Hace unos 20.000 años, durante el Último Máximo Glacial, España —entonces la Península Ibérica— era un territorio radicalmente distinto al que conocemos hoy. Los glaciares llegaban hasta cotas sorprendentemente bajas, el clima era mucho más frío y seco, y los primeros humanos modernos convivían con especies hoy desaparecidas. Este periodo clave de la prehistoria ibérica no solo moldeó el paisaje, sino también la forma de vida de los grupos humanos que lo habitaron.
Un clima extremo: hielo en el norte, estepas en el sur
Durante la última Edad del Hielo, la temperatura media anual en gran parte de la península podía ser hasta 10 °C más baja que la actual. El norte estaba dominado por enormes glaciares que descendían de los Pirineos, la Cordillera Cantábrica y el Sistema Central. En Sierra Nevada y Gredos existían glaciares permanentes similares a los actuales de los Alpes.
El resto del territorio no era una gran tundra nevada —como suele imaginarse— sino un mosaico de estepas frías, muy parecidas a las de Mongolia o Siberia. Estas estepas proporcionaban alimento a una megafauna hoy desaparecida.
Una megafauna sorprendente: mamuts, rinocerontes lanudos y bisontes
La Península Ibérica fue uno de los refugios climáticos más importantes de Europa. Aquí sobrevivieron especies que en otros lugares del continente desaparecieron.
Entre ellas destacaban:
-Mamuts lanudos
-Rinocerontes lanudos
-Bisontes esteparios
-Caballos salvajes
-Rebaños de renos
-Leones cavernarios y osos de las cavernas, hoy extintos
-Hienas y lobos, que competían con los humanos por el territorio
Restos arqueológicos en cuevas como Altamira, El Castillo o Tito Bustillo muestran la importancia de estos animales para los grupos humanos del momento, tanto en su economía como en su simbología.
(Foto: Wikimedia Commons)
Hogares prehistóricos: así vivían los habitantes de la península
Las condiciones climáticas extremas obligaron a los Homo sapiens a organizarse en grupos pequeños y nómadas. Preferían refugiarse en cuevas, muchas de las cuales se han convertido hoy en yacimientos de relevancia mundial.
Los habitantes de la península elaboraban:
-Utensilios de sílex extremadamente precisos
-Ropa confeccionada con cuero
-Fogones controlados para superar inviernos intensos
-Arte rupestre, destacando el estilo franco-cantábrico
De hecho, la Península Ibérica fue uno de los últimos refugios humanos durante la glaciación, lo que explica la enorme riqueza cultural encontrada en sus cuevas.
Una península dividida en dos mundos
Durante el Último Máximo Glacial, España podía dividirse en dos grandes regiones climáticas:
-El norte glaciar
Dominado por paisajes alpinos, glaciares, y bosques ralos de coníferas.
-El sur estepario
Más seco, con grandes llanuras donde migraban enormes manadas de herbívoros.
Esta división marcó de forma decisiva la movilidad de los grupos humanos, que seguían a los animales estacionales en su búsqueda de alimento.
El final de la Edad del Hielo: un cambio radical
Hace aproximadamente 12.000 años, el planeta inició un rápido calentamiento. Los glaciares retrocedieron, aparecieron los bosques y muchas de las especies emblemáticas —como el mamut y el rinoceronte lanudo— desaparecieron para siempre.
La Península Ibérica se transformó entonces en un corredor biológico hacia Europa, permitiendo que muchas especies se expandieran hacia el norte cuando el hielo retrocedió.
Por qué España fue clave durante la Edad del Hielo
Los científicos consideran a la Península Ibérica uno de los refugios biológicos y humanos más importantes de Europa durante las glaciaciones. Desde aquí, tanto animales como poblaciones humanas repoblaron el continente cuando el clima mejoró.
El ADN de muchos europeos actuales muestra precisamente huellas genéticas que apuntan a este origen ibérico durante los periodos más fríos.
