Revolución en el sector agrícola: transforman la lana de ovejas en un aislante natural para casas capaz de reducir un 50% la factura de la luz

Revolución en el sector agrícola: transforman la lana de ovejas en un aislante natural para casas capaz de reducir un 50% la factura de la luz

Cuando el frío aprieta, casi todo se resume en usar más leña, más gas o más electricidad. En Trelew (Chubut), una cooperativa está intentando romper esa rueda con un material que durante años se consideró poco más que un estorbo, la lana de oveja sin salida en la industria textil.

La idea es tan simple como potente. Convertir ese descarte en aislante para viviendas, reducir el consumo energético y dar valor a la producción rural. ¿Traducción práctica? Menos calor que se escapa por paredes y techos. Y eso se nota.

De residuo a recurso

Parte de la lana que se esquila no tiene mercado textil y, en zonas rurales, puede terminar quemada o en basurales. La propia Cooperativa Lanera Trelew lo resume así, “transformamos lo que antes era un desecho agroindustrial que terminaba quemado o en basurales, en un biomaterial de alto valor agregado”.

En ese contexto, la cooperativa (nacida tras la quiebra de Lanera Austral) ha encontrado un nuevo camino. Según recoge Diario Río Negro, hoy procesa alrededor del 95% de la lana del país y busca que ese volumen también sirva para construir mejor.

El giro en Chile

En 2022, en un encuentro en Chile sobre usos alternativos de la lana, el ingeniero Rubén Contreras escuchó que faltaba materia prima para escalar proyectos de bioconstrucción. Su reacción fue inmediata, “en ese instante decidí cambiar el discurso, reformularlo”.

La propuesta era clara, la lana estaba al otro lado de la cordillera, en una planta cooperativa con capacidad de procesarla. De ahí nació el Proyecto LanArq Patagónico, una alianza binacional que ya mostró resultados con el Refugio Chechenko en Chile Chico (Región de Aysén).

Paneles de lana

El sistema se basa en wood frame, una construcción en seco con estructura de madera, y cambia el material aislante del interior del panel. En lugar de rellenos sintéticos, se usa lana de oveja.

La cooperativa fabrica paneles en Chubut y los monta en obra, lo que permite ir más rápido que con una obra tradicional. En el proyecto hablan de viviendas listas en unos 45 días, una cifra que, como siempre, depende del diseño y del ritmo de montaje.

Ahorro en calefacción

Aquí está el “gancho” principal. Los socios chilenos compartieron con la cooperativa que, en el sur de Chile, estas viviendas podían demandar un 40% menos de leña que las tradicionales.

El coste inicial puede ser más alto, Diario Río Negro lo sitúa entre un 10% y un 15% por encima de algunos sistemas sintéticos. A cambio, el mismo medio habla de ahorros máximos de “hasta un 50%” en energía total (calefacción y refrigeración) y de “hasta un 70%” en calefacción en determinados diseños y climas.

Dicho de otra forma, pagas más al principio, pero puedes pagar menos cada mes. Sobre todo cuando el invierno se alarga.

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Datos medidos

No es solo una intuición “verde”. En una nota oficial del Gobierno argentino, técnicos del INTA, del INTI y de la Universidad Nacional del Comahue explican que este tipo de aislamiento puede lograr ahorros energéticos “en el orden del 30%”.

En esa misma publicación, el investigador Lucas Zanovello aporta cifras concretas. Para el techo se plantea aplicar 5 centímetros de aislante (aprox. 1,1 kg de lana por metro cuadrado) y se cita una conductividad térmica en torno a 0,038 W/m·K, comparable a materiales como el poliestireno expandido.

Y un estudio presentado en ENCAC/ELAC 2025 midió mantos de lana sin valor textil con ensayos del INTI y obtuvo conductividades entre 0,0337 y 0,0457 W/m·K. Es decir, valores competitivos frente a aislantes convencionales, al menos en laboratorio.

Humedad y aire

En climas fríos, el problema no siempre es solo el frío. También aparece la condensación y, con ella, el moho. Por eso el proyecto insiste en una ventaja de la lana, su capacidad de absorber y liberar humedad sin perder propiedades térmicas.

Más allá del caso patagónico, un artículo de 2025 en la revista Indoor Environments comparó una cabina con materiales basados en lana frente a otra con materiales sintéticos y observó una humedad relativa más estable y una mejor percepción de confort. Eso sí, el propio trabajo señala que la relación entre lana y niveles de CO2 necesita más investigación.

Fuego y plagas

La pregunta es inevitable, “vale, pero ¿y si hay un incendio?” Según Diario Río Negro, la lana se trata con sal de bórax (sales de boro), lo que ayuda a proteger frente a plagas como la polilla y mejora la resistencia al fuego, con una resistencia certificada de 54 minutos.

En proyectos anteriores impulsados por el INTA también se describe un proceso de lavado e impregnación con sales de boro, además del cardado y el afieltrado para formar mantos. Aquí el detalle importa, porque el tratamiento y la instalación marcan el rendimiento final.

Medir y escalar

El objetivo no es solo construir refugios piloto. Es llegar a más viviendas y demostrar con datos qué ahorro real se consigue en cada zona, algo clave cuando hablamos de calefacción durante meses.

En Argentina se está impulsando el etiquetado de eficiencia energética de viviendas (de la A a la G) para comparar consumos por metro cuadrado y año, con variables como calefacción, refrigeración, iluminación y agua caliente. Este tipo de marco ayuda a poner números a lo que, si no, se queda en promesas. Si quieres ver el dato en papel, no solo el testimonio, existe una evaluación reciente en laboratorio.

 El estudio más reciente que ha evaluado el desempeño térmico de mantos aislantes fabricados con lana sin valor textil se ha publicado en las actas del ENCAC/ELAC 2025.

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