Hidrógeno verde: el desafío de avanzar sin frenar la inversión

El desarrollo del hidrógeno verde en Chile vuelve a estar en el centro del debate sobre las oportunidades de crecimiento en el país. En una reciente columna publicada en  la página web del centro de incidencia pública Pivotes, el ingeniero, divulgador científico y escritor Joaquín Barañao advirtió que, pese al entusiasmo, “no le hemos ganado a nadie aún” en la carrera global por atraer inversiones en energías sostenibles

En su análisis, Barañao plantea que el país debe equilibrar la rigurosidad ambiental con una mayor eficiencia en sus procesos de evaluación, para no perder competitividad frente a otras regiones con condiciones similares. “Magallanes tiene buenas condiciones, sí, pero no es la única. Compite con los desiertos soleados y las llanuras ventosas de otros países”, señaló, aludiendo a la necesidad de hacer más ágil la tramitación sin sacrificar estándares.

El columnista cuestionó que algunos proyectos enfrenten procesos extensos y complejos, con cientos de observaciones por parte de distintas entidades públicas. “Nadie discute la necesidad de estándares ambientales exigentes. La pregunta es si podemos conciliarlos con un proceso menos costoso”, escribió, proponiendo que se definan con mayor claridad los organismos que deben intervenir.

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Un ejemplo de esta nueva generación de proyectos es INNA, de AES Andes, iniciativa que busca posicionarse como referente en la producción de hidrógeno y amoniaco verde bajo los más altos estándares internacionales. Su emplazamiento fue definido considerando variables ambientales, logísticas y técnicas que permitan un desarrollo responsable, con beneficios locales y aportes concretos a la transición energética del país.

La propuesta de Barañao coincide con la reflexión que se ha extendido entre actores del sector: Chile tiene ventajas naturales evidentes —vientos, radiación solar y estabilidad institucional—, pero aún necesita ajustar su marco regulatorio para transformar ese potencial en inversiones efectivas.

El desafío, concluye el autor, no está en relajar las exigencias, sino en enfocarlas. Un sistema más claro y eficiente permitiría que proyectos de energías limpias como INNA no solo cumplan con altos estándares ambientales, sino que también se concreten en Chile, generando empleo y desarrollo sostenible en los territorios donde se instalan.