El plan de Australia para guardar energía en cuevas gigantescas que cambiará el mapa del hidrógeno

El plan de Australia para guardar energía en cuevas gigantescas que cambiará el mapa del hidrógeno

Bajo las llanuras áridas de Queensland, geólogos australianos han perforado más de 3 kilómetros de profundidad en la cuenca de Adavale. Quieren saber si un antiguo depósito de sal puede convertirse en una enorme batería de hidrógeno para guardar la energía solar y eólica que hoy se desperdicia cuando la red no la necesita.

El sondeo ha alcanzado los 3.023 metros y ha recuperado 976 metros de testigo continuo, además de numerosas muestras de roca y agua. El objetivo es caracterizar el Boree Salt, la única acumulación de sal de roca conocida en el este de Australia lo bastante gruesa como para tallar cavernas donde almacenar hidrógeno o aire comprimido durante largos periodos.

Según los cálculos iniciales, una sola de esas cavernas podría albergar 6.000 toneladas de hidrógeno, equivalentes a 100 gigavatios hora de energía, parecido a juntar 50 de las mayores baterías en un único «depósito» subterráneo. El geocientífico Mark Bunch, de la Universidad de Adelaida, estima que unas pocas cavernas bastarían para cubrir un día de consumo de unos 20 millones de hogares.

Hoy el almacenamiento se apoya sobre todo en baterías de ion litio y en embalses de bombeo. Las cavernas salinas permiten trabajar con volúmenes enormes y duraciones mucho mayores. En lugares como Teesside, en el Reino Unido, o en el proyecto Advanced Clean Energy Storage de Utah ya se usan o se preparan cavidades de sal para guardar hidrógeno a gran escala con costes inferiores a las baterías de superficie.

En Adavale la geología acompaña. Un estudio de 2023 de Geoscience Australia indica que el Boree Salt está formado casi por completo por halita, con 540 metros de espesor neto y buenas propiedades de sellado. Ese trabajo plantea una caverna cilíndrica de unos 60 metros de diámetro situada en profundidad, capaz de almacenar del orden de miles de toneladas de hidrógeno, aunque por ahora sigue siendo solo un diseño sobre el papel.

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El punto sensible está en el agua. La cuenca de Adavale se encuentra justo debajo de la Gran Cuenca Artesiana, un acuífero que abastece de agua dulce a unas 180.000 personas. Alcaldes y vecinos de localidades como Blackall o Quilpie reclaman aplicar el principio de precaución y pruebas de que la inyección y extracción de gas no alterará las presiones del sistema del que dependen la vida diaria y la ganadería.

Los especialistas recuerdan que la sal se comporta como un material plástico que tiende a fluir y cerrar fracturas, lo que ayuda a confinar el gas por debajo de las aguas potables. Aun así, insisten en que el diseño, las presiones y la vigilancia de los acuíferos tendrán que ser muy estrictos antes de hablar de proyectos comerciales.

La perforación récord ya ha concluido y el sondeo se ha sellado. Ahora los laboratorios analizan los testigos de roca y las muestras de agua para mejorar los modelos de la cuenca y evaluar impactos potenciales. Geoscience Australia prevé publicar los primeros resultados en 2026 y, a partir de ahí, cualquier desarrollo quedará en manos de la industria y de los reguladores.

Para la transición ecológica, el mensaje de fondo es doble. Si estas cavernas se demuestran seguras y competitivas, podrían complementar a las baterías de superficie y alargar el efecto de cada kilovatio hora renovable. Si no lo son, el proyecto al menos dejará un conocimiento más detallado de un acuífero estratégico y de un subsuelo rico en minerales para tecnologías limpias.

La nota de prensa oficial sobre esta campaña de perforación profunda ha sido publicada en Geoscience Australia.

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