La crisis climática no solo empuja a los animales a moverse. También está moviendo el mapa de las plantas, aunque de una forma mucho más silenciosa. Un nuevo estudio de la Universidad de California en Davis, publicado en Science, calcula que entre el 7% y el 16% de las especies vegetales analizadas podría perder más del 90% de su área de distribución antes de final de siglo.
La conclusión más incómoda es que no basta con que las plantas «huyan» hacia zonas más frescas o húmedas. Según el modelo, el problema de fondo es que muchos de los lugares donde podrían vivir dejarán de existir como refugio climático. Es decir, el viaje puede estar abierto, pero el destino se está borrando.
Un mapa vegetal bajo presión
El trabajo analizó 67.664 especies de plantas vasculares, alrededor del 18% de la flora mundial conocida, y proyectó su distribución hasta el periodo 2081-2100 bajo distintos escenarios de gases de efecto invernadero. La cifra no es una sentencia fija, pero sí una advertencia muy seria.
En la práctica, los investigadores miraron dónde vive hoy cada especie y qué zonas seguirían teniendo un clima compatible cuando avance el calentamiento. Esa pregunta parece sencilla, pero toca algo básico. Una semilla puede viajar, por viento, agua, aves o mamíferos, pero no puede crecer si al llegar encuentra demasiado calor, falta de agua o estaciones cambiadas.
Xiaoli Dong, autora sénior y profesora asociada de la UC Davis, resume el hallazgo con una frase directa. La causa de la extinción «no es que las plantas no se muevan lo bastante rápido», sino la pérdida de hábitat adecuado hacia final de siglo. Y eso cambia bastante la forma de mirar el problema.
La extinción no siempre empieza con una planta muerta
Perder más del 90% del área de distribución no significa que una especie desaparezca de golpe al día siguiente. Pero sí la deja en una situación muy delicada, con poblaciones más pequeñas, más aisladas y más expuestas a sequías, incendios, plagas o cambios en el suelo. No es poca cosa.
En un jardín o en un bosque cercano, el cambio puede parecer gradual. Primero unas plantas florecen antes, otras se secan antes del verano y algunas nuevas empiezan a aparecer. Pero a escala planetaria, esos pequeños cambios pueden sumar una gran pérdida de linajes enteros.
El estudio apunta a zonas con un riesgo especialmente alto, como el sur de Europa, el oeste de Estados Unidos y el sur de Australia. En regiones mediterráneas, donde la sequía ya es una vecina conocida, el margen de adaptación puede estrecharse mucho más.
Algunos lugares ganarán especies
Aquí aparece una paradoja. El estudio calcula que alrededor del 28% de la superficie terrestre podría aumentar su riqueza local de especies a medida que algunas plantas se muevan hacia zonas más favorables. A primera vista suena bien. Pero no lo es tanto.
Que un lugar tenga más especies juntas no compensa que el planeta pierda diversidad global. Es como llenar una estantería con libros nuevos mientras desaparecen bibliotecas enteras. Puede haber más mezcla en algunos puntos, pero menos historia viva en el conjunto.
Las zonas con posibles ganancias se concentran sobre todo en regiones húmedas o que podrían volverse más húmedas, como el este de Estados Unidos, India, el sudeste asiático y el sur de Sudamérica. En cambio, buena parte de Europa, Australia y el oeste estadounidense se perfilan como territorios de pérdida, según explicó la primera autora, Junna Wang, ahora investigadora posdoctoral en Yale.
Eucaliptos y plantas antiquísimas
Los ejemplos elegidos por los autores ayudan a entender la escala real. No hablamos solo de plantas raras con nombres difíciles. Entre las afectadas aparecen eucaliptos de Australia, un género clave para la biodiversidad, la cultura indígena y la industria maderera, y que cubre cerca de tres cuartas partes de los bosques nativos del continente.
También se menciona Selaginella, un linaje de plantas vasculares con más de 400 millones de años de historia evolutiva. Eso significa que algunas de estas plantas arrastran una memoria biológica muchísimo más antigua que los mamíferos modernos. Perderlas sería borrar páginas enteras de la historia natural de la Tierra.
La vida vegetal sostiene mucho más de lo que vemos. Da alimento, refugio, sombra, madera, medicinas, suelo fértil y equilibrio a ecosistemas completos. Cuando cambia el mapa de las plantas, también cambia el de los insectos, las aves y los pequeños mamíferos que dependen de ellas.
Migrar no basta
Durante años, una de las ideas más repetidas ha sido ayudar a las especies a desplazarse. Es lo que se conoce como migración asistida, una intervención humana para llevar plantas a zonas donde podrían sobrevivir mejor. En algunos casos puede ser útil. Pero este estudio avisa de que no será suficiente por sí sola.
¿Por qué? Porque si el calentamiento elimina los climas compatibles, mover semillas o ejemplares no arregla el problema de fondo. Sería como cambiar una maceta de sitio dentro de una casa cada vez más caliente. Puedes ganar tiempo, pero no resolver la causa.
Por eso los autores ponen el foco en una estrategia más amplia. Reducir emisiones aparece como la medida más importante para bajar el riesgo de extinción, junto con restaurar ecosistemas, proteger refugios climáticos, reforzar bancos de semillas y mantener jardines botánicos capaces de guardar diversidad genética.
Una conservación diferente
El mensaje final no es que todo esté perdido. De hecho, el propio rango del 7% al 16% muestra que las decisiones importan. Un mundo que reduzca antes sus emisiones no tendrá el mismo futuro vegetal que uno que siga calentándose sin control.
También obliga a pensar la conservación de otra manera. Durante mucho tiempo se ha intentado proteger la naturaleza como si pudiera mantenerse quieta, casi como una foto antigua. Pero el clima está moviendo las piezas. «Las cosas van a cambiar», advirtió Dong, y eso implica aceptar que surgirán encuentros nuevos entre especies que antes no compartían territorio.
La pregunta es si esos cambios se harán con margen o a golpes. Con refugios climáticos protegidos, suelos sanos y menos emisiones, muchas especies tendrán más opciones. Sin eso, el reloj correrá demasiado rápido. Y en la naturaleza, como en nuestra vida diaria cuando llega una ola de calor, no todos encuentran sombra a tiempo.
El estudio ha sido publicado en la revista Science.
