Minería: especialista resalta el uso de la tecnología para combatir la fatiga

 “No adoptar tecnologías avanzadas en industrias de alto riesgo no es un ahorro; es una apuesta de juego donde la moneda de cambio es la vida de las personas”, sostuvo Walter Muñoz, presidente de la Corporación Nacional de Emergencias Mineras y vicepresidente de Cámara Minera de Chile.

El presidente de la Corporación Nacional de Emergencias Mineras y vicepresidente de la Cámara Minera de Chile, Walter Muñoz, advirtió que la fatiga continúa siendo uno de los principales factores de riesgo en la industria extractiva, pese a los avances en seguridad. Así lo señaló en una entrevista en El Periodista, donde abordó los desafíos pendientes en prevención de accidentes.

“A pesar de décadas de avances en ingeniería, protocolos de seguridad y normativas internacionales, hay un enemigo que sigue burlando todos los controles en la industria: la fatiga. No es un fenómeno nuevo, pero sigue siendo el factor detrás de la mayoría de los accidentes catastróficos en minería y transporte”, afirmó.

El ingeniero sostuvo que el problema persiste porque suele abordarse de forma incorrecta. “La respuesta no está en la falta de café, sino en tres causas raíz que las organizaciones suelen ignorar”, indicó. Entre ellas, mencionó la normalización del agotamiento: “Hemos construido una cultura laboral que romantiza el sobreesfuerzo. En muchas industrias, el ‘estar cansado’ se porta como una medalla de compromiso en lugar de una señal de peligro”.

Asimismo, apuntó a una contradicción estructural entre los sistemas laborales y la biología humana. “Vivimos en una economía de 24/7, pero nuestra biología sigue siendo la de hace miles de años. Los sistemas de turnos rotativos y las jornadas extensas a menudo chocan frontalmente con los ritmos circadianos”, explicó.

Muñoz también advirtió sobre la brecha entre la normativa y la realidad operacional. “La fatiga es difícil de fiscalizar porque es invisible hasta que ocurre el desastre. Sin herramientas de monitoreo en tiempo real y, sobre todo, sin una cultura donde detener la operación por cansancio sea respaldado, las normativas seguirán siendo letra muerta”, señaló.

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La tecnología como “reductor  significativo” de los incidentes

En ese contexto, destacó el rol de la tecnología en la prevención de accidentes. Según indicó, el uso de sensores, cámaras e inteligencia artificial ha demostrado reducir significativamente los incidentes asociados a la somnolencia. “La evidencia en sectores de transporte y minería es irrefutable. El uso de sensores infrarrojos y cámaras de fatiga (…) ha demostrado reducir los accidentes por somnolencia en más de un 60% en flotas de alto tonelaje”, afirmó.

Agregó que “la Inteligencia Artificial ha permitido pasar de saber ‘por qué chocamos’ a ‘cuándo es probable que choquemos’”, gracias al cruce de datos operacionales y biométricos. No obstante, enfatizó que el principal obstáculo no es técnico: “El problema no es la falta de tecnología, es la decisión de usarla para no lamentar una tragedia evitable”.

Respecto del debate sobre privacidad, Muñoz planteó que no existe una contradicción inevitable entre seguridad y resguardo de datos. “Esta es una falsa dicotomía”, sostuvo, agregando que el equilibrio requiere reglas claras. 

“La privacidad se respeta cuando el dato tiene una fecha de vencimiento y un uso exclusivo (…). La confianza no se impone por contrato, se gana demostrando que la empresa es un custodio ético de la información”, explicó.

Finalmente, advirtió sobre los riesgos de no incorporar estas herramientas en la industria. “No adoptar tecnologías avanzadas en industrias de alto riesgo no es un ahorro; es una apuesta de juego donde la moneda de cambio es la vida de las personas y la viabilidad del negocio”, afirmó.

En cuanto al factor humano, subrayó que sigue siendo clave en la toma de decisiones. “La verdadera garantía de la seguridad no es el sensor más caro ni el algoritmo, sino el control del factor humano”, concluyó, advirtiendo además que una mala implementación tecnológica puede generar rechazo y nuevos riesgos si no se acompaña de inversión en capital humano.