, aunque el modelo de riesgo identificó algunas especies que vuelan a alturas más comprometidas, como grandes gaviotas y el alcatraz atlántico. Por eso, aunque el resultado es positivo, el seguimiento no puede relajarse.

En murciélagos, la actividad fue baja y vinculada a periodos migratorios. El informe señala que las turbinas podrían actuar como referencias visuales en el paisaje marino, pero no parecen utilizarse como refugio ni como zona de alimentación.

Lo que dicen los expertos

Teresa Simas, directora ejecutiva de Blue Grid, afirmó que el programa de seguimiento de WindFloat Atlantic aporta pruebas valiosas de que el proyecto genera «resultados medibles» en servicios ecosistémicos, entre ellos una mayor abundancia de peces e invertebrados por los efectos de arrecife y refugio.

Lino Costa y Bernardo Quintella, investigadores de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Lisboa, señalaron que el seguimiento ha sido una oportunidad para conocer mejor el ecosistema marino del norte de Portugal y entender cómo conciliar la eólica flotante con la conservación de la biodiversidad y la pesca.

Catarina Rei, directora de Permisos y Medio Ambiente de Ocean Winds, añadió que los resultados ofrecen una evidencia basada en datos de que la eólica marina flotante puede coexistir con la biodiversidad e incluso crear efectos ecológicos positivos a escala local.

Una señal para la transición energética

La conclusión no es que todos los parques eólicos marinos vayan a mejorar automáticamente el ecosistema. Sería exagerar. Lo que muestra este caso es que, con seguimiento continuo, buena planificación y zonas bien elegidas, la transición energética puede reducir emisiones sin dar la espalda al océano.

Y ahí está lo más importante. La energía limpia no solo se mide en megavatios o en toneladas de CO2 evitadas. También se mide en cómo convive con la vida que ya estaba allí antes de que llegaran las máquinas. En WindFloat Atlantic, por ahora, los datos apuntan a una convivencia más prometedora de lo que muchos esperaban.

El resumen no técnico del estudio ha sido publicado por WindFloat Atlantic y Ocean Winds.

Referncia de contenido aquí